NO SE LO DIGAS A MI MARIDO

Dentro del club londinense del sexo para mujeres maduras: "Haz lo que te apasiona"

El Skirt Club es un lugar para "la experimentación sexual" y "el empoderamiento de las mujeres" casadas y con hijos

Foto: Foto: iStock.
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Un grupo de mujeres adultas se reúnen en torno a un espumoso y refrescante vino de lujo. Es un pub a simple vista normal del norte de Londres, sin nada llamativo o reseñable. La luz tenue de unas cuantas bombillas repartidas por el techo y las lámparas antiguas de mesa barniza a la estancia de un color pasional e íntimo, tal y como muestra uno de los muchos vídeos que circulan por la red del evento. Sofás rojos y un piano de cola infunden a la escena un sentido de comodidad y esparcimiento pocas veces conocido. Charlan, ríen, beben y se enseñan fotos de sus respectivos hijos en el móvil. Hablan de sus maridos. Ellos nunca podrían entenderlo. Tienen la mente tan estrecha que jamás podrían comprenderlas.

Acaban de pasar un día duro en la oficina y están agotadas. Saben que la noche es joven, y un poco de diversión conseguirá que todo desemboque en una ceremonia de liberación sexual, casi espiritual. Van vestidas con ropa de calle, por su aspecto podríamos decir que acaban de salir de la típica y tediosa reunión mensual con el profesor de sus hijos. Son mujeres hechas a sí mismas, madres responsables con trabajo y en una buena posición económica. Pero la apariencia nunca fue sincera, ni mucho menos. Horas después, proceden a desprenderse del agobio de sus abrigos y prendas para lucir sus cuerpos. Se muestran los cuerpos una a una, activando el deseo siempre incontenible e impetuoso, dispuestas a entrar en acción.

El placer de la experimentación

"El Skirt Club es una comunidad clandestina creada para chicas que juegan con otras chicas" resume a la hora de describirlo Geneviève LeJeune, la directora y fundadora del club, en una entrevista para 'Luna Luna'. "Nuestro club es privado y los miembros son aceptados por un estricto comité", reza la presentación de la página web del sitio. Tanto en la teoría como en la práctica, el Skirt Club promueve el glamour y la sexualidad femenina a toda costa y lejos de los hombres. "El empoderamiento sexual no va de excitar a tu chico mientras te lo montas con otra chica", advierte LeJeune, en relación a su pasado dentro de una relación monógama con fiestas sexuales permitidas. "Se trata de hacer aquello que te apasiona y te excita".

Fundado en 2014 por y para mujeres, las fiestas del Skirt Club están diseñadas para facilitar una noche de experimentos sexuales consensuados, sin preguntas ni consecuencias de ningún tipo. "Fundé el Skirt Club debido a la ausencia de eventos de lujo para mujeres que desean explorar su sexualidad. En general, quería proporcionar un espacio seguro donde poder explorar de forma privada y sin presión", explica LeJeune.

Nos gustaría ser una red de mujeres elegantes, organizadas y preparadas para ser poderosas

Las sesiones se componen de dos tipos de actividades: un cocktail por la tarde para conocer a los demás miembros y, luego, la denominada 'experiencia del juego'. "Nos gustan las cosas finas: mobiliario suave, iluminación ambiental, champán y una conversación estimulante", informa LeJeune. "Nuestro deseo es construir una comunidad exclusivamente femenina para el empoderamiento y el descubrimiento sexual: una red de mujeres profesionales y con un interés común. Las mujeres más informadas y seguras tienen más éxito", admite.

Lejos de las apariencias, no se trata de un local para mantener sexo lésbico. "El propósito es que las chicas heterosexuales experimenten y que las bisexuales encuentren un hogar donde conocer a otras personas como ellas. Nos gustaría ser una red de mujeres elegantes, organizadas y preparadas para ser poderosas", subraya. La discreción lo es todo, así como la seguridad. Esta es la principal razón por la que no se invitan a hombres. Los miembros usan seudónimos a menudo y el chat del sitio web para estar en contacto.

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Una noche en el club

Georgette Culley, periodista en 'The Sun' ha pasado una noche con todas ellas.​ "Solo estoy aquí para investigar", afirma. "Todavía no me ha preguntado nadie qué es lo que hago para ganarme la vida". Una mujer observa cómo se desarrolla toda la escena mientras palpa la llave atada a su muñeca, una especie de pulsera que se entrega a las nuevas miembros para que las habituales sepan que es su primera vez y la reciban como es debido. Tras ellas, otro grupo juega al clásico 'juego de la botella' y lee poesía erótica. "Varias mujeres se fijan en mi corsé y dicen: 'Me encantan tus tetas'", narra Culley. "Por supuesto, los elogios tienen un claro propósito, conseguir que me lo quite".

Somos algo más que madres, amas de casa, jefas o empleadas. Solo se trata de escapar

"Encuentra a tu diosa interior y libera tu alter ego", le dice una de las chicas a otra. Son las ocho de la noche, y hay varias chicas reunidas en círculo. Si atendiéramos a la imaginación, ya que por problemas de logística y de tiempo no hemos visitado el lugar y en base a las descripciones de Culley,​ todas tienen entre 28 y 40 años. na mete relleno en su sujetador y le dice a otra, que la mira con cara extraña: "Todas lo hacemos pero a ninguna le gusta reconocerlo". Tras ella, una rubia yace desnuda sobre una alfombra de detalles florales y colores pardos. Estira los brazos, ofreciéndose al espectáculo de la lujuria. Una chica morena se acerca a ella y derrama tequila ahumado por sus pechos y muslos. El resto, acuden a la llamada y la rodean. Juntas lamen todo el líquido de su cuerpo e infringen pequeños mordiscos en su piel, que se contrae por el placer.

En la planta baja, suponemos que hay cinco mujeres se dan un baño. Se frotan los senos y se besan por todo el cuerpo, con el debido y consentido lingotazo a un champán de lujo. "Mi esposo cree que estoy en un fin de semana de spa con mis amigas", confiesa una de ellas. "Es una verdad a medias, supongo". "Es como '50 sombras de lesbianas'", ríe una de las asistentes tras hacer el guiño al famoso libro de E. L. James. "Algunas mujeres son lesbianas o bisexuales, pero la mayoría son heterosexuales en una relación con un hombre o casadas. Algunos sí que lo saben. La mayoría, no", relata otra.

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Estas veladas sexuales se celebran en lugares suntuosos, por lo general, áticos de moda o casas adosadas en zonas tranquilas y residenciales. "Solo se trata de escapar", explica una mujer, mientras lleva a una pelirroja desnuda atada hacia una de las camas. Según las descripciones de Culley, algunas de ellas van disfrazadas. Una bailarina de burlesque vestida de monja se desliza tras una puerta. Se detiene en el centro de la sala y se quita su traje de forma lenta y perezosa. Lleva un tanga ínfimo y gemas en los pezones. Otra aparece con un cuerno brillante de unicornio, muy apropiado en relación a la simbología sexual de la traición conyugal. "Se llama así porque es un rol mítico y mágico para quien esté dispuesta a cualquier cosa", defiende.

En un dormitorio de la planta baja, la periodista de 'The Sun', alrededor de una docena de mujeres se retuercen de placer cambiándose de sitio y alternando besos con caricias, más allá del gemido. Gritan de placer y de éxtasis, algo "muy liberador", según una voyeur que mira atentamente la escena. "Somos más que madres, amas de casa, jefas o empleadas", dice.

Alma, Corazón, Vida

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