PEQUEÑOS EMPERADORES

Así es la vida cotidiana de los profesores de élite: "Me apuntó con una pistola"

Ser profesor privado de familias millonarias en Gran Bretaña parece un deporte de riesgo a pesar de los salarios tan altos que pueden llegar a cobrar

Foto: Foto: iStock.
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Una mañana de verano, Nathaniel Hannan se despertó contrariado. Su vida como tutor privado había sido plácida hasta entonces, pero ese día todo cambiaría. Si alguien le hubiera avisado de lo que le iba a suceder, probablemente no se lo habría creído. Uno de sus alumnos, el benjamín de una familia millonaria de Nueva York, le estaba apuntando con un revólver Colt de seis balas. “Parecía fantasear con ser miembro de una pandilla callejera que busca venganza por una venta de drogas que salió mal”, dijo Hannan sobre el chico para un artículo de 'The Guardian'.

“Logré solventar la situación con la menor violencia posible. Agarré el cañón de la pistola, apunté hacia el techo y lo desarmé”. El niño, claramente, no estaba en su sano juicio y según Hannan, sufría algún tipo de trastorno mental. Pero, ¿de dónde había sacado la pistola? Más tarde, su padre reconoció que formaba parte de una colección de la caballería estadounidense que la familia atesoraba en su propia casa. Cuando Hannan le contó lo sucedido, el hombre “se encogió de hombros” y preguntó, irónicamente, si estaba dispuesto a “recibir un extra por combate”. El padre de la criatura finalmente decidió esconder sus armas de fuego por si a su niño se le volvía a ocurrir repetir semejante 'numerito', pero no lo castigó. Algunas semanas más tarde y a pesar de estar desprovisto de los revólveres, el chico volvió a amenazar a su tutor sosteniendo un cuchillo de cocina en su cuello.

Un alumno le apuntó con un cuchillo y la policía tuvo que esperar al profesor en la entrada de la casa para escoltarle hasta el aeropuerto

Hannan reconoce que esta experiencia es bastante atípica en la industria de los profesores privados para familias ricas de Gran Bretaña. Ya nunca más tuvo que lidiar con situaciones tan extremas. Aunque la mayoría de las familias que contratan tutores son padres de clase media, casi un cuarto de los profesores privados desempeñan su trabajo en hogares millonarios. Los salarios pueden ascender entre 50.000 y 70.000 libras al año (cerca de 67.681 euros). Hannan trabaja para la compañía Tutors International, con sede en Oxford. Su fundador, Adam Caller, confirma que sus empleados se han tenido que enfrentar a todo tipo de situaciones complicadas: alumnos que se autolesionan, que son abandonados o que no dejan de amenazar a sus tutores con usar la violencia.

Caller recuerda que una vez tuvo que intervenir y ayudar a uno de sus asalariados a salir de la casa donde trabajaba cuando su alumno le apuntó con un cuchillo. “Su padre no quiso reconocer que su hijo tenía un grave problema. Tuvimos que sacarle a hurtadillas de la casa mientras estaba en la panadería a la que iba todas las mañanas. La policía le esperó en la entrada y le escoltaron hasta el avión”, rememora.

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El síndrome del 'Niño Emperador'

Ser millonarios y tener a un 'pequeño Napoleón' por hijo nunca fue fácil de llevar. Precisamente, la raíz del problema quizá esté aquí, tal y como explica Adam Caller: “el mero hecho de que un matrimonio acumule tanta riqueza y privilegios puede ser la raíz de los problemas de sus hijos”, argumenta Caller. “Algunas de estas familias no funcionan bien porque son demasiado ricas. Por ejemplo, nunca tienen que sentir la prisa por coger un vuelo, ya que viajan en jet privado. Los niños crecen sin afrontar las consecuencias de su falta de responsabilidad”, explica. Algunos de ellos también sienten que “si se esfuerzan en algo, no lo harán mejor que si no lo hicieran”. En resumen, “no tienen ninguna razón por la que trabajar para conseguir algo”.

Esto también se muestra en la relación que los niños adquieren con su entorno. Uno de los perfiles presentes en un anuncio para este tipo de empleos habla sobre un niño japonés de 12 años cuya relación con sus padres se describe como “tóxica”. El anuncio dice así: “A menudo genera problemas entre él y sus compañeros de clase. Su acceso ilimitado a la riqueza familiar le ha hecho ser capaz de 'comprar amigos' y… no está claro si realmente tiene amigos. Con los años, el estudiante ha llegado a depender del dinero de su padre para resolver todo tipo de problemas”.

Dicho trabajo, con una remuneración de 216.000 libras (alrededor de 243.000 euros) supone mudarse con el niño a Estados Unidos y estar con él en todo momento. “El candidato seleccionado tendrá que trabajar como tutor, mentor, guía y amigo, y de alguna forma, también como padre sustituto”, reza el anuncio.

Una familia de millonarios dando un agradable paseo por el muelle. (iStock)
Una familia de millonarios dando un agradable paseo por el muelle. (iStock)

Un empleo lleno de demandas (y buen sueldo)

Vivir en uno de los países más globalizados del mundo como Gran Bretaña tiene sus pros y sus contras. En el caso de los profesores privados, todos son inconvenientes de cara a la educación de los hijos de familias ricas. Se les exige que dominen y enseñen de tres a cuatro idiomas: francés, ruso y hasta chino mandarín. Otras veces, los clientes demandan un cuidado especial para sus retoños, en el caso de que tengan alguna discapacidad mental. Por ejemplo, Hannan trabajó una vez con un joven heredero que había sufrido una lesión cerebral después de un accidente de motocicleta.

Caller cree que estos graves incidentes reflejan las demandas cada vez más complejas a las que se enfrentan los tutores. Y esto se ve reflejado en los grandes sueldos que cobran. Solo en los últimos cuatro meses, la compañía ha subido los salarios de sus trabajadores a más del doble.

El niño marihuano

Otra de las antiguas clientas de Hannan que no quiere ser nombrada, asegura que ella y su marido contrataron a un tutor para asesorar a su hijo, quien padecía síndrome de Tourette. “Lo único que lo calmaba era la marihuana, por lo que comenzó a fumar demasiado”, narra. “Se sentía muy deprimido, era una auténtica lucha levantarle cada mañana para ir a clase. Nos dimos cuenta de que teníamos que hacer algo”. Su primer paso fue enviarle a un campamento terapéutico localizado en el desierto con el objetivo de acabar con su adicción: “Cuando terminó, estaba listo para volver a la vida normal, pero no en el mismo ambiente ni con los mismos amigos”, explica.

Un niño de 13 años camina con una Kalashnikov porque su padre quiere que se encargue de su imperio criminal cuando sea mayor

Al final, todo acabó bien. Hannan no solo ayudó al chico con su solicitud para entrar en la Universidad y con los estudios de preparación para las pruebas de admisión, sino que también estrechó un fuerte vínculo con él gracias a su mutuo amor por la mecánica. “Usé nuestra buena relación para ayudarle a comprender a qué se referían sus padres cuando le decían que hiciera cosas”, señala. “El resultado fue que acabó respondiendo mejor a sus padres que antes, porque siempre hablaba a gritos con ellos”.

Más que profesores

“La profesionalidad requerida en un contrato de tutoría privada es muy diferente a la que se necesita para trabajar en un aula”, asegura Hannan. “Ser un maestro de escuela requiere cierta distancia emocional, mientras que en un ambiente familiar se necesita establecer una relación sincera”. Otra buena experiencia: una de las madres de un exalumno de Hannan afirma que gracias a que se hizo amiga de su vástago, ahora está en la Universidad. “Mi hijo apreció que hubiese alguien ahí que lo ayudaba a seguir adelante”, agrega. “Tener a alguien a su lado fue muy positivo para él”.

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Choques culturales

Dirk Flower, un psicólogo de Harley Street que trabaja con familias millonarias, corrobora que los tutores se encuentran a menudo con padres y madres que socavan todos los sistemas de valores. “Trabajas para una familia criminal donde el niño de 13 años camina con un Kalashnikov porque su padre quiere que se encargue de su imperio cuando sea mayor”, señala. Cleo Masliah, una tutora que trabaja con otra agencia llamada Simply Learning, dice que otro de los problemas añadidos de la profesión es insertar a los niños en la cultura occidental.

Mesliah ha trabajado en hogares con un gran poder económico en Dubái, Moscú, Suiza y el Caribe. Cuando instruyó a una joven rusa que quería ingresar en un internado líder en Gran Bretaña le dijo: “No puedes presentarte como en Rusia, donde sacas todas tus joyas, tu bolso de marca, tus trajes Channel y tus tacones de aguja y te lo dan. Aquí lo que deberías hacer sería ponerte zapatos planos y dejar todas las joyas en casa”. Al final, como no podía ser de otra forma, la chica fue aceptada.

El quid está en ayudarlos a descubrir que sus vidas pueden tener un gran significado más allá de la suerte de venir de familias muy ricas

“Si tienes un problema con una familia normal de clase media, lo peor que va a pasar es que nunca vuelvas a hablarles”, reconoce Mesliah. “Pero estos son extremadamente ricos, y su relación con ellos depende de lo que ellos quieran que sea”.

Un valor social añadido

A pesar de todo, Hannan cree que su trabajo posee una gran cualidad humana y social. “'¿Por qué me estoy esforzando?', se preguntan muchos de mis estudiantes. 'El dinero de papá siempre va a estar ahí para cuidarme'. Pero otros, sin embargo, piensan: 'Voy a tomar distancia respecto a ese dinero y de mis padres, quiero pensar por mí mismo'”.

Por último, Hannan añade: “El quid de la cuestión es ayudarlos a descubrir que sus vidas pueden tener un significado profundo más allá de la suerte que supone ser miembro de una familia con muchísimo dinero”.

Alma, Corazón, Vida

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