“El gran acuerdo es aquel en el que todos dejamos de ganar para que ganemos todos”
  1. Alma, Corazón, Vida
'LA VIDA ES PACTO', DE JULIO SOMOANO

“El gran acuerdo es aquel en el que todos dejamos de ganar para que ganemos todos”

Uno de los rostros más populares de la parrilla televisiva publica un libro en el que analiza los secretos de toda negociación y reflexiona sobre la necesidad de pactar

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“El gran acuerdo es aquel en el que todos dejamos de ganar para que ganemos todos”

El libro recién salido del horno del periodista de TVE Julio Somoano, director y presentador de 'El debate de La 1', se abre con una escena cotidiana. El narrador muestra a su mujer y a su madre discutiendo sobre las vacaciones del año siguiente. Una se decanta por ir a una playa española en agosto y hospedarse en un hotel; la otra por viajar al extranjero en julio y alquilar un apartamento en la montaña. El acuerdo parece imposible, así que las miradas se fijan en el autor, que les recuerda que, en realidad, están defendiendo lo mismo. Sorpresa. Ambas están de acuerdo en que quieren irse de vacaciones, juntas, para divertirse. El resto son minucias.

“Muchas veces, después de sacarnos los ojos, si nos ponemos a reflexionar terminamos dándonos cuenta de que es más lo que nos une que lo que nos separa”, explica a El Confidencial el antiguo director de Informativos de Televisión Española. “Tenemos discusiones sobre asuntos menores y olvidamos lo importante”. Es lo que podríamos denominar el 'secreto Cadaqués', ese pueblo con playa pero cercano a la montaña, donde se habla catalán, español y francés, y donde hay apartahoteles asequibles. En definitiva, es posible llegar a "un compromiso” ('compromise', esa palabra que no existe en español, según John Carlin), puesto que tenemos mucho que ganar y muy poco que perder.

Es muy difícil que la gente que no sabe entender al que tiene enfrente y llegar a puntos de acuerdo sea feliz


El ensayo de Somoano, 'La vida es pacto', se publica en un momento muy oportuno, en el que la política española se ha visto obligada a sentarse a la mesa de negociación con mayor frecuencia de lo que estaba acostumbrada a hacer. Sus páginas presentan una mezcla de libro de texto para convertirse en un buen negociador y un ensayo de historia por el que circulan Santiago Carrillo, Adolfo Suárez, Winston Churchill, Ronald Reagan… o los hijos del autor. Con él nos sumergimos en los secretos del tira y afloja personal y político a partir de su principal máxima: “El gran acuerdo es aquel en el que todos dejamos de ganar para que ganemos todos”.

PREGUNTA. Los españoles, ¿discutimos cada vez más pero pactamos menos?

RESPUESTA. Pactamos como respiramos, desde por la mañana (quién va a llevar los niños al colegio) hasta por la noche (dónde vamos a cenar). También en el trabajo: qué tarea vamos a realizar, qué compañero vamos a tener, cuál va a ser nuestro sueldo. Pactamos constantemente, pero no nos damos cuenta. Es importante, porque es muy difícil que la gente que no sabe entender al que tiene enfrente y llegar a puntos de acuerdo sea feliz.

¿Sucede en la política? Sí, se llega a acuerdos cortoplacistas y concretos. ¿Llegamos los españoles a acuerdos a largo plazo? Pues no somos los que más hemos conseguido, tal vez por nuestro carácter. Somos más calientes y menos reflexivos. En su día sí llegamos a un gran pacto de referencia mundial, la Transición. Todos dejamos de ganar para que ganáramos todos. Todos renunciamos a parte de lo que queríamos para formar un proyecto común. Ahora ha desaparecido un factor clave, que es el miedo a volver a una guerra civil. Llevamos 40 años así, el mayor periodo de paz y prosperidad económica que ha conocido nuestro país. Tenemos menos miedo al cataclismo y por eso nos cuesta tanto llegar a grandes acuerdos.

Carrillo y Suárez. (EFE)
Carrillo y Suárez. (EFE)

El Parlamento está tan fragmentado y se necesitan tantos acuerdos para sacar adelante leyes que es la legislatura de la oportunidad. Puede ser una oportunidad perdida o aprovechada. ¿Qué hemos conseguido de momento? Un pacto contra la violencia de género, que hay que articular en ley. Ahora los políticos están trabajando en un pacto por la educación, que veremos si sale adelante o no.

P. Ha hablado de la Transición y en el libro relata el encuentro entre Santiago Carrillo y Adolfo Suárez que dio pie, entre otras cosas, a la legalización del Partido Comunista. Hoy quizá no se vería como un pacto, sino como una renuncia mutua a sus principios.

R. Tenemos a dos personajes antagónicos por naturaleza. Uno al que acaban de nombrar presidente del Gobierno y que viene de ser secretario general del Movimiento, que la mitad del país considera un franquista de última hora. Por otro lado, un secretario general de nada menos que el Partido Comunista, visto como Satán por la otra mitad del país. Imagínate en qué caldo de cultivo crecerían ambos, y qué debían pensar uno del otro. Sin embargo, los dos comprenden que su supervivencia personal —la de Suárez a largo plazo y la de Carrillo a corto— y, sobre todo, el gran proyecto en el que creen, el de una España libre, solo puede salir adelante si llegan a un acuerdo.

Se ven en secreto durante cinco horas en una casa apartada en Pozuelo de Alarcón, algo que muy pocos sabían, porque para Suárez podría haber sido su final político. Se sientan y empiezan a intentar comprenderse. Carrillo le dice a Suárez, “es usted un gran seductor”. Suárez dice de Carrillo, “aprendí con él en cuatro horas más de política que en cuatro años”. Los dos sabían que la Transición pasaba por que el uno confiase en el otro, frente a todas las adversidades y los que les aconsejaban que no llegasen a un acuerdo.

P. Demos un salto en el tiempo: en otro capítulo, habla del pacto entre PP y Ciudadanos para evitar unas terceras elecciones. Buena muestra, a tenor de los últimos acontecimientos, de que los acuerdos en España son breves.

R. El pacto entre PP y Ciudadanos era imprescindible para los dos, tanto para Rajoy como para Rivera. Para Rajoy porque llevábamos muchos meses de bloqueo y si no podía sacar adelante un pacto, su figura iba a estar en cuestión, no solo a nivel nacional sino dentro de su propio partido, y Rivera para demostrar que el voto de Ciudadanos no era cosmético ni testimonial, sino que podía cambiar políticas.

Muchas veces los políticos se sientan para dar a la opinión pública la impresión de que quieren llegar a un acuerdo, pero no es así

El PP tenía que asumir que Ciudadanos iba a enarbolar la bandera de la regeneración y que lo iban a presionar para sacar adelante medidas contra la corrupción política, y Ciudadanos que los grandes acuerdos —en este caso, la reforma del Senado y la supresión de los aforamientos— eran declaraciones de intenciones, porque nunca podrían salir adelante sin los votos de otros partidos como el PSOE.

Ahora vemos acusaciones de unos a otros de que no se cumplen acuerdos. En el libro establezco un decálogo de lo que hay que hacer para llegar a acuerdos y el último punto es revisar que estos se van cumpliendo. Al final, cuando uno no cumple su palabra, tiene problemas a largo plazo, no solo con sus socios, sino también por su pérdida de credibilidad.

P. ¿Dónde están los límites? ¿Con quién no se puede negociar?

R. Si rescatamos la esencia de todos estos momentos estelares, veremos tres premisas básicas para empezar a negociar. La primera es que las dos partes quieran llegar a un acuerdo, que parece obvio pero no lo es; muchas veces nos sentamos para que la opinión pública tenga la sensación de que queremos llegar a un acuerdo. Le pongo como ejemplo las famosas negociaciones exprés que hubo en la legislatura del bloqueo, en las que quedaban unos líderes con otros delante de 200 fotógrafos, hablaban 15 minutos y se iban.

La segunda es un futuro en común. Cuando hay una discusión en una familia, el objetivo es claro: ser más felices, que nos vaya bien a todos. En el caso de Cataluña, si estamos hablando de su encaje en España, hay un futuro común. Si estamos hablando de la independencia, no lo hay. La tercera son unas mismas reglas del juego para todos. Volviendo a la Transición, la Ley para la Reforma Política derogaba el franquismo desde dentro, este sufrió una voladura controlada dentro de la ley. Esto es básico, si no tenemos unas reglas claras, como es el respeto a la legalidad, es muy difícil sentarse a negociar.

Josep Antoni Duran i Lleida, uno de los mejores negociadores que Somoano ha conocido. (EFE)
Josep Antoni Duran i Lleida, uno de los mejores negociadores que Somoano ha conocido. (EFE)

A partir de ahí, está el MAAN (la 'mejor alternativa a un acuerdo negociado'). Esta figura, que los negociadores tienen muy en cuenta, nos dice que hay un límite a la negociación: cuando sales con menos de lo que tienes. En el caso de Cataluña, el MAAN de Rajoy es este: ahora mismo tiene tensión social en Cataluña y tensión política nacional. ¿Es positiva? No, pero negociar sobre la unidad de España es peor. Cada uno tiene que saber cuál es su MAAN cuando se pone a negociar, y quien tiene el menos potente —en este caso, los independentistas—, más tienen que ceder en la negociación, porque más pueden perder si no se negocia.

P. A lo largo de su carrera ha conocido a muchas personas. ¿Cuál es su negociador preferido?

R. Te puedo decir uno. Durán i Lleida, una persona reflexiva, dialogante y que ha tenido la capacidad de negociar con unos y con otros. Quizá su muerte política nos confirma que las grandes negociaciones de Estado no son todo lo valoradas que deberían.

P. De todas las estrategias y consejos del libro, ¿cuál es la que más le ha ayudado a lo largo de su carrera?

R. Escuchar, escuchar y escuchar. Por eso tenemos dos orejas y solo una boca, porque debemos escuchar el doble de lo que hablamos. Tenemos que ponernos en la piel de lo que necesita el otro y saber transmitir, no con palabras sino con hechos, que jugamos en el mismo equipo. No vale con decir “yo estoy contigo”, hay que demostrarlo.

Sacar los trapos sucios está bien para desahogarse, pero no sirve para nada si queremos llegar a un acuerdo

La sinceridad es, dentro de este jugar en equipo, clave. He estado rodeado de gente que decía a todo que sí, pero la lealtad no es eso, sino ser sincero: que te digan y decir que no. Es mucho menos fácil, pero a largo plazo es mejor.

P. Parece que vivimos en un momento de auge de los mediadores, en que preferimos contratar a otra persona para que haga el trabajo sucio de negociación por nosotros. Por ejemplo, en un divorcio.

R. Nosotros, los latinos, somos calientes de por sí. En estos enfrentamientos entre familias, con despechos, solemos recurrir a sacar los trapos sucios. Eso está bien para desahogarse, pero para llegar a acuerdos hay que ser reflexivos y llegar a puntos comunes. La familia tiene dos dificultades: siempre decimos que es importante conocer a tu interlocutor, y en casa te conocen demasiado bien; la segunda, que tendemos a calentarnos y a sacar trapos sucios, y eso no beneficia para llegar a un acuerdo sereno y equilibrado para el futuro.

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