LOS CURRO JIMÉNEZ DE LA CRIPTOMONEDA

Los propietarios de bitcoins, víctimas de atracos, robos y secuestros exprés

Durante los últimos meses, se han disparado las alarmas por los casos en que se asalta a poseedores de la criptomoneda para obligarles a realizar transferencias millonarias

Foto: ¿Sueñan los ladrones de criptomonedas con policías eléctricos? (Reuters)
¿Sueñan los ladrones de criptomonedas con policías eléctricos? (Reuters)

A finales del pasado mes, los medios de comunicación de todo el mundo se hicieron eco de una noticia sorprendente. Cuatro ladrones armados y encapuchados entraron en el domicilio de Moulsford, sur de Inglaterra, de una pareja británica. En lugar de llevarse sus joyas o el dinero en efectivo de la caja fuerte, optaron por una alternativa mucho menos convencional: les obligaron a realizar una transferencia en bitcoins a su cuenta. Los atracadores sabían bien lo que se hacían, puesto que la pareja se dedicaba al cambio de divisas virtuales desde su negocio, Astor Digital Currencies, aunque habían mantenido su identidad en secreto… al menos en el mundo físico.

Los medios denominaron este atraco “el primer robo de bitcoins a mano armada”, pero dista mucho de serlo. Desde hace años, algunos casos trascienden a la prensa y muestran el auge de este nuevo tipo de delincuencia, que no se circunscribe a las grandes economías globales sino que puede aparecer en cualquier rincón del planeta. El 'New York Times' ha recopilado en un reciente artículo algunos de los casos más sonados, pero no son todos los que están ni están todos los que son. Sí es probable que se haya producido un repunte en los últimos meses, a medida que la criptomoneda se ha puesto de moda y ha llamado la atención de un gran número de incautos.

Se trata de una manera “eficiente y rentable” de pegar un golpe, con el mismo riesgo que un atraco a mano armada pero mayor margen de beneficio

No obstante, no es nada nuevo. En 2015, la prensa estadounidense ya habló de una “oleada de crímenes” en Nueva York relacionados con el bitcoin y que nada tenía que ver con los métodos habituales de los 'hackers'. Se trataba de una manera “eficiente y muy rentable” de pegar un golpe, con el mismo peligro y consecuencias que cualquier allanamiento de morada, pero una posibilidad mucho mayor de obtener un buen botín. Como recordaba un reportaje de 'The Observer', “un atracador suficientemente inteligente y cuidadoso puede hacer que sea casi imposible que se le vincule con una cuenta una vez ha recibido el dinero”. La seguridad virtual es puesta en entredicho por la coerción (y la violencia) real.

Es lo que ocurrió con un bombero de Manhattan que fue apuñalado y robado en una cita con sus atracadores que supuestamente tenía como objetivo de intercambio de bitcoins por dinero en efectivo en Williamsburg (Brooklyn). O con Dean Katz, un comerciante de bitcoins que recibió una llamada de un supuesto cliente para solicitar un encuentro y, a punta de pistola, le forzó a transferir 8.500 dólares de esta moneda a su cuenta (y, ya de paso, a darle otros 3.500 en metálico). La propia policía neoyorquina reconocía hace tres años que varias personas habían denunciado atracos semejantes, una variante en el siglo XXI de la vieja criminalidad callejera.

Yo, el Vaquilla (de los bitcoins)

Esta clase de atracos con violencia explotan una de las características de la criptomoneda, que es que está sujeta a una red PsP centralizada sin ninguna autoridad ni intermediarios. Es decir, mientras que si se realizase un atraco semejante con una cuenta de banco tradicional se podría localizar con relativa facilidad al receptor del dinero, la configuración de estos pagos —especialmente, no tener por qué dar datos personales, que los pagos no sean reversibles y que las transacciones se realicen de forma prácticamente instantánea— dificulta enormemente la recuperación en caso de atraco a mano armada.

Unos adolescentes fueron arrestados tras dar varios golpes ofreciendo a las víctimas bitcoins a cambio de dinero en efectivo

No se trata tan solo de redes criminales, sino también de bandas de pequeños delincuentes, a veces simplemente adolescentes. Es lo que ocurrió con un grupo de jóvenes de 16 y 17 años que fueron arrestados por la policía de Toronto en el verano de 2016, después de dar diversos golpes siguiendo un 'modus operandi' bien conocido por toda clase de estafadores: ponían un mensaje en internet ofreciendo bitcoins a cambio de dinero en efectivo y quedaban en persona con sus víctimas, a las que les robaban el dinero. En ocasiones, a través del uso de la violencia: uno de los estafados por estos falsos comerciantes de bitcoin fue apuñalado.

Uno de los casos más sonados durante los últimos meses ha sido el secuestro de un joven ruso por parte de un grupo de asaltantes en Phuket (Tailandia). Estos consiguieron que la víctima transfiriese 100.000 dólares a su cuenta 'online'. Las dificultades de la policía local muestran la escasa preparación de las autoridades para enfrentarse a estos casos donde se mezcla el delito virtual con el tradicional: los propios investigadores reconocen haber preguntado a los jóvenes cómo podían seguir el rastro del dinero, “porque conocen el bitcoin mejor que nosotros”. Ni ellos ni las víctimas fueron capaces de encontrar una solución. Recientemente, en el otro rincón del mundo, tres hombres armados intentaron atracar una central de intercambio de bitcoins en Ottawa (Canadá).

Una de las fotografías facilitadas por la policía de Phuket (Tailandia) de los jóvenes secuestrados.
Una de las fotografías facilitadas por la policía de Phuket (Tailandia) de los jóvenes secuestrados.

Nos podemos remontar hasta 2015 para encontrar otro robo a punta de pistola, en este caso de la moneda virtual ethereum. La historia, desvelada por el fiscal general de Manhattan, tiene su miga: Louis Meza, delincuente de 35 años, sustrajo 1,5 millones de dólares de uno de sus amigos después de una cita con él. Cuando le acompañó al coche que le había pedido, un hombre armado le pidió la cartera, las llaves y el móvil. Esto le permitió al traicionero atracador “conseguir la cartera virtual de su amigo”, de donde obtuvo el botín. Una vez más, la policía parece confusa respecto a la terminología. Como recordaba 'Gizmodo', lo más probable es que la supuesta obtención de la cartera virtual se refiriese a sus claves de acceso.

A finales del año pasado, Pavel Lerner, CEO de una operadora de bitcoin de Kiev llamada EXMO Finance, fue secuestrado a la salida de su oficina por seis hombres armados. En este caso, como explicó 'The Guardian', se trataba de un secuestro exprés a la antigua usanza, con la única diferencia de que el rescate —nada menos que un millón de dólares— debía depositarse en esta moneda virtual. Algo semejante ocurrió en Turquía, donde el montante del rescate ascendió a 3,54 millones. Los extorsionadores terminaron siendo detenidos.

Una guía de seguridad

La moraleja parece ser de cajón: hay que tener cuidado. No parece excesivamente inteligente concertar una cita con un extraño que hemos conocido por internet para intercambiar unos cuantos miles de euros en mano a cambio de unos anhelados bitcoins. Hay, a grandes rasgos, dos perfiles de personas vulnerables a esta clase de criminales. Por una parte, aquellas que se han enriquecido con la moneda y que pueden estar en el radar de las bandas organizadas; por otra, los incautos que creen que han dado el golpe de sus vidas y que, de repente, se ven traicionados por un puñado de bitcoins. Como recuerda 'Cryptovest', quizá no sea buena idea hacer público que te has hecho 'criptorrico' gracias al bitcoin.

Como recordaba una de estas víctimas, el panorama es semejante el del Lejano Oeste y, “por lo tanto, habrá asaltos a diligencias”

El que hace la ley hace la trampa… Pero también la solución. En la mayoría de los casos que se han resuelto, los policías no han recurrido a métodos virtuales, sino a recursos de la vieja escuela como la revisión de cámaras de seguridad o el rastreo de la identidad de los criminales a través de distintas huellas reales. Hay otra dificultad adicional, que es que las criptomonedas están escasamente reguladas (y no parece que esto vaya a cambiar pronto). En general, los opositores a esta situación lamentan que se utilicen para el blanqueo de dinero, el terrorismo o el tráfico de drogas, pero suele pasarse por alto que puedan dar lugar a un nuevo tipo de crimen mucho más real de lo que cabría esperar.

Como recordaba una de estas víctimas, el panorama es semejante el del Lejano Oeste y, “por lo tanto, habrá asaltos a diligencias”. Quizá tenga razón, a un nivel más filosófico, Jedediah Purdy, profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Duke, que escribió en Twitter que estos casos muestran “el lado oscuro del libertarismo estúpidamente horizontal: olvidar que el orden económico descansa en la coerción del Estado, y que la alternativa es la coerción privada, no la utopía”. Cuando desaparece la regulación, por lo tanto, estamos expuestos a un mundo sin reglas ni límites donde, una vez más, nos someteremos a la ley del más fuerte… o del criminal casual que no tenga reparos en utilizar la fuerza.

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