una historia real

Mi viaje desde la clase media hasta la pobreza

El periodista Joseph Williams ha relatado su descenso a los infiernos: de ser un reconocido reportero político a un hombre sin trabajo ni hogar

Foto: Su piso costaba 2.000 dólares al mes. Ahora está en la calle. (iStock)
Su piso costaba 2.000 dólares al mes. Ahora está en la calle. (iStock)

“Aparezca en el juzgado en la fecha asignada con el alquiler atrasado o prepárese para buscarse otro lugar para vivir”. Aquel aviso colocado en la puerta de su casa supuso el comienzo de una larga pesadilla para el periodista Joseph Williams. Sin pretenderlo, se encontró cara a cara con una noticia tan jugosa como preocupante, en la que por desgracia él era uno de los protagonistas. La subida de los alquileres, el estancamiento de los salarios, la gentrificación, los desalojos y la decadencia de una clase media cada vez más pobre. Tendencias que inquietan en Estados Unidos, y sobre las que los españoles tenemos conocimiento de causa.

Ahora, en un artículo de la revista 'Curbed', Williams investiga los mecanismos a través de los cuales se consigue desalojar a la gente que vive en apartamentos baratos en zonas afectadas por la gentrificación, a la vez que relata su descenso a los infiernos, en caída libre: de ser un reconocido reportero político a un hombre sin trabajo ni hogar. Todo empezó el día en el que sostuvo en televisión que el candidato republicano a la Casa Blanca de 2012, Mitt Romney, estaba “más cómodo alrededor de gente blanca, rica y conservadora como él”. No solo recibió numerosas amenazas a través de las redes sociales, tildándole de racista (él es de raza negra), sino que los responsables de la campaña republicana llamaron directamente a sus jefes y exigieron su cabeza en bandeja de plata. Una semana más tarde, le despidieron de 'Politico'.

Soy clase media, un trabajador de cuello blanco. Yo no debería estar aquí, aunque mi casero y la citación judicial digan lo contrario

Para más inri, un columnista obtuvo e hizo público un expediente judicial que detallaba que Williams había golpeado a su exmujer durante una discusión. Y pese a haberse declarado culpable y haber cumplido la pena, la idea de que “el negro que dijo que Romney era racista también había maltratado a su esposa” era demasiado atractiva como para dejarla escapar y, según su versión, todas sus perspectivas de trabajo se evaporaron en aquel momento. Empezaron entonces los problemas económicos y la perspectiva del desahucio se hizo cada vez más real.

Los desalojos, antes poco frecuentes, se han normalizado y profesionalizado en EEUU. Williams le echa la culpa en parte a los promotores inmobiliarios que rechazan construir pisos económicos y se centran en los edificios para la gente más acomodada, en los que el beneficio es aún mayor. Según las estadísticas de los economistas de 'Apartment List', uno de cada cinco inquilinos se enfrentaron a un proceso de este tipo el año pasado (las estadísticas oficiales, que varían según el Estado, ni están ni se las espera). El periodista lo llama una “pandemia” que afecta sobre todo a la clase baja, pero también al segmento de los ingresos medios, donde él solía estar.

El periodista Joe Williams. (RT)
El periodista Joe Williams. (RT)

Por esto mismo, se esforzó por aparentar pertenecer a la escala social en la que había estado toda su vida, algo que ahora tilda como “un acto arrogante de autoengaño”. “Soy clase media, un trabajador de cuello blanco. Yo no debería estar aquí, pensaba, aunque mi casero, el alquiler que le debía y la citación judicial dijeran lo contrario”, relata. Su caso, no obstante, cuadra con las estadísticas. Según 'Apartment List' aquellos que no han pasado por la universidad tienen el doble de probabilidades de enfrentarse a un desalojo, a menos que seas negro​. En tal caso, incluso aquellos con un título bajo el brazo entran dentro de lo habitual en las estadísticas.

Todo empezó el día en el que sostuvo en televisión que Mitt Romney estaba “más cómodo alrededor de gente blanca, rica y conservadora como él"

“Seguí pensando en el proceso judicial como una extraña ceremonia o matrimonio en el que todo se reducía a saber si podría responder 'sí' a dos preguntas fundamentales: '¿Cuenta con el dinero del alquiler atrasado? Si no es así, ¿tiene un plan con el propietario para saldar la deuda?'”. “No” y “no”, fueron sus respuestas. Ninguna organización pudo ayudarle, y llegó lo inevitable: “Lo que más recuerdo de mi desalojo fue lo apacible, eficiente y surrealista que fue todo el proceso”. No hubo protesta. Él cedió y se encontró en la calle, rodeado de bolsas y cajas. Pronto descubrió que hay una industria que gira en torno a este tipo de eventos traumáticos, que incluso emplea a personas sin hogar (por debajo del salario mínimo) para ayudar al exinquilino a mover sus pertenencias. Estas compañías incluso tienen críticas y clasificaciones en Yelp.

Sigue pensando que es de clase media. (iStock)
Sigue pensando que es de clase media. (iStock)

Ahora, con un techo sobre su cabeza, espera volver al periodismo incluso con salario considerablemente menor al que cobraba en 'Politico'. Quizá su relato, que ha sido posible gracias al apoyo del Economic Hardship Reporting Project, le acerque a una vida semejante a que disfrutaba años atrás. Pese a todo, asegura que tuvo suerte, pues los estudios demuestran que un desalojo mina las oportunidades de trabajo y hacen mucho más difícil que una persona pueda permanecer en la escala social en la que ha permanecido toda la vida, mucho menos subir un peldaño.

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