El caso que rompió el silencio

El crimen de hace un siglo que hizo que se hablase de la violencia machista

El asesinato se convirtió en el foco de la temprana lucha feminista contra las dinámicas de poder en el trabajo y Sarah Koten, su protagonista, una heroína para el movimiento

Foto: Artículo sobre el caso en 'The Spokane Press'. (Biblioteca del Congreso)
Artículo sobre el caso en 'The Spokane Press'. (Biblioteca del Congreso)

Si por algo se ha caracterizado el 2017 ha sido por el despertar feminista. Nunca antes la violencia machista había copado tantos titulares ni las calles habían estado tan llenas de mujeres alzando su voz: “No estás sola”. Han sido 48 las asesinadas oficiales en España durante el año pasado, muchos los casos de acoso sexual y más todavía los #yotambién que han colmado las redes sociales. Desde la avalancha de denuncias tras las acusaciones contra Harvey Weinstein hasta el juicio de La Manada, la violencia machista ha entrado con fuerza en el candelero de la opinión pública. Pero no siempre ha sido así. De hecho, costó mucho romper el silencio.

Si uno quisiera identificar el origen de esta narrativa tendría que retrotraerse al año 1908. Así lo cree la estudiante de doctorado de la Universidad de Conneticut Rachel Elin Nolan, quien ha analizado cómo los medios de comunicación han ido cambiando su enfoque respecto a los abusos sexuales. Su investigación, publicada a principios de año en la revista científica 'Signs' y reseñada en 'Slate', determina que el caso de Sarah Koten fue el primero que acercó la situación de las mujeres al gran público. El primero, en definitiva, que hizo que se hablase de la violencia machista.

Durante el XIX, algunas mujeres señalaron en sus juicios que se habían inspirado en Koten para sus propias acciones violentas

Koten era una inmigrante rusa que trabajaba y vivía en un sanatorio de EEUU con la esperanza de convertirse en enfermera. Estaba allí bajo la tutela del doctor Martin W. Auspitz, quien le aseguraba con frecuencia que un día le enseñaría todo lo que necesitaba. Sin embargo, según contó a un periodista de 'The New York Times', una mañana la dormió con cloroformo y la violó en la habitación del sanatorio en la que dormía.

Se ganó la simpatía de lectores y periodistas

Al cabo de unos meses, descubrió que estaba embarazada. El doctor la presionó para que abortara, pero esta se negó y acabó dejando su puesto en el sanatorio. Sin un dólar en los bolsillos e incapaz de conseguir trabajo, demandó a Auspitz para hacerlo responsable de su futuro hijo. Este negó las acusaciones y los testimonios de la defensa (del cuñado y hermano del médico) acabaron con cualquier atisbo de éxito para Koten. Recordemos que esto es 1908. Finalmente, el juez absolvió a Auspitz por falta de pruebas. Al no tener otro recurso legal al que acudir, la mujer se tomó la justicia por su mano: se hizo pasar por un paciente ficticio y cuando el médico llegó para tratarlo, ella le mató de un disparo.

Fue entonces cuando los medios y la opinión pública comenzaron a fijar su atención en el caso. Si bien al principio caracterizaban a Koten como una mujer “desdichada” y “delirante”, poco a poco fue siendo objeto de la simpatía de lectores y periodistas. Según Nolan, la prensa se limitó a “deleitarse con las anécdotas sobre su evidente histeria y criminalidad” hasta que empezó a surgir el pasado de Auspitz: otras dos mujeres lo habían denunciado y una de las cuales, una paciente suya, ya le había intentado asesinar. Desde entonces, el caso se convirtió en el foco de la temprana lucha feminista contra las dinámicas de poder en el trabajo y Koten, que dio a luz en la cárcel, una heroína para el movimiento.

La simpatía pública agrandó su imagen de víctima, aunque ella se viese a sí misma como una mujer empoderada que se vengó de un maltratador

El interés repentino del público fue clave en el cambio de enfoque de los medios, asegura Nolan. Su investigación cita ejemplos como el del periódico 'Timer Leader' o el 'Philadelphia Inquirer', que incidieron en la faceta de madre de Koten: “Me da igual mi futuro, yo no soy nada… solo me importa mi bebé”. Ambos publicaron fotos de la mujer sosteniendo a su hijo recién nacido, Abraham. Otros, como el socialista 'Coming Nation', la describían como una inmigrante ideal que vio sus esperanzas frustradas por la situación laboral que sufrían las mujeres.

La mujer como víctima

Según confirma Nolan a 'Slate', el cambio en la percepción pública benefició enormemente a Koten, pues acabó liberada, pero a la vez supuso una pesada carga a la hora de destacar su autonomía como mujer. Eso mismo le confirmó ella durante el juicio a la activista socialista Rose Pastor Stokes: no lo mató para impedir que siguiese maltratándola, sino como un acto de activismo a favor de las mujeres. En última instancia, la simpatía pública agrandó su imagen como víctima, mucho más de como ella se veía a sí misma: una mujer empoderada que se vengó de un hombre maltratador. Una de cal y otra de arena, resume la investigadora.

Durante el resto del siglo XIX, gracias a que el caso fue tan popular, algunas mujeres señalaron durante sus juicios que se habían inspirado en ella para sus propias acciones violentas, aunque ninguna consiguió demostrarlo de manera tan convincente como lo hizo la inmigrante rusa. No obstante, el ejemplo de Koten, sobre la cual no se conoce qué fue de ella ni de su hijo, sí sirvió para acabar con la ley no escrita que permitía a los hombres violar a mujeres sin temor a represalias judiciales en EEUU. Quizá ahora, bajo este nuevo despertar feminista, también se consiga dar un paso hacia adelante.

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