Historia: Por qué los españoles comemos y cenamos tan tarde. Noticias de Alma, Corazón, Vida
¿Quién es el culpable?

Por qué los españoles comemos y cenamos tan tarde

Se trata de una costumbre que no se comparte ningún país europeo. No somos nosotros los que funcionamos mal, lo hacen nuestros relojes

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Una de las primeras cosas que llama la atención a los extranjeros que visitan nuestro país es la hora a la que comemos y cenamos. Para los españoles es algo totalmente normal cenar a las 21:30-22:00 pero fuera de nuestras fronteras no lo es tanto. En la mayoría de países europeos se desayuna sobre las 7:00; se almuerza entre las 11:30 y la 13:00; y la última ingesta es de 17:00 a 19:00. Pero, "Spain is different".

Es cierto que el primer alimento del día se ingiere igual que en el resto de territorios, pero para mala suerte de los turistas, la comida no se hace hasta las 14:30 y la cena siempre después de las 21:00. Independientemente de la cultura o el clima, todo el mundo, desde nuestros vecinos los franceses, hasta en la lejana Filipinas, parecen tener un ritmo diferente a los españoles.

Huso incorrecto

Lo cierto es que no somos diferentes al resto, lo son nuestros relojes. En el momento en que el sol está más alto en el cielo, es decir, a las 12 del mediodía según la hora solar, los relojes españoles marcan las 13:30.

En 1942, las once de la noche pasaron a ser las doce por orden del gobierno de facto del dictador Franco para "la conveniencia de que el horario nacional marche de acuerdo con los de otros países europeos". Aunque en ese momento probablemente nadie lo esperaba, la decisión marcó el inicio de un cambio en la historia de España que está todavía rodeado de polémica. Todo el país (salvo Canarias, donde hay una hora menos) tiene la hora Europea Central (Berlín) en lugar de la Occidental (Londres), lo que implica una hora de adelanto con respecto al sol en invierno y dos en verano.

Menos del 18% de los españoles duermen la siesta regularmente, mientras que el 60% nunca lo hace

La medida no se tomó de forma arbitraria, sino que era un guiño a la Alemana nazi de Adolf Hitler en plena Segunda Guerra Mundial. Este cambio no era nuevo en Europa, ya que un año antes, en 1941, Reino Unido cambió sus relojes para estar en sintonía con el país germano. Sin embargo, después de que el dictador alemán perdiera la guerra en 1945, los británicos recuperaron el horario de Greenwich, al igual que nuestro país vecino, mientras que España y Francia mantuvieron la hora de Berlín. De hecho, tampoco recuperamos la hora de verano hasta 1974, aunque en esta ocasión el motivo fue la crisis energética por la crisis del petróleo.

Muchos aseguran que esto forma parte de "ser español", uno más de los muchos tópicos que rodean como que siempre nos echamos todos los días la siesta, bailamos sevillanas cada vez que salimos, que a todos nos gustan los toros o que siempre comemos paella.

Madrid, la ciudad sin horarios

Depende de la provincia española que hablemos el hábito varía bastante. En la capital, por ejemplo, no existe un horario fijo, máxime los sábados y domingos. En plazas y terrazas, si el tiempo acompaña, pueden servir cenas hasta pasadas incluso las 0:00 de la noche mientras que en invierno o si la climatología acompaña, las cocinas de los restaurantes pueden tener una hora marcada para el cierre entre las 23:00 y las 0:30.

Pero para muchos españoles, vivir en el huso horario equivocado ha provocado la falta de sueño y una menor productividad. Una jornada laboral normal comienza entre las 9.00 y las 10:00 y acaba entre las 19:00 y las 20:00 con su respectiva hora de comida, lo que nos fuerza a relegar las horas de ocio a las últimas del día. "El hecho de que el tiempo en España no corresponda al sol afecta a la salud, especialmente al sueño", explica Jose Luís Casero, presidente de la Comisión Nacional de Racionalización de Horarios Españoles a 'BBC'.

No somos diferentes al resto, lo son nuestros relojes. Cuando el sol está más alto (12:00 hora solar), las manillas españolas marcan la 13:30

"Si cambiáramos las zonas horarias, el sol saldría una hora antes y nos despertaríamos de forma más natural, las comidas se adelantarían y tendríamos una hora adicional de sueño", añade. Tradicionalmente hemos hecho frente a estos horarios tomando café a media mañana y teniendo de una a dos horas de descanso en el cual muchos pueden disfrutar de una pequeña siesta (si tienen la suerte de vivir cerca del trabajo). Sin embargo, un estudio realizado en enero de 2017 por la compañía de investigación Simple Lógica descubrió que menos del 18% de los españoles duermen la siesta regularmente, mientras que casi el 60% nunca lo hace.

Hace más de un año que la ministra de Empleo, Fátima Báñez propuso "estudiar las posibilidades que tendría el cambio de huso horario" para que la jornada laboral acabara a las seis de la tarde, asegurando que "alguno tiene que dar el primer paso y por eso pido el compromiso de las empresas más grandes y de las asociaciones empresariales y sindicales". Algo que por ahora no ha sucedido.

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