Apuestas: Qué se cuece de verdad en las casas de apuestas, los nuevos recreativos del barrio. Noticias de Alma, Corazón, Vida
una moda creciente

Qué se cuece de verdad en las casas de apuestas, los nuevos recreativos del barrio

Más de un millón de personas han pasado a lo largo del año por uno de estos locales en los que se puede jugar y apostar directamente y que cada vez tienen más adeptos

Foto: Probando la suerte del azar. (Reuters/Yuya Shino)
Probando la suerte del azar. (Reuters/Yuya Shino)

Ferni tiene “una buena cogorza”, según propia confesión. Está sentado en la ruleta con una cerveza en la mano y los ojos semicerrados. “¡Pierdo estas fichas al negro y nos vamos!”, grita a sus tres acompañantes, que en realidad no le conocían de nada hasta que no coincidieron, hará aproximadamente una hora, en este salón de juegos y apuestas. Ellas, Sara, Raquel y María, son estudiantes de enfermería y por alguna casualidad de la vida -que el empleado del local es su vecino desde la infancia- han acabado en este lugar después de la fiesta navideña de su clase. Se trata de una sala Sportium. Desde que se legalizaron, hay miles de ellas por toda España, y no solo bajo esta marca: hay otras siete firmas que operan de manera muy semejante. Las últimas, en Andalucía, la comunidad más lenta a la hora de regular este tipo de establecimiento.

A la entrada, con una puerta de cristal haciendo de biombo, hay una especie de taburete y un cenicero alto. En este lugar se puede fumar sin pasar frío. Después, las pantallas con carreras de caballos y los paneles con las apuestas deportivas. Más allá, un pequeño bar que no es tal: el encargado te invita a “una birra” cuando le pides cambio y te puedes mover con tu cerveza donde más te guste, pero siempre y cuando vayas a jugar. Esto, como lo del tabaco, no es legal. Pero eso no parece ningún problema en este sitio. Las maquinas tragaperras, algunas con una palanca que parece el claxon de un camión retro, forman un pasillo que conduce a una ruleta electrónica con seis asientos que se asemeja a la sala de mandos de una nave de Star Trek. Y allí, junto a la pared, están Ferni y sus nuevas amigas.

“Jugadores en alto riesgo”, una calificación que en España solo tiene el 0,3%, lo que convierte a este país en uno de los que menos tiene del mundo

Hay dos hombres apoyados contra la tragaperras. Echan monedas sin descanso y hacen comentarios propios de un experto en la materia. Tendrán cerca de 35 años (se les preguntó, pero declinaron contar nada acerca de su vida, incluida la fecha de nacimiento). La edad es importante: los menores de 25 años son quienes tienen una mayor propensión hacia el juego. Después, los comprendidos entre los 25 y los 45 años. Por supuesto, hombres en mucha mayor medida que mujeres, todo según el ‘Informe sobre el juego en España’ de 2016.

Aunque en el caso de estas maquinitas en particular, un alto porcentaje (más del 50%) de los que tienen entre 55 y 65 años “recuerda haber jugado alguna vez”. Estos dos llevan horas echando monedas. La impresión es que es altamente probable que se encuentren en esa horquilla de “jugadores en alto riesgo”, una calificación que en España solo tiene el 0,3% de la población, lo que convierte a este país en uno de los que menos tiene del mundo (el que más es Macao, con el 4,3%, seguido de Sudáfrica con el 3%).

Juego responsable

En la puerta hay dos chicos con un gorro calado negro. Dicen que son turcos y llevan unos botes como de medicinas rellenos de monedas. “Ves, esta es turca, pero se parece mucho a las de un euro”, comenta el más alto de los dos mientras se fuma un cigarro en el interior del local. Lleva guantes de esos de lana que dejan los dedos (pero no el dedo completo) al descubierto. Por supuesto, ambos ríen a carcajadas cuando se les pregunta por su afición a las casas de apuestas. El encargado, sin embargo, no se ríe y advierte de que no se puede “andar molestando a la gente, aquí se viene a jugar”.

A la entrada, según se pasa el cenicero, hay tres folletos sobados y algo amarillentos. Son una guía del “juego responsable”. En ellos te explican que las “apuestas deportivas son una excitante manera de vivir con más intensidad tus deportes pero conllevan un riesgo financiero que hay que tener bajo control”. Matthew, británico, está pegado a la pantalla. Los corceles corren en algún óvalo del mundo. “Vengo aquí porque me divierte apostar a las carreras y me pilla cerca de casa”. Matthew, seguramente, es el único que asiste a este local con esa actitud (y los incansables hombres de las tragaperras). El resto parece que lo hace atraído por ese afán socializador entre personas con intereses semejantes que hizo que florecieran los billares en los años sesenta, los futbolines en los setenta y los recreativos en los ochenta.

Debes mostrar tu DNI para "apostar y jugar", pero nadie ha mostrado documento alguno en toda la tarde

En total, se calcula que cerca del 6,5% de quienes juegan lo hacen de manera presencial (una cifra que aumenta gradualmente desde 2013). Sin embargo, el número de personas que en algún momento han pasado por este tipo de establecimiento es de más de un millón. Marcos es el último en llegar. Se sienta en la ruleta. Se marea mientras la bola gira. Se levanta y se va: “Si vuelvo a jugar otra, vomito”. Para entonces Ferni y sus accidentales amigas también se han marchado. Ya no queda nadie. Solo quedan dos de los folletos, uno con unas apuestas marcadas en rotulador negro, en los que te explican que deberás mostrar tu DNI para "apostar y jugar". Nadie ha mostrado documento alguno en todas las horas en las que este redactor estuvo en el interior del local.

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