Nuevas tecnologías

España, a través de los grupos de WhatsApp: la política invade los chats

Los foros de padres, compañeros de trabajo, de aficionados a diversas cosas o de familiares se llenan de contenido de actualidad que marca las posiciones de los participantes

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Ahora la política también ha desembarcado masivamente en WhatsApp. Decenas de opiniones revestidas de chiste, de información 'privilegiada' o de enlace a algún medio de comunicación inundan los grupos. Es decir, la misma estructura de las redes sociales, que también han ido transformando parte de sus contenidos, pero en un dispositivo y a través de un canal distinto. “WhatsApp es una especie de plaza pública, de ágora, pero sin que los actores se den mucha cuenta de ello porque sus opiniones las exponen desde un contexto privado, lo que hace que cueste más entender que es lo mismo que desnudarse en plena calle o decir una barbaridad a voz en grito”, apunta el sociólogo Francesc Núñez, de la Universitat Oberta de Catalunya.

“Todos los días me llegan chistes de la situación política, sobre Mariano Rajoy o sobre Carles Puigdemont. Todos los días. Y yo, la verdad, es que ni los miro ni contesto”, confiesa Eulalia Bernabéu, jubilada de 69 años. Ella no tiene perfil en Facebook ni en Twitter, así que todo ese torrente le llega exclusivamente vía WhatsApp, que lo tiene instalado “para comunicarme con la familia, principalmente”. Esta mujer confiesa que ya sabe “más o menos de qué pie cojea cada uno de mis contactos, aunque de vez en cuando hay gente que apenas conozco que me sorprende con algo que le posiciona en una opción que yo no me imaginaba”. Y esa postura que le sorprende, confiesa, suele ser cercana a la derecha. Los usuarios de las nuevas tecnologías tienden a vivir en mundos cerrados en los que les cuesta concebir gente que abiertamente exponga ideas contrarias a las que ellos entienden que son las 'correctas'.

Los chascarrillos groseros o las fotos de animalitos han dado paso a los montajes sobre la situación en Cataluña

La psicóloga forense Blanca Vázquez entiende que todo esto remite a “la dependencia grupal de toda la vida” y que hay muchos adultos “que están todo el día enganchados a las redes sociales y el móvil”. De ahí se deduce ese pequeño salto: si están todo el día con los teléfonos pegados a la cara y las temáticas absorbentes del momento son de tipo político, acabará calando la política en ese espacio común. Y ese es un poco el cambio cualitativo que se ha producido en el último año. Los sesgos sobre la actualidad se han trasladado a los grupos de antiguos compañeros de instituto, de papás y mamás de los colegios, o de montañeros de fin de semana. Los chascarrillos groseros o las fotos de animalitos han dado paso con un estruendoso abrirse de compuertas a los montajes sobre la situación en Cataluña, de uno y otro signo.

Uno de los 'memes' popularizados en WhatsApp.
Uno de los 'memes' popularizados en WhatsApp.

“Ahora empezamos a saber muchas cosas de gente de quien en principio no tendríamos por qué conocer ese tipo de cuestiones”, señala Núñez, que considera que el hecho de que muchos de estos archivos compartidos sean chistes “facilita que se entienda que lo que uno admira es el ingenio y no tanto el contenido, aunque los demás lo pueden interpretar en la clave que quieran”. De hecho, para Núñez, este tipo de información va configurando “roles definidos de cada miembro del grupo, como si fuera cualquier otra colectividad”. Los hay "rápidos", "chistosos", "graves", etcétera, y cada uno "busca un reconocimiento en el grupo, aunque muchas veces genere el efecto contrario al que pretende".

Demasiada información

Entre esos roles está el del “callado”. A ese grupo pertenece Laura Ramón, traductora de 47 años. “Cuando empezaron a aparecer cosas de tipo político con las huelgas de la enseñanza, ya me empecé a mosquear un poco, porque no me parece que un grupo de WhatsApp de padres del colegio deba servir para ese tipo de asuntos, pero luego ha habido quien ha ido yendo cada vez más allá, acabando con la invasión del tema catalán”, describe esta madre de dos niños de enseñanza primaria. “Ya sabes de qué va más o menos todo el mundo, pero el mero hecho de que aparezcan banderitas e iconos pegados a los nombres ya me parece dar información que no necesito ni quiero saber”.

Uno de los chistes que circuló durante las semanas pasadas.
Uno de los chistes que circuló durante las semanas pasadas.

“En las relaciones del día a día reales, la gente se mira a la cara y eso hace que las personas se autorregulen en sus excesos. Saben qué cosas son idóneas en cada contexto. Sin embargo, en los chats esos parámetros se difuminan hasta desaparecer”, apunta Núñez. De hecho, en ocasiones, directamente esas cadenas con contenido de tipo político provienen de teléfonos que ni siquiera tiene la gente entre sus contactos. Es el caso de Carlos Martínez, profesor de 51 años, que recibe casi todas las mañanas “una especie de mitin de un número de teléfono que no sé de quién es”. El caso, confiesa, “es que no lo quito porque más o menos suelo estar de acuerdo con lo que dice”. Martínez también confiesa que comparte cosas y reflexiones en grupos, pero asegura "que todo el mundo sabe lo que pienso y al que no le guste, puede discrepar o quitarme sin que yo me moleste".

La gente que usa WhatsApp no es consciente de las consecuencias que tienen esos mensajes, porque el efecto es mucho más lento

Y es que esa plaza virtual a la que se refiere Vázquez a veces se parece más a un bar de parroquianos que se juntan por afinidad. Aunque en ocasiones hay participantes que no pintan “en el local”. Es el caso de José Miguel López, abogado de 47 años: “Me llegan de los antiguos compañeros del colegio un montón de chistes y supuestas informaciones que no comparto para nada, pero ellos ya lo saben, así que simplemente paso de contestar y punto”.

Otro 'meme' recurrente.
Otro 'meme' recurrente.

"En general, la gente que usa WhatsApp no es consciente de las consecuencias que tienen esos mensajes, porque el efecto es mucho más lento que en otros canales de comunicación. Sin embargo, tiene partes muy preocupantes si las analizáramos: dura toda la vida y no sabemos qué alcance puede llegar a tener, porque la gente lo reenvía y se le pierde el rastro", resume Núñez.

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