ENTREVISTA CON ADAM CURTIS

“Cada vez nos parecemos más a la URSS, sabemos que nos roban y lo aceptamos”

Sumergirse en las películas del británico es someterse a un 'shock' de realidad, en el que Gaddafi, Trump o las películas catastrofistas nos muestran la cara oculta de nuestra era

Foto: El choque de las imágenes.
El choque de las imágenes.

En uno de los momentos más memorables de 'HyperNormalisation', el último largometraje del documentalista Adam Curtis (Kent, Inglaterra, 1955), las imágenes de la detención de Nicolae Ceaucescu y de su mujer se intercalan con uno de los célebres vídeos de 'fitness' de Jane Fonda, mientras de fondo suena Brian Eno. Un lacónico subtítulo recuerda que “Jane Fonda dejó el socialismo y comenzó otra revolución: intentar cambiar el mundo era demasiado complicado pero aún había algo que podía controlar, el cuerpo”. Es una marca de la casa: reflejar un cambio de paradigma con dos imágenes tan precisas como conmovedoras que sintetizan una idea difícil de expresar en palabras.

El cine de Curtis ha identificado y analizado algunas de los grandes cuestiones del siglo XX y XXI, mucho antes de que saltasen a la discusión pública: los peligros del narcicismo y la autoexpresión ('El siglo del yo'), la tecnocracia política ('La caja de pandora') o nuestro actual concepto de libertad ('La trampa'). Su última obra, 'HyperNormalisation', es un compendio de algunos de sus temas, un documental-ensayo que intenta responder por qué hemos terminado aceptando una visión simplificada y falsa del mundo promovida por políticos y muestra cómo distintos cambios (sociales, financieros, tecnológicos) han terminado dando forma a una extraña realidad en la que el poder ha dejado de ser aparente. Su título proviene del concepto que Alexei Yurchak acuñó para describir la sensación que experimentaban los habitantes de la URSS antes de su caída, cuando esta era evidente pero la sociedad aceptaba la falsedad que las autoridades políticas difundían como parte de la normalidad.

Sabemos que los bancos son corruptos y blanquean dinero del narcotráfico, pero lo aceptamos porque no hay otra alternativa

Esta película será proyectada como parte del ciclo que durante los dos próximos meses ofrecerá el Museo Reina Sofía con toda la filmografía del británico, que trabaja de manera independiente en la 'BBC'. Curtis ha estado este lunes presentando el ciclo en Madrid, donde también ha dado una 'masterclass', y celoso de su imagen, no ha admitido fotografías, quizá porque considera que tan solo añadirían más confusión a nuestro mundo. Con el periodista nos sumergimos en el paradójico mundo en el que nos ha tocado vivir.

PREGUNTA. El domingo, algunos medios como El Confidencial o la 'BBC', para la que usted trabaja, publicaron los Paradise Papers, que desvelaban que grandes figuras como Isabel II, Bono de U2, Madonna o el yerno de Trump habían recurrido a paraísos fiscales. Sin embargo, parece una muestra más de lo que cuenta en 'HyperNormalisation': cada día aparecen nuevos casos semejantes y, sin embargo, nada cambia.

RESPUESTA. Eso es exactamente lo que estaba intentando contar. Todos sabemos que esto ocurre. Sabemos, por ejemplo, que los grandes bancos cuentan con trabajadores corruptos; sabemos que HSBC blanqueó dinero del narcotráfico; pero no ocurre nada. Lo vi anoche en mi hotel y lo mi reacción fue: “sí, ya lo sabía, ¿cuál es la noticia?”. No estoy diciendo que esté mal, hay que publicarlo, pero un buen periodista debería fijarse siempre en cómo reaccionan los lectores. En este caso, es posible que muchos dijeran “perfecto, ya lo imaginaba”.

La clave es que aceptamos esto como algo normal porque carecemos de cualquier otra alternativa. Lo que significa que vivimos en una era muy extraña y corrupta. Tú y yo pensamos que nunca seremos corruptos, porque sabemos que está mal. Pero vivimos en una época en la que estamos preparados para aceptarlo como algo normal, lo que significa que, en cierta forma, nosotros también somos corruptos. No creo que esto dure mucho tiempo, pero la gran pregunta es de dónde vendrá el cambio. Por eso intenté ser un poco violento en 'HyperNormalisation', para que la gente se dé cuenta de que se han alejado tanto de la realidad que terminan comportándose como los corruptos.

Adam Curtis dio clases en Oxford antes de desilusionarse con el mundo académico.
Adam Curtis dio clases en Oxford antes de desilusionarse con el mundo académico.

Es como en la Unión Soviética: cada vez que leo algo como los Paradise Papers me acuerdo de ellos. Sabían que la gente en las grandes industrias les robaban, que eran corruptos, ¡pero nosotros somos iguales! El problema es que nuestro sistema no tiene ninguna visión de un futuro alternativo. Tan solo se preocupa por su estabilidad.

P. Mantiene que muchos movimientos, como Occupy Wall Street, se terminan desmoronando porque carecen una visión del futuro. ¿Cuál es la suya?

R. Puedo decirte qué visiones del futuro no me gustan: son las grandes historias y narraciones que vienen de la derecha. Pero no solo de ellos, sino del nacionalismo. Viene de Trump, viene del Brexit, viene de Rusia, viene de China (Xi Jinping está intentando implantar una especie de nacionalismo para unir a la gente y vencer la corrupción). Si quieres enfrentarte a eso, tienes que poner en marcha una poderosa narrativa populista. Pero los progresistas, y me considero uno de ellos, tienen miedo de las grandes narraciones, especialmente del nacionalismo, porque dicen “mira lo que pasó la última vez”. Horror, terrorismo. Es diferente en tu país, pero en Gran Bretaña y EEUU siempre ha habido este gran miedo. Pero si quieres acercarte a la gente que votó a Trump o por el Brexit, vas a tener que elaborar una gran historia.

El buen periodismo consiste en ser veraz pero escéptico. Eso es lo que hice en 'HyperNormalisation', ser escéptico ante cualquier cosa que la gente diga que es lo que vale. Intentaba ser como un helicóptero, verlo todo desde la distancia. Era mi manera rebuscada de decir “no tengo ni idea”. Lo único que puedo decirte es que el cambio puede venir muy rápido, porque, como Trump y el Brexit han mostrado, hay gente en la que no nos fijamos que está realmente furiosa, enfadada y harta de todo. Hay una parte optimista en mí, porque estos movimientos muestran que, de hecho, puedes votar y cambiar el mundo. Pero también creo que hay algo roto. No sé cómo es en tu país, pero en el mío, todos se sienten atrapados. Quizá explique lo que ha ocurrido en Cataluña: es una ruptura, muestra que algo se está rompiendo.

Confiamos en que los gestores solucionen el apocalipsis, pero no saben nada de emociones


P. Hace 15 años, nos advirtió de los peligros de la autoexpresión y del narcicismo. ¿No son movimientos como el Brexit, Trump o los nacionalismos consecuencia de este cambio de paradigma en el que la identidad del individuo es tan importante?

R. No lo sé, es una buena pregunta. ¿Es Trump el nivel definitivo del individualismo? Es una manera interesante de mirarlo. Vale, su narrativa es nacionalista, pero en realidad es una versión de pantomima del narcisismo. Se sienta en su cama, tuiteando sobre cualquier cosa que le enfada, porque no hay nada más importante que él. Pero es complicado, porque algunas de las fuerzas que su consejero Steve Bannon ha liberado son otra cosa.

El nacionalismo significa dar parte de ti por algo. Hace un mes, en Gran Bretaña, hicieron una encuesta a la gente que había votado por el Brexit. Les preguntaron que, si hubiesen sabido que esto iba a hacer bajar su sueldo, aún lo habrían hecho. Dos tercios respondieron que sí. Por supuesto, para los liberales eso mostraba su estupidez, pero hay otra forma de interpretarlo: puede parecer estúpido, yo desde luego no estoy de acuerdo, pero están sacrificándose por algo en lo que verdaderamente creen. Creen en una extraña idea de una Gran Bretaña pasada que nunca existió. Cuando una cosa termina y otra comienza, colisionan, por lo que uno no sabe si Trump es el mayor narcisista de todos los tiempos o si está poniendo en foco nuevas fuerzas que ni siquiera comprende.

P. Creo que, de hecho, sí que hay una visión del futuro: el apocalipsis. Lo muestra en su película. Todos parecen estar preparándose para el fin del mundo porque los signos se acumulan (desde el aumento de la desigualdad entre los ricos y el resto de la sociedad hasta el cambio climático), pero no se hace nada para evitarlo; simplemente, uno se prepara para el fin.

R. Lo interesante es ver cuán conservador es esto. Mi problema con el cambio climático es que, en lugar de decir “tenemos un grave problema”, algo con lo que la mayoría de la gente está de acuerdo, y usarlo para mejorar notablemente la tecnología, cambiar la estructura social haciendo llegar la energía a la gente y mejorar el mundo, simplemente dicen que va a llegar el apocalipsis. Por lo tanto, se meten en largas discusiones sobre cuántos grados exactos va a subir la temperatura; se trata de mantener la estabilidad, no de cambiar las cosas. Es la respuesta de un gestor al apocalipsis. El problema es que confiamos en meros gestores para solucionar estos problemas, y no adoptamos una solución que afecte a otras cuestiones como la desigualdad.

Quizá necesitamos algún plan gigantesco para hacer frente al cambio climático, pero no funcionará a no ser que afrontes el resto de problemas, porque si no, no tendrá ningún sentido para la gente. El problema es que siguen en su burbuja. Si dijesen “si hacemos esto, el mundo va a ir mejor”, tendrían a mucha más gente de su lado. Pero no lo hacen, son gestores, y no entienden nada de emociones. Imagino que habrás leído debates sobre el tema. Son tremendamente técnicos, me desengancho rápidamente. Quiero que me emocionen, quiero que me lleven donde sea. ¡Empiezo a pensar en qué música pondría de fondo si fuesen mis películas!

P. De hecho, en 'HyperNormalisation', utiliza escenas de varias películas sobre el fin del mundo como 'Deep Impact' o 'Godzilla', con la canción 'Dream Baby Dream' de Suicide de fondo. El efecto es curioso, porque resulta totalmente reconfortante…

R. De alguna forma, intentaba mostrar que el apocalipsis hace feliz a la gente. En plan “así era el fin del mundo hace años, así es ahora”. Preferimos verlo en lugar de pensar qué se puede hacer al respecto. Pero esto nos lleva a una pregunta aún más oscura: ¿quieren de verdad los liberales cambiar el mundo? Creo que no, porque para eso, deberían hacerse cargo del poder, y eso es algo que les asusta. ¿O simplemente quieren que los bancos sean un poco más benévolos?

P. En su película expone un mundo falso creado por los políticos, que constantemente cuentan mentiras a sabiendas que la gente sabe que lo son; nunca hay consecuencias. Pero ¿no se ha extendido esta falsedad hasta nuestras vidas íntimas?

R. Esa es una de las razones por las que creo que esto explotará. Nos estamos simplificando a nosotros mismos de dos maneras: por una parte, de una forma narcisista, en Facebook o Instagram (ya sabes que la versión que muestran tus amigos en Facebook no se parece en nada a su realidad); pero a un nivel más profundo, hemos dejado de creer en que podemos utilizar internet para cambiar el mundo. Ahora vemos cosas como la inteligencia artificial y decimos “es como un Dios”, porque sabe más sobre nosotros que nosotros mismos. Hay asombro y terror. Pero si te fijas en qué está ocurriendo realmente, es que estamos siendo simplificados para encajar en estos sistemas. El sistema se romperá cuando nos demos cuenta de que hemos sido extremadamente simplificados.

Los periodistas no saben qué es lo que no sabemos. El problema es que sí saben qué es lo que ya sabemos, y lo explotan


Ahora se escriben muchos libros sobre cómo los robots nos van a sustituir. Creo que es mentira: nos van a convertir en máquinas para que el sistema funcione mejor. Lo que no puede ser explicado matemáticamente son nuestras decisiones morales, y eso es justo lo que estamos evitando. Pero vas a tener que hacerlo, y eso es algo que las máquinas no pueden hacer. ¿Qué es lo mejor? ¿Por qué lo hago?Ahora haces las cosas porque una máquina te dice que lo hagas, pero hay un momento en el que terminarás aburriéndote de que una pantalla te envíe a una cafetería hipster tras otra.

P. ¿Y qué pasa con el periodismo actual? En realidad, ama a tipos como Trump (o el conflicto de Cataluña), porque les hace relevantes, alimenta sus métricas.

R. Es el 'clickbait', ¿verdad? El periodismo siempre ha tratado de contar historias que apelen a la imaginación de la gente. Tiene que ser algo actual, dramático. Ahora mismo se trata de grandes figuras como Trump o Kim Jong-Un. Tengo fe en que el periodismo haya llegado a un punto en el que haya perdido todo contacto con la realidad y tenga que establecer un nuevo modo de relacionarse con el mundo. Mira, la duración de las películas ha aumentado en los últimos años, lo que demuestra que la gente puede concentrar su atención mucho más de lo que pensamos. Pero ahora mismo, los canales de noticias son muy aburridos, porque sabemos qué van a decir. Tengo que reconocer que no leí mucho sobre los Paradise Papers, lo pasé porque dije “ya lo sé”. Si me contase algo que no supiese, lo habría hecho. Actualmente, los periodistas no saben qué es lo que no sabemos. El problema es que sabemos muy bien qué sabemos, y seguimos alimentándolo. Trump o el Brexit sorprendieron a todo el mundo. Estoy esperando que llegue algo que me sorprenda en el periodismo.

Alma, Corazón, Vida

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