NI LA MUERTE LES HACÍA CALLAR

Las frases más memorables que se dijeron justo antes de morir

Las últimas palabras nos fascinan hasta tal punto que esperamos que tengan un significado oculto, casi esclarecedor, sobre la vida del personaje o la propia existencia humana

Foto: El rey del rock también dejó unas últimas palabras para la posteridad. (Wikimedia Commons)
El rey del rock también dejó unas últimas palabras para la posteridad. (Wikimedia Commons)

Me voy al baño a leer”. La frase es de un desmejorado Elvis Presley a la mujer con la que planeaba casarse, la miss Ginger Alden. Ella respondió: “Ok, pero no te quedes dormido”, y dejó la lámpara encendida para que siguiera leyendo al volver, pero nunca lo haría. La mañana siguiente lo encontró tumbado en el suelo, frío y con el rostro enterrado en un charco de vómito. La causa de la muerte fue una mezcla de medicamentos que le provocó una arritmia cardíaca. Desde que se hicieron públicas en 2014, mucho se ha especulado sobre las últimas palabras del rey de rock: ¿qué quería decir? y ¿qué libro estaba leyendo?

Sin duda, la de Elvis fue una frase insignificante en su intensa vida, pero el hecho de que haya sido la última le aporta una trascendencia inigualable. O, al menos, se la damos nosotros, pues las últimas palabras nos fascinan hasta tal punto que esperamos que tengan un significado oculto, casi esclarecedor, sobre su vida o la existencia humana. Poco importa si la frase surgió del ingenio o si los testigos allí presentes fueron creativos a la hora de parafrasearla, pues el caso es que nos llegan a nosotros como un eco aclaratorio de su paso por el mundo.

Así muere un patriota: "Estoy tan satisfecho con la causa en la que me he enrolado que solo lamento no tener más vidas que ofrecer a la misma"

Las hay punzantes, extrañas, emotivas, enternecedoras, graciosas, modestas e improvisadas, pero ante todo son memorables. Quizá Elvis, a quien la muerte le pilló por sorpresa, no la hubiese escogido como epílogo para su vida. No obtante, otros tuvieron más tiempo para pensarla… Aquí va nuestro particular ránking:

Cicerón

(Wikimedia Commons)
(Wikimedia Commons)

El nombre de uno de los más grandes oradores de la antigüedad encabezaba la lista negra del triunvirato formado en el año 43 por Octaviano, Marco Antonio y Lépido. Cuando se enteró, intentó huir de Roma, pero fue descubierto y asesinado en plena calle, donde le cortaron la cabeza: “No es nada adecuado lo que estás haciendo, pero trata de matarme adecuadamente”, le dijo a su verdugo. Su cabeza y sus manos se expusieron en público, como castigo ejemplar.

María Antonieta

(Wikimedia Commons)
(Wikimedia Commons)

El día de su ejecución, mientras el pueblo entero la abucheaba e insultaba en la que hoy se conoce como la plaza de la Concordia de París, la reina se tropezó subiendo al cadalso y pisó al verdugo que estaba a punto de guillotinarla: “Disculpe, señor, no lo hice a propósito”.

Nathan Hale

Estatua del capitán Nathan Hale. (Wikimedia Commons)
Estatua del capitán Nathan Hale. (Wikimedia Commons)

Las últimas palabras de Hale todavía ponen la piel de gallina a los más patrióticos. Se cree que el oficialmente reconocido como “héroe del estado de Connecticut” dijo antes de ser ejecutado por los británicos en plena Guerra de Independencia: “Solo lamento tener una única vida que perder por mi país”. Otros historiadores cambian la frase, aunque no el sentimiento patrio: “Estoy tan satisfecho con la causa en la que me he enrolado que solo lamento no tener más vidas que ofrecer a la misma”. Sea como fuere, sus palabras han representado el espíritu de la revolución americana durante más de 200 años.

Jane Austen

Nuevo billete de 10 libras, con el rostro de Austen. (Reuters)
Nuevo billete de 10 libras, con el rostro de Austen. (Reuters)

Este verano se cumplieron 200 años de la muerte de Jane Austen. Falleció a los 41 años y la causa de su fallecimiento ha estado relacionada con el cáncer, el lupus, la tuberculosis o la enfermedad de Addison, siendo esta última la hipótesis más plausible. Sin embargo, el misterio no está ni mucho menos cerrado y, coincidiendo con el aniversario, la responsable de manuscritos y objetos de la Biblioteca Británica, Sandra Tuppen, aseguró que había muerto envenenada por arsénico, aunque de una forma accidental. Su sobrino James Edward Austen-Leigh escribe sus memorias sus últimos momentos: “Cuando finalmente llegó el final, se hundió y cuando le preguntaron si quería algo, su respuesta fue: 'Nada más que la muerte'”.

George Patton

El general Patton es recibido por la ciudad de Los Ángeles tras la IIGM. (Reuters)
El general Patton es recibido por la ciudad de Los Ángeles tras la IIGM. (Reuters)

La muerte del general en diciembre de 1945 es uno de los mayores misterios que aun perduran de la época de la Segunda Guerra Mundial. Patton regresaba de una cacería de faisán cuando un camión del ejército se le cruzó en su camino. Paralizado desde cuello hasta los pies, le llevaron al hospital de Heidelberg: “Qué forma tan absurda de morir”, le dijo a su acompañante.

Winston Churchill

El hombre que murió aburrido. (Reuters)
El hombre que murió aburrido. (Reuters)

El líder británico no murió solo. Lo hizo rodeado de familiares y amigos que, según ha revelado Celia Sandys, nieta de Churchill y única persona viva que estuvo con él durante los últimos instantes, se olían que el final no se retrasaría mucho. No solo por su estado de salud, que había empeorado considerablemente, sino porque el estadista estaba convencido de que moriría el mismo día que su padre, un 24 de enero. Y acertó. Según relata el biógrafo Sebastian Haffner, sus últimas palabras antes de apagarse para siempre fueron: “Estoy tan aburrido de todo...”.

Billy el Niño

(Wikimedia Commons)
(Wikimedia Commons)

A muchos quizá les sorprenda pero Billy The Kid o, mejor dicho, Billy el Niño hablaba español. De hecho, y a pesar de llevar más de 30 años de ocupación norteamericana, la zona en la que se hizo famoso era profundamente hispana. Tanto es así que sus últimas dos frases fueron en español: “¿Quiénes son?” y “¿Qué hacen esos hombres ahí fuera, don Pedro?”.

James French

Fue condenado a la silla eléctrica por dos cargos de asesinato. En 1985, French secuestró y mató a un motorista. Tras su detención, estranguló a su compañero de celda en la cárcel. En el momento de su ejecución, le espetó a los periodistas allí presentes: “Ey, muchachos. ¿Qué tal este titular para el periódico de mañana? 'Patatas fritas'?”. En inglés paratas fritas se dice “french fries”, que también significaría 'Frech (su apellido) se fríe'”.

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