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LA UNIÓN DE ECONOMÍA Y PODER

La mujer que está plantando cara a quienes mueven los hilos con una nueva táctica

La recuperación de viejas coordenadas políticas por parte de la senadora estadounidense Elizabeth Warren añade una dimensión más a los combates ideológicos. Vuelve el antitrust

Foto: Elizabeth Warren. (Brian Snyder/Reuters)
Elizabeth Warren. (Brian Snyder/Reuters)

Dentro del partido demócrata estadounidense, las tensiones son claras. Como ocurre con todas las formaciones que vienen de resultar derrotadas, hay diferentes lecturas internas sobre qué hacer en el futuro, cómo ir articulando nuevas opciones y quiénes deberían encarnarlas. En realidad, hay dos tendencias. La primera es la que encarna el partido demócrata oficial, ese que cree que perdieron las elecciones por culpa de los rusos, que las filtraciones les hicieron daño y que la posverdad fue su mayor enemigo; que si los paletos estadounidenses no se hubieran dejado engañar burdamente, Clinton estaría al frente de la Casa Blanca. La otra es la que está trabajando en el futuro. Sanders, por más que su edad sea avanzada, ha generado un movimiento importante, que tendrá su influencia en el futuro. Pero es la senadora Elizabeth Warren quien está abriendo un nuevo frente económico-político.

Warren, una ex profesora de Harvard que supervisó la creación de la Oficina de Protección Financiera del Consumidor bajo la administración de Obama, está realizando una tarea fundamentalmente reconocida entre las clases perdedoras en este cambio de ciclo económico, la trabajadora y la media en declive. Warren ha sido la senadora que con más ahínco ha peleado contra las grandes firmas, y sus interrogatorios en el Congreso son bien conocidos. Y muestra un carácter combativo que hace que incluso los suyos le tengan miedo, como declaró el el excongresista Barney Frank. “Ningún demócrata quiere que Warren sea crítica con él”.

El poder, en máximos

En esa batalla, Warren se ha apoyado en ideas de la tradición progresista estadounidense, que fueron muy comunes hace más de un siglo, cuando dieron lugar a finales del XIX al People's Party, y que hoy están resucitando con mucha fuerza. Es una nueva versión de la eterna lucha del hombre común contra el poder, ahora encarnado en unas grandes empresas que cuentan con una capacidad de acción inusitada. Sectores muy amplios de la economía de su país están dominados por monopolios y oligopolios y las consecuencias son muy perniciosas. Para los antimonopolistas contemporáneos, la concentración no es una cuestión económica, sino de poder; y cuando este se halla en pocas manos, el resultado es siempre lesivo para el conjunto de la sociedad.

Las grandes empresas son ahora mucho más poderosas e intrusivas y disponen de más información que nunca

Esta es la perspectiva que ha acogido Warren. En una reciente entrevista que publicamos en El Confidencial, Barry C. Lynn, una de las caras visibles de las luchas antimonopolio, señalaba que “las grandes empresas son ahora mucho más poderosas, intrusivas y disponen de más información que ninguna otra compañía o 'lobby' al que nos hayamos enfrentado antes”, sintetiza Lynn. Como describe en su último libro, 'Cornered', no estamos ante una cuestión económica, ni ante un problema de funcionamiento del mercado, sino en un entorno que tiene una influencia social absolutamente decisiva. “Es esta clase de poder el que hace tan difícil que los nuevos pequeños negocios tengan posibilidad de triunfar, el que explica por qué tantos trabajos se han deslocalizado, por qué ocurren las externalizaciones, por qué los precios de los medicamentos aumentan, por qué no se pueden introducir energías limpias, por que la calidad de la comida es peor, por qué los beneficios de las grandes empresas y la remuneración de sus directivos sigue aumentando mientras que los clientes y proveedores sufren, y por qué los poderosos son cada vez más poderosos”. Para Lynn, cómo nos alimentamos y vestimos, cuáles son las actividades con las que nos entretenemos, dónde trabajamos y por cuánto y cuáles son las formas en que nos autodisciplinamos son cuestiones que deciden un conjunto reducido de personas que observan a los ciudadanos como si fueran súbditos que deben pagar su tributo a los señores.

Los límites al poder

Esta idea se convierte así en un camino intermedio entre las propuestas de Ralph Nader, el eterno candidato a la presidencia, y Sanders. Más allá de la insistencia en los recortes en educación, sanidad y demás, la congresista ha añadido otro elemento al tablero de juego, que engancha con problemas cotidianos de una ciudadanía que percibe no sólo como es preciso un control mucho más estrecho de Wall Street, sino acciones concretas que impidan los continuos abusos. Las condenas a Wells Fargo, Volkswagen o Equifax, por citar algunas recientes, han subrayado cómo los límites legales son subvertidos por aquellas firmas que tienen el poder suficiente, y que por tanto es necesario un poder fuerte que pueda sancionar y controlar que el contrato social siga vigente.

Dieron de alta más de 500.000 tarjetas de crédito sin conocimiento de sus titulares para cobrarles las comisiones y cumplir con los objetivos

El caso Wells Fargo es significativo. Wells Fargo, uno de los mayores bancos estadounidenses, ha sido sancionado por las autoridades federales con una multa de 185 millones de dólares. Sus empleados abrieron más 1.500.000 cuentas de depósito y dieron de alta más de 500.000 tarjetas de crédito sin conocimiento de sus clientes con el propósito de poder cobrar las comisiones y así cumplir con los objetivos impuestos. Según la fiscalía de Los Ángeles, la empresa imponía unas normas muy estrictas respecto de los objetivos que sus trabajadores debían alcanzar, y sus directivos presionaban intensamente para lograrlos. Expresiones como “vais a terminar trabajando en McDonald's”, las actitudes degradantes, las broncas y los castigos, entre ellos algunos preescolares, como el obligar a quienes no habían alcanzado los objetivos a que se quedasen trabajando más allá de la jornada laboral o a tener reuniones los sábados, eran muy frecuentes. De modo que los empleados hicieron lo que la empresa les pedía: dar resultados y cumplir los objetivos. Aunque fuera por un camino ilegal. Pero después del escándalo y las sanciones, siguieron investigando y encontraron aún más irregularidades: había tres millones y medio de cuentas falsas. Pero, a pesar de todo, el CEO de Wells Fargo seguía en su puesto, y la única que fue capaz de enfrentarse con él pidiendo expresamente su despido fue la senadora Warren.

Los contribuyentes están pagando impuestos solo para que Walmart siga ganando dinero y sus accionistas incrementen sus beneficios

No se trata solamente de una cuestión de precios o de abusos, sino de sistema. Como explica Warren, los problemas van mucho más allá. Analizando el caso Walmart, señala que ha concentrado un porcentaje de mercado muy elevado, y que en las grandes ciudades su cuota es del 50%. Eso significa que el resto de tiendas, y especialmente las pequeñas, no pueden competir. Es además una firma famosa por sus salarios escasos. Y como sus proveedores también se ven obligados a bajar sus precios para hacer frente a las presiones de la cadena, reducen, además de las calidades, los salarios de sus empleados. Estos trabajadores pobres recurren a los servicios del Estado para que les ayude y el resultado final es que 6.000 millones de dólares anuales se destinan a cubrir las necesidades de los asalariados de Walmart que están en situación de pobreza porque lo que ganan no les da para vivir. Como afirma Warren, los contribuyentes estadounidenses deben pagar más impuestos para que Walmart siga ganando dinero y sus accionistas vean incrementar sus beneficios. Este es el tipo de círculo vicioso que produce el mercado actual.

Quién maneja los hilos

Lo peculiar es que Warren no es una enemiga de los mercados, ni una socialista que abogue por un Estado planificador, sino que cree en la competencia, algo típicamente liberal. Pero precisamente por esas convicciones aboga por luchar contra las grandes corporaciones que están al frente del poder económico y el del político. Esta idea, además, está arraigada en EEUU, porque su populismo del siglo XIX, que sentó las bases de muchas de las decisiones económicas que tomaron los dos presidentes Roosevelt, y que incorporó definitivamente Franklin Delano en el New Deal, estaba basado en la lucha contra los grandes monopolios que habían comprado a la política y habían convertido la constitución americana en papel mojado. Esos tiempos han vuelto con más fuerza que nunca, advierten los antimonopolistas.

La vía emprendida por Warren tiene enormes posibilidades de triunfar en EEUU. Quizá se extienda

Sin duda, esta perspectiva es diferente de la europea, dominada todavía, en lo que se refiere a la izquierda, por el marco de pensamiento socialdemócrata de las últimas décadas, que ven las fusiones como necesarias para competir en el campo global y que creen que basta con generar más impuestos para devolver a la sociedad lo que los grandes negocios ganan. Pero esta perspectiva tiene enormes dificultades hoy, por la globalización, la capacidad de las corporaciones para declarar sus impuestos en paraísos fiscales, por la presión de los negocios para reducir el estado del bienestar y por la conversión de los impuestos mismos en parte de los subsidios que se otorgan a las empresas, sean las financieras o las productivas. La vía emprendida por Warren tiene enormes posibilidades en EEUU. Quizá se extienda.

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