TENDENCIAS OPUESTAS PERO COMPLEMENTARIAS

El porno e Ikea: dos grandes ejemplos de por qué la gente trabaja más y gana menos

Dos sectores en apariencia tan distintos comparten algunos rasgos que nos permiten entender cuál será el futuro de determinados sectores profesionales. Y no parece bueno

Foto: Este es el futuro. ¿Quién sale perdiendo? (iStock)
Este es el futuro. ¿Quién sale perdiendo? (iStock)

A menudo se ha utilizado la industria pornográfica, una excepción significativa dentro de las culturales, como un buen ejemplo de lo que nos depara en el mundo laboral. Su carácter 'sui generis' ha provocado que muchos de los cambios en las tendencias laborales hayan sido adoptados antes por ella. De ahí que desde hace años se hable de una crisis de sueldos y de estructura de producción y distribución que desde entonces se ha agravado, y donde influyen factores que terminan afectando tarde o temprano a otros sectores. Por decirlo de otra manera, Pornhub ya hizo con las productoras porno lo que Amazon ha hecho con las tiendas.

Lo sintetiza muy bien el escritor y periodista Jon Ronson, autor de 'Humillación en las redes' (Ediciones B), en una entrevista en 'Vox' a propósito de su nuevo proyecto: una serie de podcasts llamada 'The Butterfly Effect' en el que habla “sobre porno, pero también sobre otras cosas”. En principio, la serie parte de una suculenta idea –uno puede enriquecerse con muy pocos medios haciendo porno–, pero también ofrece un correlato más negativo, que implica que para que unos tantos puedan aprovechar este nuevo contexto, otros (una cantidad probablemente mayor que la de los nuevos ricos) han de salir perdiendo.

Los que enriquecen con los contenidos eróticos son “los que no han puesto un pie en un plató en sus vidas, esa gente que parece más respetable”

“Un montón de gente está ganando mucho menos dinero y trabajando mucho, mucho más para poder cobrar”, explica a propósito del significativo declive de ingresos que ha experimentado la industria en los últimos años. “Al mismo tiempo, la gente que está al cargo de Porhub están ganando tanto dinero que no saben qué hacer con él”. El cambio de paradigma es semejante al de otros entornos como el del taxi (Uber), el alquiler de pisos (AirBnb) o el comercio online (Amazon). Los que se están enriqueciendo son “los que no han puesto un pie en un plató en sus vidas”, que se dedican a diseñar los algoritmos y mantener la plataforma. Una “gente respetable” que no tiene nada que ver con el producción de contenidos y, que, por lo tanto, tampoco tiene que aguantar el estigma asociado a él.

Ronson apunta hacia la desaparición de una industria en la que cada vez resulta más difícil la profesionalización, y que cada vez produce menos nuevos contenidos. “Muchos actores porno han tenido que recurrir a la prostitución para pagar el alquiler”, recuerda el escritor. “Cada vez más productores tienen que cerrar el negocio”. El panorama que pinta es poco halagüeño a medio plazo, tanto para unos como para otros. Para los antiguos creadores de contenidos, porque han tenido que bajar el listón para poder seguir manteniéndose, y para el resto, porque acaparar la distribución puede servir durante un tiempo, pero que necesitan nuevos productos para conseguir que la máquina siga corriendo. ¿O quizá no?

Ikea: externalizar, comprar, subcontratar

La respuesta puede encontrarse en otra industria muy diferente. La de los muebles, que ha sido acaparada por el gigante sueco Ikea durante las últimas décadas. El secreto de su éxito ha tenido poco de secreto, valga la redundancia. Como ocurre más o menos con otras firmas que han arrasado como Zara, ofrece diseño de primer nivel a precios bajos, algo que solo es posible gracias a una estrategia 'low cost' en la que el cliente es el que ensambla los muebles. Esta fórmula 'do it yourself' permite abaratar los costes de producción y acostumbrar al comprador a asumir un trabajo que hasta entonces no tenía que hacer. Al fin y al cabo, su lema siempre ha sido “juntos ahorramos dinero”.

La nueva decisión de Ikea le otorga una importante ventaja competitiva, ya que diversifica su negocio ofreciendo más pero sin asumir los costes

Así visto, la última decisión que la cadena sueca ha tomado podría parecer un paso atrás, ya que consiste en adquirir TaskRabbit, una startup de Silicon Valley que conecta al cliente con trabajadores “manitas” que se ofrecen a solucionar problemas cotidianos, entre los que se encuentra, cómo no, montar los muebles adquiridos en Ikea. Pero hay un factor sustancial que marca la diferencia. Ikea no ha creado un departamento de ensamblaje, sino que ha diversificado su negocio introduciendo la posibilidad de que el comprador pueda disponer de forma externa de los servicios de los 60.000 autónomos apuntados a TaskRabbit en 40 ciudades de EEUU.

En otras palabras, es una zambullida en la 'gig economy' de tal manera que al final se obtiene lo mismo, pero de otra manera (más barata para la empresa y peor para el trabajador). Si antes el fabricante de muebles debía montar el producto y proporcionar asistencia desde su estructura fija, ahora el negocio es doble. Por una parte, producir el mueble y, por otra, ofrecer la posibilidad de montarlo a través de un tercero que, para más inri, no disfruta de los beneficios de ser un empleado convencional de la compañía. Como recordaba 'The Wall Street Journal', esta es una importantísima ventaja competitiva para Ikea, que debido a su posición acapara este nuevo mercado.

La nueva estrategia del gigante azul y amarillo. (Reuters/Neil Hall)
La nueva estrategia del gigante azul y amarillo. (Reuters/Neil Hall)

Hay un último factor decisivo en este movimiento, y es que TaskRabbit permite conocer muy bien al cliente que solicita sus productos, algo que Ikea desconoce en lo que respecta a los servicios asociados con las tareas del hogar. Es algo similar a lo que ocurre con Pornhub, cuya ventaja competitiva respecto a las productoras es que, por su propia naturaleza, es capaz de conocer mucho mejor los gustos de los visitantes de la página gracias a la información que recaban, por lo que resulta más fácil ofrecer un producto a su medida. Si, como asegura Ronson, las alternativas son o desaparecer o “desplazarse hacia gustos y fetiches de nicho”, quien tiene la capacidad de personalizar sus servicios porque conoce al cliente tiene el poder.

Los cinco jinetes del Apocalipsis

Un reportaje publicado en 'Alternet' hace unos años recordaba que la mayoría de expertos coincide en cinco factores que explican la crisis de la industria pornográfica. Desde entonces hemos visto cómo muchos de ellos podían aplicarse a otros sectores, no tan solo de la industria del entretenimiento. Es posible, por ejemplo, que los problemas del 'copyright' o la abundancia de páginas “gratis” tan solo afecte a estas (aunque también debemos recordar que muchas firmas de moda explotan, cuando no directamente plagian, los diseños de otras más caras), pero otros tienen su eco en otros ámbitos.

No me aprendo los nombres de los actores porno porque es como matar a un animal: si tiene nombre luego te da pena comértelo


Se trata de la pérdida de poder adquisitivo a nivel global y, junto a ella, el boom de las alternativas 'low cost' que ofrecen productos un poco peores a un precio mucho más bajo. Desde Ryanair a Primark, estas alternativas han funcionado en el corto plazo aprovechando las necesidades económicas del consumidor. Como recordaba el periodista, es muy difícil (o imposible) competir con algo que es gratis, puesto que el argumento esgrimido –“perjudicas a los trabajadores”– suele ser inútil. Una de las chicas aficionadas al porno que entrevistó dijo que nunca se aprendía los nombres de los actores porque “es como cuando matas a un ciervo, si le pones nombre luego no puedes comértelo”.

Aún más llamativo es lo que el reportaje identificaba como “la facilidad de producir vídeos DIY ('do it yourself') amateur”, en cuanto que utiliza la misma terminología que la propia Ikea. El primer paso, por lo tanto, es hacer desaparecer la frontera entre cliente y creador; si en la tienda de muebles el comprador ha de asumir una parte del proceso de la que tradicionalmente se había encargado la propia empresa, en el porno es el propio espectador quien se convierte en creador de contenidos. Como recuerda Ronson, lo que ocupará el espacio de esos contenidos en desaparición es “porno amateur en teléfonos móviles”. El segundo paso es más peligroso para millones de personas: la asunción por parte de no profesionales o trabajadores precarios de ese trabajo, ya sea hacer el amor delante de la cámara o interpretar el rol de manitas.

Alma, Corazón, Vida

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