ENEMIGO PÚBLICO Nº1

Tomé mucho azúcar durante 12 semanas y esto es lo que pasó

Pese a la creciente evidencia de que el azúcar causa muchos problemas de salud, España continúa siendo uno de los países europeos donde más se consume

Foto: Lo sabemos: dejar los dulces no es fácil. (iStock)
Lo sabemos: dejar los dulces no es fácil. (iStock)

El último, lo prometo. Bueno, un pastelito más no le hace daño a nadie. Total, un día es un día, ¿no? Nuestro cuerpo nos pide azúcar porque, según sugieren los científicos, juega un rol vital en nuestra supervivencia. El sentido del gusto ha evolucionado para que codiciemos esas moléculas esenciales y, sin embargo, en ciertas sociedades se ha convertido en el foco de un problema que ya alcanza dimensiones de epidemia.

Primero fueron las calorías. Luego la grasa. Y ahora estamos en guerra con el azúcar, nuestro enemigo dietético número uno. Mientras que el consumo mundial del segundo se ha mantenido más o menos estable en los últimos 60 años, el de azúcar se ha triplicado y las consecuencias ya se están haciendo notar: aumento descontrolado de los casos de obesidad, diabetes e incluso algunos tipos de cáncer. Tanto es así que el principal divulgador científico de la materia, Gary Taubes, argumenta que deberíamos entender (y regular) el dulce como algo tóxico, al igual que los cigarrillos o el alcohol.

El futuro será difícil, sobre todo teniendo en cuenta la prevalencia del hígado graso en niños y adolescentes

En España, los datos de consumo de azúcar son menores que en el país de Taubes, Estados Unidos. Aun así, el nacional está entre los más altos de Europa, con un 16% de las calorías diarias. Para que nos hagamos una idea, la OMS recomienda limitarlo a menos del 5%. Y en este contexto, en el que las dietas altas en azúcar abundan en los países industrializados, cada vez surgen más evidencias científicas de la necesidad de cambiar nuestros hábitos.

Consumimos mucho más de lo recomendable. (iStock)
Consumimos mucho más de lo recomendable. (iStock)

La última llega desde la Universidad de Surrey, en Inglaterra. Según el estudio publicado en la revista 'Clinical Science', una dieta alta en azúcar aumenta de forma considerable el riesgo de desarrollar una enfermedad cardiovascular, incluso en personas saludables. Para llegar a esta conclusión fue necesario el análisis minucioso durante 12 semanas de la evolución de los 25 voluntarios. Después dividieron a los 25 en dos grupos, ya que la mitad tenía problemas de grasa (padecía esteatosis hepática no alcohólica, la enfermedad del hígado graso, que puede ocasionar dificultades cardíacas) y les hicieron seguir a todos dos dietas diferentes: mismas calorías, pero distintos niveles de azúcar para cada una.

El azúcar afecta a todos

La primera dieta consistía en ingerir 650 calorías de azúcar cada día y la segunda seguía los estándares recomendados, no más de 140. Cuando podían darse el capricho de comer dulces, tuviesen o no problemas de grasa, engordaron unos cinco kilos. Y cuando estuvieron limitados, los perdieron. En el primer caso, la probabilidad de que se acumule la grasa en la sangre de aquellos con esteatosis hepática aumentó de forma considerable, incrementando así el riesgo de enfermedades cardíacas y accidentes cardiovasculares.

Una dieta alta en dulces podría poner en riesgo la salud de tu corazón, incluso si no tienes la presión arterial o el colesterol altos

No obstante, lo que más sorprendió a los investigadores es que aquellos sin la afección hepática también tendían a aumentar la grasa en su hígado: “Una alta ingesta de azúcares en estos individuos más saludables produce los mismos tipos de cambios metabólicos vistos en el otro grupo”. El descubrimiento sugiere que una dieta alta en galletas, bollería y refrescos podría poner en riesgo la salud de tu corazón, incluso si no tienes los factores de riesgo como la presión arterial alta, problemas con el colesterol o diabetes.

“Mientras que la mayoría de los adultos no consumen los altos niveles de azúcar que utilizamos en este estudio, algunos niños y adolescentes pueden alcanzarlos a través del exceso de bebidas azucaradas y dulces. Esto plantea un escenario preocupante para el futuro de la población más joven, especialmente teniendo en cuenta la prevalencia del hígado graso en niños y adolescentes y el aumento exponencial de las enfermedades hepáticas en adultos”.

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