UN FACTOR QUE NO TENÍAMOS EN CUENTA

El auge del sexo fuera del matrimonio entre las parejas de mediana edad

La sociedad puede parecer más infiel en general, pero entre todos los grupos sociales, hay uno que destaca de entre el resto, y no son ni los mayores ni los más jóvenes

Foto: Nunca es tarde si la dicha es buena. (iStock)
Nunca es tarde si la dicha es buena. (iStock)

La infidelidad es tan vieja como el ser humano. O, mejor dicho, como el instante en el que surgió la monogamia como un pacto por el cual las relaciones sexuales debían quedar limitadas a la pareja. Si no hay límites que traspasar, no hay adulterio. El papel que ello ha jugado en la sociedad, no obstante, evoluciona con el tiempo. Los 'millennials', por ejemplo, parecen ser menos infieles que sus padres, a pesar de que tienen muchas más posibilidades para ello. O, quizá precisamente por eso: parece algo menos emocionante.

Una encuesta recientemente publicada por la Universidad de Utah presenta otra realidad: desde principios de la pasada década, la cantidad de sexo extramarital se ha disparado, pero tan solo en un grupo de la población muy determinado, la mediana edad. En concreto, aquellos que tenían entre 50 y 70 años, y que habían estados casado entre dos y tres décadas. En España, la encuesta de Actitudes y Prácticas Sexuales publicada en 2008 por el CIS cifraba en un 17,2% el porcentaje de “infieles”: un 9,2% lo había hecho más de una vez, y un 8%, tan solo una.

El hecho de que se hable de “sexo fuera del matrimonio” y no de “infidelidad” implica que muchas de estas nuevas relaciones son aceptadas

¿Qué está pasando para que se esté produciendo este aumento, al menos en EEUU, aunque sus circunstancias quizá sean fácilmente exportables? Por una parte, cabe valorar factores habituales como el desencanto, la desilusión, el aburrimiento, la monotonía o los conflictos de pareja. También, la crisis de mediana edad que empuja a repentinos cambios de vida. Conviene no descartar el auge de la infidelidad entre las mujeres para explicarlo, una consecuencia de su independencia económica.

Otra posibilidad es que haya que entrecomillar “infidelidad”, como hemos hecho previamente. Es lo que sugiere el doctor Douglas LaBier en una interesante lectura de los resultados en 'Psychology Today'. El hecho de que se hable de “sexo fuera del matrimonio” y no de “infidelidad” implica que es posible que muchas de estas nuevas relaciones sean conocidas, aceptadas e incluso fomentadas. Ahí se encuentra quizá la diferencia: en la actitud de esta generación respecto a las relaciones sexuales y la fidelidad.

Los 'baby boomers' se hacen mayores

Los nuevos infieles nacieron entre principios de los años 50 y los 70 (o, entre los 40 y 60 si la encuesta se realizó hace una década). Es decir, en los años en los que se produjo la revolución sexual y las nuevas maneras de entender el amor comenzaron a extenderse. Ello ha provocado que su forma de enfrentarse a las relaciones extramatrimoniales al hacerse mayores sea muy diferente a la que mantuvieron sus padres, cuyas reacciones eran mucho más conservadoras, tanto en lo que respecta a sus relaciones como a la hora de confesarlas.

Si te has criado en un entorno en el que se da por hecho que vas a tener muchas relaciones, es mucho más difícil renunciar a ellas por completo

Ya lo recordaba el profesor Nicholas H. Wolfinger de la Universidad de Utah a propósito de su investigación: “Hay muchas más cosas que entran en juego aparte de la duración del matrimonio y de las crisis de la mediana edad”, señala el autor. “Los americanos de mayor edad también crecieron al mismo tiempo que se produjo la revolución y sexual y, a lo largo de su vida, han tenido muchas más parejas sexuales”. Parece razonable. Si te has criado en un entorno en el que se da por hecho que vas a tener muchas relaciones, es mucho más difícil renunciar a ellas por completo que si desde pequeño has sido criado para pasar toda tu vida con una única persona.

“El impacto de estas experiencias culturales y sociales probablemente ayudaron a suavizar el tabú sobre las relaciones sexuales fuera del matrimonio para mucha gente, y esa actitud se ha extendido a su edad adulta”, añade LaBier. Este talante también está contribuyendo a cambiar otros estereotipos de la madurez. Por ejemplo, cada vez se producen más matrimonios en la Tercera Edad, ya que la presión para mantenerse juntos toda la vida es menor. Pero también los divorcios: según las cifras del Imserso, entre 2011 y 2015 el número de separaciones se incrementó un 144% en España.

Hasta que la muerte nos separe. O un poquito antes. (iStock)
Hasta que la muerte nos separe. O un poquito antes. (iStock)

Esta apertura de miras ha provocado que las motivaciones y razones por las que se tienen aventuras sean muy diferentes. No se trata únicamente de obtener una satisfacción sexual que no podía hallarse en otro contexto, sino que en algunas ocasiones puede llegar a ser saludable para la propia coexistencia en el matrimonio. Como hemos explicado en alguna ocasión, el sexo fuera del lecho conyugal puede servir como herramienta de autodescubrimiento o para relajar la dependencia emocional respecto a una única persona.

Nuevos tiempos, nuevas fórmulas

El psicólogo apunta otra razón por la que estas costumbres pueden estar cambiando, y es la influencia de generaciones más jóvenes, que han encontrado nuevos modelos de convivencia que pueden haber empezado a ser adoptados por sus padres. Entre ellas se encuentra, por ejemplo, el poliamor (varias parejas al mismo tiempo), pero también la cohabitación sin estar casados legalmente, así como la aparición de nuevos modelos de familia.

Cada vez hay una aceptación mayor de que tu pareja, aunque te quiera, puede querer estar con otras personas a lo largo de su vida

Entre todas ellas hay una que llama poderosamente la atención, y son las relaciones no monógamas consensuadas, una fórmula que suele confundirse con el poliamor. LaBier recuerda que es un modelo que estarían dispuestos a aceptar el 40% de los hombres y el 25% de las mujeres, pero, independientemente de los datos exactos, muestra una predisposición a aceptar que nuestra pareja, por muy enamorados que podamos estar de ella, puede desear estar con otras personas a lo largo de su vida. “Todos estos cambios siguen penetrando en la cultura y probablemente contribuyen a una mayor predisposición entre las personas de mediana edad por probar con nuevas formas de conexión”, señala el psicólogo.

No está muy de acuerdo Wilfinger en ello, que señala que los datos muestran más bien que el futuro es monógamo, aunque “las semillas plantadas por la revolución sexual vayan a seguir dando sus frutos entre los americanos de mayor edad”. Poliamor o monogamia, aún está por ver. Lo que parece más o menos claro es que cada época tiene sus usos y sus costumbres, y a menudo son mucho más complejas de lo que pueda parecer a simple vista.

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