El caso de Stanwood Elkus

Un médico acabó con su potencia sexual. Él se vengó 21 años después

Tras una operación con funestas consecuencias, la vida de un veterano de guerra comenzó su descenso a los infiernos. Su obsesión por su cirujano acabó en tragedia

Foto: Stanwood Elkus en el momento de su detención. (Oficina del Sheriff del Condado de Orange)
Stanwood Elkus en el momento de su detención. (Oficina del Sheriff del Condado de Orange)

Como cualquier otro día, un nuevo paciente acudía a la consulta del doctor Ronald Gilbert en el Hoag Health Center de New Davenport (California). Era enero del año 2013 y un extravagante detalle destacaba en aquel sujeto casi octogenario: las tres chaquetas que llevaba puestas. ¿Una excentricidad propia de sus años? En el ordenador, su ficha médica decía que aquel hombre se llamaba Allen Gold. Pero Allen Gold no era nadie, solo un nombre falso dado por un individuo que ocultaba bajo su particular vestimenta una pistola semiautomática.

Vista desde la perspectiva del tiempo, la situación parece grotesca: ¿qué llevaba a un anciano a acudir con un arma a su cita con el urólogo? Solo ahora conocemos la respuesta.

Se le había diagnosticado una estenosis uretral. Un estrechamiento anormal del conducto que conecta la vejiga con el exterior

El sujeto que decía llamarse Allen Gold era en realidad Stanwood Elkus, un barbero retirado. Entre Elkus y Gilbert existía una conexión. Todo ocurrió en otro centro médico 21 años atrás. 252 meses en total, más de 7.600 días después de aquel encuentro, Elkus estaba dispuesto a concluir, en ese instante, la venganza que desde aquel entonces había programado.

La génesis del odio

Los dos protagonistas de esta historia se conocieron en 1992 en un hospital de veteranos de Long Beach (California). Allí, el joven doctor Gilbert ejercía como residente donde entrenía también a sus pacientes con sus habilidades al piano. Su carácter social y abierto facilitó una afable relación con uno de ellos, Elkus, quien había prestado sus servicios en el ejército como marine.

El fiscal Matt Murphy explicaba en una rueda de prensa el pasado lunes 18 de septiembre lo que había sucedido en aquella época. Por aquel entonces, Elkus contaba 54 años y se le había diagnosticado una estenosis uretral, es decir, un estrechamiento anormal del conducto que transporta la orina desde la vejiga al exterior.

Sentía que le habían engañado para que le realizaran una operación que probablemente no necesitaba

Poco después de ser operado, comenzaron los problemas. La intervención no detuvo los dolores que Elkus refería. Aparecieron además otros importantes trastornos como la incontinencia urinaria. Su vida sexual acabó dando un vuelco. No tenía erecciones y, lo peor de todo, su prometida lo acabó abandonando, a pesar de que tenían pensado casarse en breve.

Glenn Gilbert, hermano de Ronald, explica a 'Los Angeles Times' que la culpa de estas anomalías las había causado el propio Elkus: “La cirugía de la que se quejaba fue ejecutada con éxito, sin embargo, fue él mismo el que generó su propio problema por su insistencia en alterar el protocolo postoperatorio”. El fiscal constata la versión del hermano al asegurar que poco después de la intervención Elkus se presentó en el hospital solicitando que se le retirara el catéter que temporalmente se le había instalado.

Si el asesino quería matar al responsable de sus males debería haberse mirado al espejo y dispararse a sí mismo

Ronald Gilbert formaba parte del equipo que llevó a cabo la operación, pero a pesar de no ser el único responsable, todo el rencor de Elkus se volcó desde entonces en su persona. Desde 1992 a 2010, el ex marine y barbero jubilado fue cayendo en una espiral que le condujo a la locura. Lo demuestran las cartas que escribió al Departamento de Veteranos de Guerra del gobierno de los Estados Unidos en las que mostraba su profundo odio hacia la profesión médica.

¿Psicosis o crimen premeditado?

Tras buscar a Gilbert durante años, finalmente acabó dando con él. El médico había adquirido prestigio y dinero, fundando incluso una empresa farmacéutica junto a su mujer.

A las 2 de la tarde del 28 de enero de 2013, Elkus fue llevado por una enfermera a una sala para ser examinado. Allí esperó con calma la llegada del cirujano. Nada más aparecer por la puerta le descerrajó 10 disparos con su Glock 21 de calibre 45. Tan próxima estaba el arma de la víctima que varias balas acabaron atravesando su cuerpo. “Sabía muy bien lo que estaba haciendo” declaró el fiscal. Elkus abrió la puerta y aún con la pistola en la mano pudo pedir ayuda: “¡Estoy enfermo, llamen a la policía!”.

La víctima, Ronald Gilbert. (Youtube)
La víctima, Ronald Gilbert. (Youtube)

La abogada defensora Collen O’Hara solicitó durante el juicio que su cliente fuera absuelto señalando que sufría depresión, demencia, deterioro de los lóbulos frontales de su cerebro y pérdida de inhibición causada por un tratamiento con el ISSR Lexapro: “Sentía que le habían engañado para que le realizaran una operación que probablemente no necesitaba”.

"Si el asesino quería matar al responsable de sus males debería haberse mirado al espejo y haberse disparado a sí mismo", declaraba Glenn Gilbert. De poco han servido en todo caso los argumentos esgrimidos. Tras tres semanas de juicio, Elkus pasará el resto de sus días en prisión condenado a cadena perpetua.

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