EL MAYOR ESTUDIO JAMÁS REALIZADO

Así es el aire que respiras cuando vas en metro: qué nos enseña el caso de Barcelona

¿Qué inhalas cuando viajas en el suburbano? Aún no hay suficientes investigaciones, pero cada vez son más las evidencias que detallan qué y cómo llega a nuestros pulmones

Foto: El mayor laboratorio del mundo para conocer la calidad del aire. (iStock)
El mayor laboratorio del mundo para conocer la calidad del aire. (iStock)

Ahora que llega el frío, y con él, los atascos de tráfico y las calefacciones, las grandes ciudades españolas volverán a enfrentarse una vez más a los problemas de contaminación que el pasado año provocaron cortes en el acceso a los centros urbanos. De ahí que se fomenten otras alternativas de transporte público, como los autobuses o, preferentemente, el metro, que además permite sortear los problemas de congestión en las carreteras. A día de hoy, son ocho las ciudades españolas que disponen de este servicio: Madrid, Barcelona, Sevilla, Málaga, Palma de Mallorca, Valencia, Bilbao y Alicante (TRAM).

Hace apenas unos días, un estudio del Instituto Global de Barcelona (ISGlobal) y del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (Ideaea-CSIC) recordaba que en los días de huelga en el metro, la contaminación atmosférica aumenta entre un 4% (el dióxido de nitrógeno) y un 8% (el monóxido de nitrógeno). Aunque el suburbano parece una alternativa más saludable, la calidad su aire se ha puesto en entredicho , especialmente en lo que concierne a las partículas finas en suspensión (PM2,5).

El aire del metro tiene niveles más altos de contaminación en el aire que los tranvías o caminar por la calle, pero es más bajo que en los autobuses

Lo recordaba una investigación publicada en 'Environmental Research' a partir de las muestras recogidas en los transportes de Barcelona, probablemente la ciudad española que más se ha preocupado por este problema: las partículas presentes en el metro son más grandes que en los autobuses, la calle o en tranvía, la alternativa más limpia. Su principal autora, Teresa Moreno del IDAEA, recuerda en 'The Conversation' que “el aire del metro tiene niveles más altos de contaminación en el aire que los tranvías o caminar por la calle, pero es un poco más bajo que en los autobuses”. Algo que se repite en ciudades de todo el mundo como Hong Kong, México D. F., Estambul o Santiago de Chile.

El estudio más alarmante a tal respecto fue publicado en 'Occupational and Environmental Medicine', al relacionar por primera vez una alta exposición a las partículas en el aire en el metro de Estocolmo con el aumento de riesgo de enfermedad cardiocasvular. Sin embargo, investigaciones semejantes no han encontrado relación entre esta contaminación propiciada por la concentración de hierro, manganeso y cromo y el cáncer de pulmón u otros problemas de salud. ¿Hay por qué preocuparse de verdad? Barcelona puede tener la clave.

¿Qué pasa en Cataluña?

A día de hoy, la Ciudad Condal, con sus 1,25 millones de viajeros diarios, es el gran laboratorio de pruebas para entender la contaminación del aire en el metro, el sistema de transporte que más crecerá durante las próximas décadas a medida que las megaciudades se extiendan. En 2012, el CSIC ya llegó a la conclusión de que “el aire de la red de metro contiene elementos contaminantes procedentes del ambiente exterior, además de otros resultantes de la abrasión de las ruedas de los trenes en contacto con los raíles, las tareas de limpieza o los trabajos de mantenimiento”. En Barcelona, no obstante, los niveles estaban por debajo de otras redes de metro analizadas.

Las estaciones menos contaminadas tienen un único túnel y una única vía, y el andén está separado de esta por un cristal

Aquella investigación se convirtió en el punto de partida para la aplicación del programa Improve Life, cofinanciado por la Comisión Europea y el Programa de Política Medioambiental de la UE, que se puso en marcha a comienzos de 2015. Este se proponía evaluar la calidad del aire y proponer medidas para mejorar la calidad a partir de los datos recogidos en 30 estaciones diferentes del suburbano barcelonés, identificando los factores contaminantes . Como explica la propia Moreno, las estaciones en las que hay un único túnel con una única vía separada por un cristal del andén –sobre el papel, la mejor combinación para evitar la difusión de partículas– concentraban la mitad de contaminación que las tradicionales.

La utilización de aire acondicionado es también un factor importante a la hora de evitar la acumulación de partículas dentro de los vagones. Las ciudades donde las ventanillas de los transportes pueden abrirse, como Atenas, muestran niveles más altos. La velocidad a la que un metro entra en un túnel también influye de forma negativa en la contaminación del aire. Lo que queda claro es que la intervención no debe realizarse a nivel de la red de metro completa, sino de cada estación, puesto que la variación depende ante todo de su configuración física y del número de pasajeros que pase por cada una de ellas.

Acumulación de pasajeros en el metro de Madrid. (iStock)
Acumulación de pasajeros en el metro de Madrid. (iStock)

Otros factores relevantes son la profundidad a la que se encuentra la estación, la fecha de construcción, el tipo de frenos utilizados por los trenes (electromagnéticos o convencionales), el material con el que están construidas las ruedas (acero o caucho) y la frecuencia de paso. Como recuerda el proyecto, “las plataformas congestionadas de gente necesitan ser ventiladas para evitar que el aire se estanque de manera peligrosa para los usuarios”.

¿De dónde viene la contaminación?

A principios de este año, el programa publicó en 'Indoor Air Journal' el primer catálogo de microorganismos del Metro de Barcelona'. Aunque es preliminar, desvelaba que la cantidad de bacterias de origen humano era inferior a las de aeropuertos u hospitales, y que la cifra se encontraba por debajo del 2%. “La red de metro no es un punto de exposición de riesgo biológico importante y los viajeros no son la fuente principal de microorganismos del aire”, explicaba el investigador del CEAB-CSIC Xavier Triadó.

La calidad del aire en las estaciones de metro y en los túneles de acceso puede ser mala, pero la cantidad de información aún es limitada

Los microorganismos de origen humano suponen, por lo tanto, un porcentaje muy pequeño del aire respirado en el metro. Como recordaba Moreno a tal respecto, es uno de los aspectos de los viajes bajo tierra que menos atención reciben. Sin embargo, “el aire subterráneo puede contener contaminantes procedentes del tráfico, que entran a través de los sistemas de ventilación y de los puntos de acceso de las estaciones, y otros procedentes del mismo metro”. Son estos los que provocan en un alto grado la contaminación del suburbano. Un alto porcentaje de las partículas provienen de las ruedas y frenos de los trenes o de los raíles y las fuentes de energía, lo que provoca que las particulas liberadas sean ferrosas.

Aunque como recuerdan Moreno y Amato en el reportaje no hay datos concluyentes sobre la influencia de estas partículas de hierro en la salud de los viajeros, investigaciones como la realizada en Suecia son un buen aviso sobre la necesidad de mejorar la ventilación del suburbano a medida que cada vez más viajeros se incorporen a él como una alternativa al transporte en automóvil. Como recuerda el programa Improve, “en algunos casos, la calidad del aire en las estaciones de metro y en los túneles de acceso puede ser mala, pero la cantidad de información aún es limitada y fragmentada”.

Barcelona no es la única ciudad española que se ha puesto manos a la obra para intentar mejorar la calidad del aire. Madrid se comprometió hace unos años a modernizar 200 equipos de aire acondicionado de los trenes de la serie 2000, la mayoría de los cuales circulaban por la línea 5. Para este año, la proyección del número de viajeros se sitúa por encima de los 600 millones de desplazamientos (200 más que el pasado año), una buena razón para revisar los sistemas de ventilación y hacerlo más atractivo frente a la contaminada superficie urbana.

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