DE AUSCHWITZ AL VALLE DE LOS CAÍDOS

El 'turismo oscuro', un perturbador negocio

¿En qué consiste exactamente? ¿En contribuir a la memoria histórica y a la conservación de monumentos, o a disparar los ingresos apelando a nuestros instintos más bajos?

Foto: El Valle de los Caídos se considera uno de estos lugares. (iStock)
El Valle de los Caídos se considera uno de estos lugares. (iStock)

¿Qué nos lleva a viajar a otros países en verano, gastando todos nuestros días libres y una gran cantidad de dinero, y por qué nos decantamos entre una forma de turismo u otra? Podemos responder que pasarlo bien, pero hasta nosotros mismos sabemos que es mentira. Disfrutar de un clima que no es el de nuestro país de origen, conocer otras culturas, visitar museos o monumentos, aprender la historia de nuestro lugar… Las motivaciones, que muchas veces son inconscientes, abarcan una gran cantidad de sentimientos, desde el espíritu aventurero al más hedonista.

De entre todos ellos, hay uno que se ha movilizado especialmente durante las últimas décadas: el morboso, que no pocas veces va de la mano del cultural o histórico. El término de “turismo oscuro”, aun cuyo significado es muy amplio, ha sido utilizado al menos desde mediados de los años 90 para referirse a “las visitas a los lugares donde han ocurrido tragedias o muertes históricamente relevantes y que aún impactan nuestras vidas”, según lo define Peter E. Tarlow en un capítulo de 'Niche Tourism' (Routledge).

¿Te acuerdas de cuando esto era suelo sagrado? La Zona Cero es ahora una de las mayores atracciones turísticas de Nueva York

Es una industria que llega a todos los rincones del planeta. Una gran parte de los 6,6 billones de euros que, según el World Travel & Tourism Council mueve al año el turismo en todo el mundo, están relacionados con esta clase de experiencia espiritual… o morbosa. La dificultad se encuentra en cómo definirlo: una visita a Auschwitz puede ser considerada como turismo oscuro, pero también al Valle de los Caídos (que tiene una entrada en la principal guía 'online'), al Coliseo romano o a una visita guiada por el Londres de Jack el Destripador. El abanico es tan amplio que hay turismo macabro para todos los gustos.

Hay una versión aún peor de esta forma de viajar: el conocido como turismo del desastre, en el que, como su nombre indica, se viaja por curiosidad a una zona que acaba de ser golpeada por una tragedia. A primera vista suena horrible, pero puede tener su lado positivo. Como explica una investigación recién publicada en 'Tourist Studies' que se centra en la región de Christchurch (Nueva Zelanda), devastada por sendos terremotos en 2010 y 2011, la llegada de visitantes extranjeros, aparte de una inyección económica, puede ser una forma de cerrar heridas, darse cuenta de que lo peor ha pasado y mirar hacia el futuro.

¿Por qué y para qué?

A simple vista, esta clase de visitas parecen tremendamente inmorales. Sin embargo, es raro que no hayamos incurrido en alguna de ellas en una forma u otra. Sobre todo porque, como explica el doctor Philip Stone, director del Instituto para Investigación Sobre el Turismo Oscuro (iDTR), hay tantos grados que es imposible meterlo todo en el mismo saco. Como se pregunta en una investigación publicada en 'Tourism', tampoco queda claro si es simplemente una respuesta a la demanda del turista o es la oferta la que ha aumentado sensiblemente, el huevo y la gallina de esta clase de turismo.

Este fenómeno nace de “la fascinación de la sociedad contemporánea por la muerte”

“¿Te acuerdas cuando todo era suelo sagrado?”, se preguntaba el periodista Jayson Blair en un artículo de 'The New York Times' publicado en 2002. “La Zona Cero ahora es una de las atracciones turísticas más populares de la ciudad, donde los guías turísticos cobran 15 dólares por señalar el punto donde los bomberos colocaron la bandera”. Cada vez es más común que un lugar histórico se turisfique y una de las vías para llevarlo a cabo más rápido es a través del conocido como “necroturismo”, en el que el morbo se confunde con nuestro afán cultural. De aquí que, por ejemplo, Stone recuerde que el fenómeno del turismo oscuro nace de “la fascinación de la sociedad contemporánea por la muerte, ficticia o real”.

El gran debate se encuentra entre aquellos que consideran que se trata de una manera “altamente emocional y políticamente cargada” de presentar nuestro pasado, “fácil de comercializar pero difícil de interpretar”, en palabras del profesor, y los que dudan de su moralidad. Es una de las características de muchos de los productos contemporáneos: apelar a la conservación de la memoria puede ser una forma de enmascarar la excitación del morbo que produce la presentación de la muerte y el sufrimiento humano. De ahí que exista una aparente lucha entre lo auténtico (Auschwitz) y lo que no lo es (las galerías de torturas de los Museos de Cera).

La entrada del campo de concentración de Auschwitz. (iStock)
La entrada del campo de concentración de Auschwitz. (iStock)

Un factor decisivo en el surgimiento de esta clase de turismo son los medios de comunicación, pero también la literatura o el cine. Por una parte, la televisión o los periódicos contribuyen a acercar tragedias lejanas a espectadores de todo el mundo, como los que acuden al World Trade Center cuando visitan Nueva York. Por otra, la publicación de un 'best seller' o una película disparan casi instantáneamente el turismo. Poca duda cabe que este verano, la playa de Dunkerque habrá recibido unos cuantos visitantes más.

50 sombras de turismo

Para entender un poco mejor este fenómeno, Stone realiza en su investigación una taxonomía en función de su grado de oscuridad. Así que empecemos con la clase de turismo más amable: las Fábricas de la Diversión Oscura (“Dark Fun Factories”), que bajo este curioso nombre recoge las visitas al castillo de Drácula o a las calles de Whitechapel (Jack el Destripador), de una manera manifestamente divertida y comercial, como si se tratase del tren de la bruja. Semejante son las “exposiciones oscuras”, como la exposición 'Human Bodies', y que tiene un matiz más educativo que la anterior.

Las visitas a Auschwitz, Dachau o Treblinka se encuentran en el escalón más bajo, donde el acto de morir se convierte en el tema principal

Una curiosa alternativa son las “mazmorras oscuras”, la peculiar industria turística construida alrededor de las cárceles… ya sea Robben Island, donde Nelson Mandela pasó 18 años, o Alcatraz. A medida que nos vamos internando en lo oscuro, la cercanía de la muerte (también física) se hace aún mayor. Es el caso de los cementerios, que han pasado a ser una parte importante de las guías turísticas de toda índole. El parisino Père-Lachaise recibe dos millones de visitantes al año; esta clase de turismo se escuda tras la conservación del patrimonio histórico-artístico. Algo que no ocurre con los “lugares santuario”, que aparecen de forma espontánea, como los tributos a David Bowie que recibieron miles de visitantes el día de su muerte.

En los últimos escalones se encuentran los campos de batalla y del genocidio. La distancia temporal, en el primer caso, es un factor importante: no es lo mismo visitar Waterloo que Galipolli, aunque por lo general, la mayoría de atracciones turísticas basadas con batallas están relacionadas con la Primera o Segunda Guerra Mundial, las contiendas más representadas en novelas y películas. Las visitas a Auschwitz, Dachau u o Treblinka se encuentran en el escalón más bajo, donde el acto de morir se convierte en el tema principal. Al mismo tiempo que se presenta como una cuestión de memoria histórica, uno puede vivir la experiencia del exterminio en primera persona.

Mural en Robben Island. (iStock)
Mural en Robben Island. (iStock)

En abril de este mismo año, los responsables de la exposición 'Real Bodies' se vieron obligados a cancelar una de las representaciones relacionadas con la exposición, en la que unos acróbatas se colgaban del techo con ganchos. 13 personas fueron atendidas por los servicios sanitarios, una de las cuales se golpeó la cabeza con el suelo al desmayarse. Sus responsables lo lamentaron, ya que “solo tenia una finalidad científica y no esperábamos una reacción de sufrimiento e impresión por parte del público”. Sus palabras resumen bien la paradoja del turismo oscuro, en el que es difícil trazar una línea entre el interés cultural o artístico y el puro y simple morbo.

Alma, Corazón, Vida

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