ASÍ ES LA ESTRATEGIA 'STAAR'

La regla de los siete segundos: los trucos para evitar que un criminal se fije en ti

Un ex policía experto en defensa personal desvela en su último libro en qué se fijan los asaltantes cuando buscan una potencial víctima en la calle

Foto: La prevención puede marcar la diferencia. (iStock)
La prevención puede marcar la diferencia. (iStock)

En un mundo ideal el crimen no existiría, por lo que no debería preocuparnos que un ladrón o violador nos asaltase en mitad de la calle. Que seamos víctimas de un acto delictivo no es responsabilidad nuestra, claro está, pero si entendemos un poco mejor la psicología de nuestros potenciales agresores podremos salvarnos en una situación de peligro. O, al menos, conseguiremos que nos descarten como potenciales víctimas. Este es uno de los principios de la seguridad personal, en la que, a diferencia de la defensa personal, prima el componente preventivo.

La regla de los siete segundos puede resultar de especial ayuda para ello. Su creador es el ex policía y experto en defensa personal Steve Kardian, que la expone en su último libro 'The New Superpower for Women' (Touchstone). A pesar del título, este principio se aplica a todos los casos, ya sean “robos, asaltos, secuestros o lo que se le pase por la cabeza”. Se basta en una idea muy sencilla: un agresor tarda alrededor de siete segundos en decidir si eres una víctima propicia o no, y más importante aún, lo hace a partir de señales en apariencia inapreciables.

El agresor quiere cometer un crimen perfecto y en esos pocos segundos decide si al elegirte corre un mayor riesgo de que le hagan daño o le cojan

Como recuerda el hombre que ha trabajado para el FBI y dado cursillos de autodefensa a más de 200.000 mujeres a través de la Defend University, los dos grandes miedos de un criminal son ser herido y ser detenido. Por ello, nos puede dejar en paz no solo si nos ve más fuertes, sino también en el caso de que puedas “montar una escena” que llame la atención de tal forma que recibas ayuda inmediata. “El agresor quiere cometer el crimen perfecto y en esos pocos segundos decide si al elegirte corre un mayor riesgo de que le hagan daño o que le cojan”.

El método STAAR

Kardian da el nombre de “STAAR” a su combinación de gestos para mostrar al criminal que no tenemos miedo. Es un acrónimo de “stride” (“zancada”), “tall” (“alto”), “arms” (“brazos”), “awareness” (“atención”) y “relax” (“relajación”). Como explica en el libro, “cuando ves un héroe o una heroína en una película, listos para salvar el mundo, suelen caminar decididos, con la cabeza alta, el pecho hacia adelante y los hombros hacia detrás, preparados para hacer frente a cualquier desafío que se avecine”. Esta es la postura que debemos adoptar si nos sentimos amenazados:

  • Zancada: ni demasiado corta ni demasiado larga, de forma que parezca “natural y sin esfuerzo”. Es la forma en que mostramos al potencial agresor que confiamos en nosotros mismos. Nada de arrastrar los pies, pero tampoco debemos alzar demasiado las rodillas; son movimientos que se parecen a los que realizamos cuando llevamos unos zapatos nuevos que nos hacen daño, por lo que nos hace parecer vulnerables.
Si sabe que vas a ponerte a gritar y a llamar la atención de los vecinos, probablemente no ataque. (iStock)
Si sabe que vas a ponerte a gritar y a llamar la atención de los vecinos, probablemente no ataque. (iStock)

  • Alto: echa los hombros hacia detrás y la barbilla hacia arriba. Al encogernos, mostramos que estamos atemorizados. El experto en autoprotección recomienda contraatacar y dirigir a quien creemos que nos puede querer hacer daño la mirada del “medio segundo”, un sutil vistazo al perseguidor que le haga saber que conocemos su presencia y que estamos listos para reaccionar instantáneamente si se le ocurre hacer algo. Aunque haya quien piense que se trata de una invitación a actuar, si es breve y no se establece contacto visual, puede sernos de ayuda.
  • Brazos: no hace falta que camines rígido, es más, es preferible conservar esa naturalidad que nos hace parecer personas con confianza a través de un leve balanceo de los brazos, propio del que camina sin miedo. Como recuerda Kardian, “cuando estás nervioso o tienes miedo, te tensas, lo que limita tu rango de movimiento”. O eso o parece que sientes dolor, lo cual es aún peor.
  • Atención: mira a tu alrededor mientras caminas, fijándote en la gente y en las cosas que parece que están fuera de lugar. Aunque mantener una actitud de alerta constantemente puede ser estresante y agotador, nunca está de más que reparemos en el mundo que nos rodea. Basta con dejar funcionar a nuestro subconsciente, que “recoge detalles e información y traslada ese conocimiento a tu mente consciente”.

Uno de los momentos preferidos de los agresores para atacar es cuando suena nuestro teléfono y la atención se desvía hacia él

  • Relax: puede parecer paradójico si lo que pretendemos es estar alerta y reaccionar al instante, pero Kardian recuerda que para tomar las mejores decisiones en un momento de amenaza, no hay nada como “estar tranquilos, concentrados y serenos”. Para empezar, porque nuestro agresor pensará que no tiene nada que hacer con nosotros.

Es fácil que esta imagen que hemos construido se venga abajo de un momento a otro. Por ejemplo, explica el asesor del FBI, cuando suena nuestro teléfono y la atención se desvía hacia él, uno de los momentos preferidos de los agresores para atacar. “Aunque no seas capaz de controlar siempre los signos no verbales que muestras, saber qué busca el criminal te da una gran ventaja”, asegura Kardian.

El experimento de Nueva York

La regla de los siete segundos se basa en un estudio pionero realizado en 1981 por los profesores Betty Grayson y Morris Stein y publicado en el 'Journal of Communication' que sentó las bases de la psicología del asaltante callejero. Para él, se instaló una cámara en una calle neoyorquina que registró a lo largo de tres días a la gente que pasaba entre las 10 de la mañana y la medianoche. Después, se proyectaron partes de la grabación a los presos de una cárcel de la Costa Este que habían sido detenidos por robo o asalto callejero, para que calificasen a cada uno de los viandantes según el nivel de riesgo.

Los resultados mostraron que el consenso era casi unánime sobre aquellos que parecían más fáciles de controlar, explica Kardian. Pero, de forma más sorprendente, no solían corresponderse con aquello que a priori parecía más vulnerable, como ocurría con las mujeres pequeñas o de mayor edad, que no siempre eran consideradas frágiles. Por el contrario, el verdadero criterio para elegir a unas personas u otras estaba relacionado con los signos no verbales de los peatones, como los anteriormente expuestos: longitud de zancada, movimiento del cuerpo, velocidad...

“Cuando se les preguntó por qué habían seleccionado a determinadas personas, muchos de los participantes no pudieron verbalizar qué había decantado sus preferencias”, expone el autor. “Se trataba de una decisión subconsciente, basada en los rasgos que el depredador considera que pertenecen a un blanco fácil”. Kardian lo tiene claro: si sentimos miedo porque pensamos que hay una amenaza a nuestro alrededor, podemos entrenarnos para no reflejarlo, lo que reducirá las posibilidades de ser agredidos. “Incluso si no te sientes particularmente fuerte o decidido, puedes aprender a caminar de forma que parezca que lo eres”, concluye el entrenador.

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