EXIGEN MUCHOS REQUISITOS

"Somos un símbolo de estatus": las niñeras que ganan 100.000 euros al año

El trabajo de la 'supernanny' contemporánea es más exigente de lo que crees. Más allá de los coches, los viajes y mansiones, subyace una historia oculta no tan idílica como la pintan

Foto: ¿Demasiado bueno para ser verdad? (iStock)
¿Demasiado bueno para ser verdad? (iStock)

Hace escasos días se publicó en Reino Unido una oferta de trabajo, en principio, irrechazable. Más de 100.000 euros al año por un puesto que implica conducir Porsches y Maseratis, viajar a destinos paradisíacos, tener a un estrella Michelin en la cocina siempre disponible y vivir en una mansión totalmente gratis. Todo lo que uno debe hacer es cuidar de cuatro niños escolarizados en casa. Es para no pensárselo dos veces.

Dicha oferta se publicó en internet, pero pronto llegó a los titulares de los tabloides británicos. Lo tildaban de “el mejor trabajo del mundo”. Paola Diana, directora ejecutiva de una agencia de contratación de niñeras, hablaba en las páginas de 'The Daily Mail' de un “estilo de vida mágico” y de los sueños que, por fin, algunas chicas afortunadas podrían hacer realidad gracias a estas oportunidades. Demasiado bueno para ser verdad, diréis. Y acertaréis.

Algunas familias me trataban como si no fuese un ser humano. Muchos te hacen prometerles que no tendrás una vida propia

Cuando pensamos en el trabajo de una niñera, nos viene a la mente una Mary Poppins que con cuatro palmadas y dos sonrisas arregla los entuertos del hogar familiar. Sin embargo, el trabajo de la 'supernanny' contemporánea es algo más exigente que todo eso. Si uno mira más allá del oro que reluce, de los coches, los viajes, las estrellas Michelin y los zapatos de diseño, emerge una historia oculta y no tan idílica como la pintan, pero que subyace entre los requisitos de las ofertas.

Que sea perfecta

Los padres quieren lo mejor para sus hijos. Y en este caso ese afán paternal se manifiesta en niñeras con másteres bajo el brazo, con idiomas, con títulos en psicología infantil, que sean expertas karatecas, que sepan esquiar, montar a caballo y, de paso, que puedan enseñarles a sus hijos lo que su colegio caro no puede. Cómo no va a haber escuelas de 'nannies', con todo lo que tienen que aprender.

En 2011 se filtró a la prensa que la actriz Gwyneth Paltrow estaba buscando una 'nanny' para sus hijos. Pedía que, como mínimo, las candidatas tuviesen una educación clásica, que fuesen capaces de hablar y escribir en tres idiomas, tocar dos instrumentos, navegar, practicar artes marciales, jugar al tenis y saber de historia del arte. A menos que tu currículo despliegue una impresionante gama de conocimientos y habilidades, no tendrás ninguna oportunidad. ¿Que no sabes mandarín? Pues no te molestes en probar suerte.

Para algunas familias, el hecho de que me educase en un internado es un plus. Lo ven como algo prestigioso

Rebecca Reid es una de las pocas que cumplen los requisitos y, además, tienen experiencia. Sin embargo, relata en 'The Telegraph' que no volvería a trabajar de niñera para parejas ricas ni por todo el dinero del mundo. Su primer contacto con el modo de vida del 1% más privilegiado fue en uno de los mejores barrios de Londres. En la entrada de aquella mansión, que parecía más bien el vestíbulo de un gran hotel, la madre le dijo que una de las tareas más importantes a las que se tendría que enfrentar era peinar el cabello de su hija. Reid se rio. Pero la risa le duró poco: la madre no estaba bromeando.

Un trofeo del que presumir

Esta anécdota, aunque trivial, sirve para hacernos una idea del nivel de exigencia y detalle que tienen que afrontar las candidatas. La risita, quizá, le costó el puesto y otra chica, que acababa de graduarse en Oxford, consiguió el trabajo. Lo que más le molestó de su día a día como niñera de la élite es la sensación de que sus jefes (es decir, los padres) la usaban de cara a la galería como si se tratase de un trofeo del que presumir frente a sus amigos. Cuanto más nacional (en este caso, inglesa) y más títulos llevase bajo el brazo, más alardeaban. “Para algunas familias, el hecho de que me educase en un internado es un plus. Lo ven como algo prestigioso. Somos un símbolo de estatus”, resume una niñera que prefiere mantenerse en el anonimato.

Las niñeras sienten frustración por el desapego de los padres. (iStock)
Las niñeras sienten frustración por el desapego de los padres. (iStock)

Reid, que tan solo duró seis meses en el puesto (no aguantó más), se pregunta por qué mujeres con estudios terminan de niñeras al servicio de una mentalidad que detestan, de gente que desesperadamente trata de conseguir que sus hijos sean exitosos, sin tener que hacerles el más mínimo caso. “Mi trabajo básicamente consistía en ayudarles a olvidar que tenían hijos”, resume Sascha, otra niñera, de 24 años. ¿Qué dice esto de nuestras ambiciones? ¿Qué estamos dispuestos a hacer por vivir en la opulencia? “Algunas familias me trataban como si no fuese un ser humano. Querían que fuese invisible cuando ellos estaban con sus hijos, pero siempre disponible. Muchos te hacen prometerles que no tendrás una vida propia”. Reid asegura que se encontró con la estrechez de miras y la avaricia y que, pese a la fascinación inicial por el lujo, poco a poco, el hechizo se disuelve.

Alma, Corazón, Vida

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