el especialista no siempre tiene la razón

Mujeres contra ginecólogos: la lucha frente a la violencia médica invisible

Desde hace años, muchas pacientes han denunciado el recurso a ciertas prácticas ginecológicas aplicadas sin su consentimiento previo. El debate está en su punto álgido

Foto: Algunas madres sienten que tienen mucho que decir en el momento del parto. (iStock)
Algunas madres sienten que tienen mucho que decir en el momento del parto. (iStock)

El pasado mes de julio una importante controversia médica se desató en Francia a raíz de las declaraciones de la secretaria de Estado para la Igualdad entre Hombres y Mujeres. “Tenemos una tasa de episiotomías del 75%, mientras que la OMS prevé una media del 20-25%. Se trata de una práctica no consentida con importantes consecuencias, llevada a cabo sobre todo en mujeres extranjeras, jóvenes y minusválidas”, declaraba quien en la actualidad ostenta este cargo, Marlène Schiappa.

La praxis objeto de la polémica se encuentra rechazada como operación rutinaria por el máximo órgano en materia de salud de las Naciones Unidas. Consistente en una incisión en la zona del perineo para ampliar el canal “blando” y acelerar la salida del bebé, solo se recomienda en partos concretos que presenten dificultades o sufrimiento fetal.

La Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia recomienda realizar la primera citología a los 25, repitiéndola cada 3 o 5 años hasta llegar a los 65

El debate abierto en Francia toca directamente a España. Aunque se desconoce la tasa real de episiotomías, en el año 2012 la OCU calculaba que superaría el 41% en los hospitales del Sistema Nacional de Salud. A pesar de que este porcentaje se ha podido reducir considerablemente, diferentes agrupaciones de pacientes lamentan que algunos ginecólogos lleven a cabo determinadas operaciones como la mencionada sin tener el consentimiento previo de las parturientas.

Las réplica por parte de las asociaciones médicas francesas, como el Colegio Nacional de Ginecólogos y Obstetras, no se hicieron esperar, acusando a la secretaria de Estado de ignorante, así como de desinformar a la población de manera injustificada. La controversia, sin embargo, está de plena actualidad como demuestra un artículo publicado en el diario ‘Libération’ en el que varias mujeres han decidido romper su silencio y denunciar los excesos que aseguran haber sufrido por parte de sus médicos y matronas.

Las madres hablan

“A las 8 y 10 llega una nueva comadrona. Me anuncia que vamos a empezar. Me señala que no empujo bien. Se sube a un escabel y comienza a presionar mi vientre con fuerza, demasiada fuerza. En ningún momento ni ella ni el médico me hacen la pregunta de rigor: ‘¿Autoriza usted a que se le practique una maniobra de Kristeller?” De este modo cuenta Tiphaine Papadopoulos, abogada de 37 años, la traumática experiencia por la que pasó durante el nacimiento de su hijo Anatole hace quince meses. Esta operación que se realiza desde el siglo XIX está actualmente desaconsejada. Sin embargo, todavía hoy muchas madres afirman haberse visto sometidas a ella.

Tras salir de la consulta me puse a llorar, humillada. Sentí que habían profanado mi cuerpo sin mi permiso

Los riesgos de una maniobra como la de Kristeller son más que conocidos: desprendimiento de placenta, rotura uterina, desgarros en el perineo… La 'Guía de Práctica Clínica sobre la Atención al Parto Normal' del Ministerio de Sanidad concluye que "es ineficaz en la reducción de la duración de la segunda etapa del trabajo de parto" y no recomienda por ello su empleo. “Esta tortura duró cerca de cuarenta y cinco minutos. A continuación la partera me dijo: ‘Si no presiona, habrá que utilizar forceps', una vez más, nadie me pidió permiso”, asegura Papadopoulos.

Para más inri, el parto de esta mujer acabó con una episiotomía tampoco anunciada: “Todavía estoy agotada. Siento un dolor continuo alrededor de la zona del perineo. Tuve una costilla rota por causa de la maniobra de Kristeller, mi libido está bajo mínimos...”. En vista de lo sufrido, la abogada ha interpuesto una querella contra la clínica que la asistió.

Foto: iStock.
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Considerando la denuncia de la secretaria de Estado y casos como el de Papadopoulos, algunos miembros de la comunidad médica han empezado también a posicionarse a favor de las demandas de estas madres: “Incluso para una ecografía transvaginal se debe pedir consentimiento. Algunos médicos actúan como si la ley no fuera con ellos, argumentando que lo hacen por el bien de los pacientes”, señala el doctor y escritor Martin Winckler a ‘Libération’.

¿Exploraciones innecesarias?

La experiencia ginecológica se puede transformar en una tortura física y psicológica si el bienestar de la paciente se acaba descuidando. En este sentido, otra de las prácticas que están bajo el punto de mira es el la de citología vaginal, utilizada para el diagnóstico precoz del cáncer de útero. La operación consiste en la introducción en la vagina de un instrumental médico llamado espéculo para abrirla y observar el interior de la cavidad, obteniendo después por raspado algunas células del área del cuello del útero para su posterior análisis en el laboratorio.

Existe una enorme falta de diálogo. Con demasiada frecuencia algunos médicos no discuten, imponen

Según las indicaciones publicadas por algunas asociaciones médicas en revistas del sector como ‘Annals of International Medicine’, no es necesario que las mujeres sanas y en situación de bajo riesgo realicen una citología vaginal todos los años, tal y como se venía aconsejando hasta ahora desde diversos frentes. El motivo esgrimido es el de que no se ha detectado una mejora a la hora de prevenir posibles enfermedades, al tiempo que para algunas pacientes la operación resulta tremendamente molesta e invasiva.

Tanto en Francia como en España se recomienda efectuar la primera citología a partir de los 25 años. Posteriormente, según​ la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, el examen se debería repetir una vez entre 3 y 5 años hasta llegar a los 65. Sin embargo, Iris, de tan solo 18 años, cuenta al diario francés cómo tras acudir a una simple consulta ginecológica con su madre para informarse sobre métodos anticonceptivos acabó encontrándose, por consejo de su médico, sentada sobre la camilla para efectuar la prueba: “Ha sido uno de los peores momentos de mi vida. Tras salir de la consulta me puse a llorar, humillada. Sentí que habían profanado mi cuerpo sin mi permiso. Entregué mi privacidad a la ciencia con total confianza. Me sentí traicionada. Me gustaría haber sido informada sobre este procedimiento y saber que no tenía nada de corriente ni de obligatorio a mi edad”.

Actitudes cuestionables

Para Chantal Ducroux-Schouwey, portavoz de Collectif interassociatif autour de la naissance (Ciane), algunos de estos abusos ginecológicos son a veces más sutiles, si bien no menos traumáticos: “Existe una enorme falta de diálogo ya que algunos médicos creen que saben mejor que los pacientes lo que de verdad les conviene. Con demasiada frecuencia no discuten, imponen”.

El problema de los ginecólogos es su paternalismo. Creen saberlo todo. Tienen que revisar su manera de pensar

'Libération' recoge algunos testimonios en los que se demuestra esta falta de sensibilidad, como el caso de Emmanuelle, de 24 años, que después de tomar la píldora anticonceptiva durante casi una década se dirigió a su médico para solicitar un método como el DIU, que no se basara en los ciclos hormonales: “Mi ginecólogo estaba en contra, al parecerle simplemente una moda. Me dijo que después de tanto tiempo tomando la píldora debía seguir aguantándola y ponerme el DIU solo después de tener un hijo”. Una recomendación errónea y basada exclusivamente en el criterio del doctor, pues desde hace años el no ser madre ha dejado de ser una contraindicación para recurrir a este método.

Buscando soluciones

Las críticas hacia la actitud de ciertos especialistas y obstetras son feroces: “El problema de los ginecólogos es su paternalismo. Creen saberlo todo. Por otro lado también se creen moralmente superiores con las mujeres, debido a una cierta actitud sexista que aún circula en su ambiente. Tienen que revisar su manera de pensar”, declara Martin Winckler.

Foto: iStock.
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Sin embargo, autoridades dentro del sector como el presidente del citado Colegio de ginecólogos y obstetras francés, Israël Nisand, achacan estos problemas de comunicación a las dificultades con las que tienen que lidiar los especialistas, derivadas de la escasez de inversiones en sanidad: “Nuestra profesión también sufre violencia por parte del Estado, que no para de retirar fondos para los hospitales. Cuando nos enfrentamos a una emergencia vital y tenemos muy poco personal para afrontarla, nos sentimos desvalidos y desamparados. Esto puede tener unas consecuencias evidentes sobre la calidad del servicio que damos las mujeres. Hasta ahora hemos estado encubriendo el empobrecimiento de nuestras salas de maternidad, sin embargo, estamos cruzando la linea roja de la seguridad”.

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