VUELTA DE TUERCA A UN CLÁSICO

¿Pero qué diablos es esto? La nueva versión del “muro de la cafetería” te volverá loco

En 1973, un neuropsicólogo se encontró con esta composición en la pared de un bar. Más de cuatro décadas después, una prestidigitadora ha diseñado una versión aún más loca

Foto: Esta ya la conoces, pero mira un poco más abajo para ver cómo es la nueva.
Esta ya la conoces, pero mira un poco más abajo para ver cómo es la nueva.

La del muro de la cafetería es una de las ilusiones ópticas más antiguas. Se puede seguir su rastro hasta 1898, un año en el que, mientras España perdía Cuba, se publicaba un artículo en 'Psychological Review' que analizaba esta imagen conocida como “del jardín de infancia” ('kindergarten') e ideada por primera por el psicólogo germano-estadounidense Hugo Münsterberg. Su fama es bien merecida: con apenas dos colores (blanco y negro) y unas líneas, es capaz de engañarnos completamente. Sí, porque, por mucho que parezca lo contrario, las líneas de la imagen son rectas. En serio.

Más de un siglo después de la aparición de esta ilusión del jardín de infancia, la prestidigitadora de Atalanta Victoria Skye ha diseñado su propia versión, y va mucho más allá, hasta el punto de que podemos mirar una y otra vez la imagen (que ya utiliza distintos colores) sin ser capaces de entender que lo que ven nuestros ojos y lo que en realidad está representado no es lo mismo. Como mucho, conseguiremos un bonito dolor de cabeza que tan solo podrá aliviarse si cogemos un bolígrafo o una regla e intentamos unir los puntos… Momento en el que nuestro universo parecerá venirse abajo cuando veamos que se trata de trazados completamente rectos.

¿Qué es lo que está ocurriendo? Como han explicado los científicos a propósito de la imagen original, la clave se encuentra en el efecto que produce unir las líneas horizontales que cruzan de lado a lado la redecilla y la gradación en dos colores. En el caso de la versión realizada por Skye, además, entran en juego distintos tonos y otras formas geométricas para acentuar aún más esta sensación. La primera explicación que se dio a este fenómeno, proporcionada por A.H. Pierce en 1901, señalaba que su origen se encontraba en la irradiación, es decir, cómo las zonas negras contaminaban las blancas a través de la persistencia retiniana, el mismo fenómeno que nos permite disfrutar de la imagen televisiva o cinematográfica.

El profesor de Neuropsicología de la Universidad de Bristol Richard Gregory la redescubrió en 1973 el muro de una cafetería de dicha localidad

Explicaciones posteriores señalan que esta particular percepción se debe a la forma en que nuestras neuronas interactúan en el cerebro. Por una parte se encuentra la aprehensión los colores blancos y negros; por otra, el emplazamiento de estos en forma de retícula con leves variaciones. Nuestra mente encuentra dificultades a la hora de interpretar estos pequeños y casi imperceptibles movimientos, por lo que en lugar de reproducirlas tal cual en nuestra cabeza, interpreta las líneas rectas como una curva que se inclina. Es el principio de simplicidad del que hablaba la teoría de la Gestalt.

Esta imagen ha sido de gran ayuda para que los neuropsicólogos entiendan un poco mejor cómo funciona nuestro cerebro y los atajos que elige para facilitarnos la vida… aun a costa de confundirnos ligeramente. Pero debemos pensar que es algo necesario para nuestra supervivencia: nuestros sentidos captan toda la información que pueden, pero nuestro cerebro ha de interpretarla de manera económica y útil, por ejemplo, a la hora de escapar rápidamente de una amenaza.

Richard Gregory junto al muro de Bristol, en febrero de 2010. (CC)
Richard Gregory junto al muro de Bristol, en febrero de 2010. (CC)

¿Por qué se considera a esta la “ilusión del muro de la cafetería”? La respuesta es sencilla: porque alrededor de 80 años después de que la bautizasen como 'kindergarten', el profesor de Neuropsicología de la Universidad de Bristol Richard Gregory la redescubrió en 1973 en el muro de una cafetería en una de las calles de dicha localidad, después de que uno de sus colegas de laboratorio, Steve Simpson, se topase con él mientras paseaba por St. Michael's Hill. De hecho, la pared de dicha cafetería ha terminado convirtiéndose en una pequeña atracción turística… y en todo un rompecabezas cognitivo para el visitante.

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