"parece que están vivas"

Lo que las momias de Lituania revelan sobre las enfermedades que sufrimos

A través de los cuerpos embalsamados hallados en una iglesia de Vilna un grupo de investigadores estudia cómo pudieron surgir determinadas enfermedades y epidemias

Foto: Documentos históricos con forma de cuerpo humano. (iStock)
Documentos históricos con forma de cuerpo humano. (iStock)

Cientos de esqueletos yacen bajo una cripta de la Iglesia del Espíritu Santo en pleno corazón de Vilna, la capital de la república báltica de Lituania. De esos cadáveres, 23 son muy diferentes al resto: la carne todavía recubre los huesos, las prendas están presentes y las entrañas se mantienen aún en su interior.

“Se conservan tan bien que parece que estén casi vivas”, cuenta a ‘The New York Times’ Dario Piombino-Mascali, un antropólogo italiano especialista en este tipo de momias, que junto a su equipo está intentando desentrañar todos los secretos de los habitantes de las catacumbas: hombres, mujeres y niños que perecieron en los siglos XVII, XVIII y XIX y cuyos restos quedaron momificados por la fresca temperatura de la cripta y por la ventilación. “Parece que algunos están simplemente durmiendo”, afirma en otro artículo publicado en ‘The Guardian’.

No sentíamos que las momias fueran un objeto arqueológico. Parecía, más bien, que estuvieran esperando un chequeo

Los ataúdes ocultos en una tenebrosa guarida escondida bajo el altar de la iglesia fueron profanados por Napoleón para reutilizar la madera. Durante la Segunda Guerra Mundial los nazis emplearon el lugar como un improvisado refugio, mientras que los soviéticos convirtieron la cripta en un museo del ateísmo.

El objetivo de Piombino-Mascali y sus colaboradores se basa ahora en extraer toda una lección de este tesoro biológico. Según lo que se ha descubierto hasta ahora la medicina moderna podría aprender mucho de las enfermedades que acabaron con la vida de tales individuos. “Estos registros históricos de pacientes son como una caja de bombones para nosotros”, apunta el Dr. Frank Rühli, de la Universidad de Zurich, quien al igual que Piombino-Mascali analiza los órganos internos de varias momias egipcias e iranianas con un próposito similar.

Comprender la historia desde las enfermedades

A través de su trabajo, el antropólogo italiano ha identificado algunas de las enfermedades más comunes que aquejaban a estos ciudadanos: caries, afecciones de las encías, artritis, deformidades óseas, bocio o incluso tumores benignos. Problemas achacables a una dieta pobre en frutas y verduras y rica en carnes y grasas: “Es extraño. No sentíamos que fueran un objeto de interés cultural y arqueológico. La sensación era, más bien, que ellos estuvieran ahora con nosotros dispuestos a hacerse un chequeo médico”, confiesa el investigador.

Necesitamos saber cómo las afecciones evolucionaron a lo largo del tiempo. Algunas podrían volver a aparecer

El hallazgo más importante estaba, sin embargo, por llegar. Tras enviar muestras del cuerpo de un niño momificado del siglo XVII a Canadá se descubrieron restos de uno de los virus más devastadores que en su día llegó a acabar con la vida de 500 millones de personas alrededor de todo el planeta: la viruela.

“No percibimos inicialmente que el niño tuviera viruela porque la enfermedad no deja ningún rastro”. El valor de este descubrimiento es que pone en cuestión la teoría más difundida de que la enfermedad apareció durante la época de los faraones y fue mutando gradualmente. Comparando la cepa del siglo XVII con las variantes modernas del virus, se halló que compartían un antepasado común que debió de aparecer entre los años 1530 y 1654. La mutación más devastadora habría surgido, por tanto, solo algunos siglos atrás.

No hago disecciones. Creo que estar muerto no borra lo humano. No uso el bisturí si los cuerpos están íntegros

La pregunta que los investigadores se hacen ahora es de dónde pudo surgir la viruela de forma tan repentina durante el siglo XVI. Se cree que se habría podido transmitir de animales a hombres. Si eso fuera así, el riesgo que se podría plantear ahora es si existe una cepa no activa en los animales que tendría posibilidades de hacer acto de presencia de nuevo: “Necesitamos saber cómo estas condiciones se desarrollaron y evolucionaron a lo largo del tiempo. El virus ha sido erradicado, pero los gobiernos de Rusia y Estados Unidos todavía lo conservan. Esta información puede tener un especial valor”.

Además de las afecciones señaladas, se han encontrado varios casos de aterosclerosis y tuberculosis entre los cadáveres. Los hallazgos ofrecen pruebas de que incluso las clases altas experimentaron problemas de salud crónicos en esta ciudad, incluyendo aquellos relacionados con una mala nutrición.

Auténticos documentos biológicos

Tras los perjuicios ocasionados a los cuerpos por análisis realizados durante los años 60, Piombino-Mascali y su equipo están muy concienciados para que no se provoquen más daños a las momias, consideradas ahora para ellos como todo un tesoro cultural y científico: “No hago disecciones, no quiero hacer eso. Creo que estar muerto no borra lo humano. No uso el bisturí si los cuerpos están íntegros. Me niego. Solo si hay aberturas naturales, ya sea por descomposición o por daño, entraremos por ellas”.

Iglesia del Santo Espíritu en Vilna. (Creative Commons)
Iglesia del Santo Espíritu en Vilna. (Creative Commons)

El deseo del antropólogo es que la memoria de este hallazgo no se acabe perdiendo. Para él, las momias “tienen que ser exhibidas de un modo apropiado para que la gente pueda entender mejor su historia”. Estudios recientes de cuerpos embalsamados repartidos por todo el globo han ofrecido importantes datos sobre enfermedades del corazón y tuberculosis, entre otras dolencias. Paradójicamente, hombres y mujeres que fallecieron hace siglos podrían hoy enseñarnos muchas cosas sobre el futuro de nuestra salud.

Alma, Corazón, Vida

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