ASÍ FUERON LAS SECUELAS PSICOLÓGICAS

¿Qué pasó tras Dunkerque? La historia desconocida de los soldados rescatados

Durante décadas, prefirieron no recordar lo que había acontecido en la playa francesa y en el Canal de la Mancha. Pero a finales del pasado siglo, contaron todo lo que vivieron allí

Foto: Lo peor acababa de empezar. (Cordon Press)
Lo peor acababa de empezar. (Cordon Press)

La última película de Christopher Nolan se cierra con el discurso que Winston Churchill pronunció el 4 de junio de 1940, conocido popularmente como 'Lucharemos en las playas'. Es un cierre heroico, vagamente reconfortante, después de algo más de hora y media de terror bélico. Un arduo esfuerzo por hacer sentir al espectador lo mismo que experimentaron los 338.000 soldados que, aislados en la playa de Dunkerque, esperaban su rescate marino en la Operación Dynamo. No sabemos qué pasará con esos personajes, pero podemos sospechar que el retorno a la realidad no fue nada fácil para ellos. Sobre todo teniendo en cuenta que quedaban cinco años para el fin de una guerra que se cebó con los británicos.

Lo confirmaba Vic Viner, uno de los últimos supervivientes de la batalla, quien un año antes de su muerte en 2016 (por lo que tuvo tiempo para asesorar a Nolan) confesó que “hay que vivirlo para saber lo que fue”. Viner perdió a su hermano en la playa, después de que la armada francesa bombardease el MV Crested Eagle. El propio Vic contempló desde la distancia cómo las llamas devoraban la embarcación, sin saber aún que su hermano, de 25 años, viajaba a bordo. “Era terrible ser bombardeado cada día, sin comida, ni agua, apestando”.

Harvey pensaba que sus piernas habían sido arrancadas de cuajo. “Pierdes el juicio”, explica antes de reír nervioso

El hombre no está preparado para superar algo así, recuerda en 'The Conversation' el historiador de la Universidad Case Western Reserve de Cleveland (Ohio) John Broich, que añade que las consecuencias psicológicas para muchos de los supervivientes fueron devastadoras. No se puede saber exactamente cuántos las sufrieron, ya que un recuento de los pacientes de TEPT (estrés postraumático) no era precisamente buena propaganda, y tan solo fue a finales del pasado siglo cuando se comenzaron a registrar en audio los testimonios de los supervivientes, la mayoría de los cuales habían pasado más de 50 años en silencio.

El propio Broich, especializado en la Segunda Guerra Mundial, se sumergió en las grabaciones (a las que se puede acceder en la página de Imperial War Museums) para conocer de primera mano qué pasó con los supervivientes. Y no solo se corresponde con lo que la película presenta –como el shock experimentado por el personaje de Cillian Murphy o el sentimiento de desertores de los supervivientes–, sino que pudo ser mucho peor de lo que esta da a entender, especialmente por el duradero efecto de la tragedia. Entre los diagnósticos más habituales, señala un psiquiatra, se encuentran “histeria aguda, depresión reactiva y pérdida de memoria funcional y del uso de sus extremidades”.

El terror, en primera persona

El historiador recoge algunos de los relatos más desgarradores con los que se topó. Es el caso del de Will Harvey, cuyas piernas fueron atravesadas por la metralla de una bomba alemana mientras esperaba para embarcar, como los miles de soldados que en la película hacen larguísimas filas en espera del barco que los saque de su infierno. Harvey pensó, por el dolor que sentía, que sus piernas habían sido arrancadas de cuajo. “Pierdes el juicio”, explica en la cinta antes de reír con nerviosismo. Las heridas de metralla eran habituales, y también las sufrió otro superviviente llamado Fred y entrevistado en un blog: “No sabíamos qué significaba el estrés postraumático durante la guerra, pero el aullido de los bombarderos era espantoso”.

Un barco zarpaba con unas mil personas a bordo, y recorría alrededor de un kilómetro. Lo siguiente que veías era cómo se hundía

Otro protagonista desconocido es Al Tyers, que a los 21 años tuvo que enfrentarse en Dunkerque con uno de los grandes retos de su vida: dar prioridad a soldados y otros varones en edad de servir al ejército a la hora de ser rescatados frente a los civiles. El soldado compara a sus compañeros con “ganado” que se apretaba en los barcos. De repente, la sirena sonaba y los bombarderos alemanes aparecían por el horizonte: el apocalíptico signo de que algo terrible estaba a punto de ocurrir. “Un barco zarpaba con unas mil personas o así”, relata. “Y recorrían alrededor un kilómetro. Lo siguiente que veías era el barco hundiéndose”. Alrededor de 68.000 ingleses y 18.000 franceses murieron, fueron heridos o capturados.

Después de vivir algo así, la recuperación no es sencilla. Harvey abandonó poco después el ejército, incapaz de superar las crisis nerviosas que le golpeaban a menudo. Tampoco pudo alistarse en la marina, aunque lo intentó. Él mismo relata que, después de abandonar la playa de Dunkerque, era habitual que se pusiese violento con las personas que le rodeaban: “Solía ponerme muy agresivo con mis colegas, ya sabes. Intentaba controlarme. Pero me ponía muy agresivo”. Los arrebatos de violencia, así como las reacciones emocionales intensas, son algunos de los síntomas principales del estrés postraumático.

Una de las imágenes del arranque de 'Dunkerque'.
Una de las imágenes del arranque de 'Dunkerque'.

No lo tuvo más fácil Tyers. Fue diagnosticado con claustrofobia debilitante e internado en un hospital psiquiátrico. Durante mucho tiempo, fue incapaz de sentarse al lado de otras personas durante la comida, y tenía que huir de los cines en los que se proyectaban las grabaciones de la guerra. Como suele ocurrir en estos casos –el Ron Kovic de 'Nacido el 4 de julio' nos viene a la cabeza–, lo peor de todo era la incomprensión del resto de personas que no habían compartido su calvario.

Terapia en masa

Algo que tienen todos los testimonios en común, señala el historiador, es que los exsoldados intentan pasar de puntillas por los episodios más cruentos y no se recrean en lo escabroso. Por ejemplo, en la gran cantidad de soldados que acabaron con su propia vida en la playa de Dunkerque. Broich recuerda que aunque hay evidencias de ellos, no disponemos de un número exacto. De hecho, el soldado que en la película se sumerge en la playa luchando contra las olas está inspirado en un caso real, aunque la mayoría de los suicidas se dispararon.

Los soldados capturados sirvieron como mano de obra en Alemania y Polonia y trabajaron en minas, campos y fábricas

Muchos de los supervivientes necesitaron tratamiento psiquiátrico. Algunos documentos oficiales reflejan los problemas de ansiedad entre aquellos que llegaron a Dover, pero también entre los marineros que tuvieron que emprender varios viajes de rescate a ese infierno por mar y aire. Aún peor lo tuvieron los alrededor de 40.000 soldados que fueron capturados por los nazis (cuidado: spoiler), como ocurre con el aviador interpretado por Tom Hardy en la película de Nolan. Como mostraba un documental llamado 'Dunkirk: the Forgotten Heroes', la mayoría se convirtieron en fuerza de trabajo.

El productor del documental, Steve Humphries, explicaba que “muchos de estos 40.000 hombres tuvieron que caminar cientos de kilómetros hasta llegar a Alemania y Polonia y pasaron el reto de la guerra trabajando en minas, campos y fábricas”. Al otro lado del Canal de la Mancha, miles de hombres intentaban recomponer su mente después de vivir una de las experiencias más terroríficas de la Segunda Guerra Mundial, en la que la posibilidad de morir en cualquier momento, la claustrofobia de saber que no hay tener salida posible y la presencia de un enemigo invisible debieron conformar un cóctel devastador, imposible de entender por cualquiera que no estuviese allí.

Alma, Corazón, Vida

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