CÓMO HACER AMIGOS Y SER UN PSICÓPATA

El libro sobre el éxito que le ha enseñado todo a Manson, Trump y Buffett

Desde hace 80 años, "Cómo ganar amigos e influir sobre las personas' despacha cada año miles de ejemplares. Tanto Warren Bufett como Charles Manson o Donald Trump lo tienen

Foto: Dale Carnegie con uno de los libros más vendidos durante el siglo XX.
Dale Carnegie con uno de los libros más vendidos durante el siglo XX.

Si uno tuviese la oportunidad de entrar en el despacho de Warren Buffett, podría encontrar en una de sus paredes, enmarcado con orgullo, el diploma del Dale Carnegie Training, que certifica que el oráculo de Omaha aprobó el célebre programa. Hace ya décadas de aquello, pero el empresario no desperdicia ninguna ocasión para reivindicar la influencia que el curso y el libro 'Cómo ganar amigos e influir sobre las personas' de Dale Carnegie tuvo en su carrera, especialmente en lo concerniente a hablar en público. “Funcionó”, ha reconocido. “Es el título más importante que poseo”.

Podemos coger el avión y desplazarnos a la cárcel de Corcoran (California), donde Charles Manson cumple cadena perpetua. No nos encontraremos el título en la pared, pero quizá el asesino en serie reconozca la gran influencia que el libro de Carnegie publicado hace ya 80 años tuvo en su infame carrera. En concreto, a la hora de captar adeptos para conformar la Familia, una secta que obedecía sus órdenes y que perpetró númerosos crímenes entre los que se contaba el asesinato de Sharon Tate. Manson hizo el curso entre rejas, mientras cumplía condena en Los Ángeles por robar un automóvil. Aprendieron la lección: el programa ya no se imparte en la cárcel.

Todo lo que usted y yo hacemos tiene dos motivos: la urgencia sexual y el deseo de ser grande

Como desveló su biógrafo Jeff Guinn en 'Manson: the Life and Times of Charles Manson', el perturbado músico y asesino se fijó en el capítulo siete a la hora de convencer a sus seguidores: es el que aconseja “Deje que la otra persona sienta que la idea es suya”. Muchas de sus habilidades como líder de secta podrían formar perfectamente de los decálogos para el desarrollo del carisma personal, ya que Carnegie, quizá el pionero de la autoayuda, es una influencia compartida. Es el caso de pedir consejo a los demás, una común herramienta de liderazgo para conseguir implicar al resto de empleados en un proyecto propio.

La siguiente parada es la Casa Blanca. Corre el año 1957 y uno de los grandes propietarios inmobiliarios de Nueva York da a su hijo el clásico de Carnegie para que, como él mismo hizo, aprenda todo de él. Donald Trump es otro de los acérrimos seguidores de este volumen que sigue despachando al año miles de copias en todo el mundo. Antes de convertir su cuenta de Twitter en un circo, el POTUS era aficionado a reproducir grandes citas del autor, como “el hombre que llega más lejos es el que desea hacer cosas y arriesgarse” o “el éxito es conseguir lo que quieres; la felicidad es querer lo que consigues”.

Sexo y poder

“Todo lo que usted y yo hacemos tiene dos motivos: la urgencia sexual y el deseo de ser grande” es una de las grandes sentencias de Carnegie, que el periodista Craig Brown reproduce en su última columna. Como tantas otras piezas del pensamiento de Carnegie, suena tan visionaria –en los términos del éxito de la era neoliberal– como políticamente incorrecta. Pero es una sentencia que encaja como anillo al dedo en la mentalidad ambiciosa de presidentes, inversores y asesinos… y que encantará a 'freudianos' obsesionados por los orígenes sexuales de la ambición.

El deseo de sentirse importante es una de las principales diferencias entre la humanidad y los animales

Como bien han sabido entender otros iconos de la superación personal que han convertido su verborrea en un negocio, Carnegie era un gran creador de aforismos. Por ejemplo, “si quieres miel, no puedes darle una patada a la colmena”; “el deseo de sentirse importante es una de las principales diferencias entre la humanidad y los animales”; o “cuando tratamos con otras personas, debemos recordar que no tratamos con criaturas lógicas, sino emocionales”. La clásica “la única forma de conseguir que hagas algo es darte lo que quieres, ¿qué quieres?” condensa la mezcla de falsa generosidad y soterrada ambición que define la obra del popular escritor.

Carnegie, un actor fracasado, publicó su clásico libro en 1936, tras dos décadas de carrera como 'coach' avant la lettre. Nacido en el seno de una pobre familia de granjeros de Misuri, encontró su vocación en 1912 cuando decidió ganar algo de dinero dando clases sobre hablar en público. Había un buen mercado para ello: en apenas un par de años ganaba unos 500 dólares de la época a la semana. Fue el arranque del imperio Carnegie, cuya sombra se proyecta hasta hoy en día, tanto a través de las sucesivas reimpresiones del libro como del Dale Carnegie Traning (o actualizaciones apócrifas, como 'Cómo hacer amigos e influir a la gente en la era digital'), por el que han pasado más de ocho millones de estudiantes y que también se imparte en español.

Foto: Cordon Press.
Foto: Cordon Press.

Su influencia, por supuesto, va mucho más allá de los nombres citados: entre aquellos que hicieron su cursillo se encuentran también el cantante Johnny Cash o el presentador David Letterman. Este mismo año, el editor de la sección de libros de 'The Washington Post' Ron Charles recordaba irónicamente que aunque siempre había pensado que era una antigualla, pero que “sus consejos correctivos a tontorrones y gilipollas es mucho más duradero”. Como recuerda, una de sus características que han pervivido en la industria de la autoayuda es “el énfasis en las cualidades milagrosas de sus consejos extraordinariamente ordinarios”.

Aquí está, ya llegó: la fórmula del éxito

Al fin y al cabo, como recuerda el periodista del medio americano, no se trata más que de consejos de sentido común disfrazados de sabiduría ancestral. Lo muestran, por ejemplo, sus seis enseñanzas para convertirse en una persona agradable: mostrar un interés genuino en ellas, sonreír, recordar que el nombre de los demás es muy importante, ser un buen oyente, reconocer los intereses de los demás o, como bien sabe Charles Manson, conseguir que los demás se sientan importantes, por ejemplo, preguntándoles su opinión.

Uno de los consejos eliminados en 1981 era que la esposa debía conferir toda la autoridad económica de la familia a su marido

Más célebres aún son los trucos para conseguir que los demás piensen como uno. Entre ellos se encuentran consejos clásicos como evitar todas las discusiones, nunca señalar a alguien que está equivocado (y, al contrario, si uno no lleva la razón, reconocerlo rápidamente), comenzar una conversación con preguntas a las que el otro pueda responder afirmativamente o intentar ver las cosas desde el punto de vista ajeno. Como explicaba a propósito de las “cartas milagrosas”, es preferible pedirle a otra persona que te haga un favor, puesto que de esa forma se sentirá más importante.

Este último capítulo desapareció en la edición de 1981, la que ha llegado hasta nuestros días, pero no fue el único. También cayó por el camino el que se refería a las reglas para convertir el hogar marital en un lugar más feliz que, como ya se habrán imaginado, eran muy espinosas. A pesar de algunos consejos razonables, como no criticar a la pareja o no intentar mejorarla, hay otros completamente desfasados, aunque coherentes con la mentalidad del momento, como que la esposa confiera al marido toda la autoridad sobre la economía doméstica. Eso sí, había uno especialmente llamativo: nunca está de más leer un buen libro sobre sexo en el matrimonio. Libro quizá no, pero si quieres hacer caso al bueno de Carnegie, aquí tiene unas cuantas buenas ideas.

Alma, Corazón, Vida

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