¿A quién le pertenece el espacio?

La guerra por la Luna ha comenzado (y la subasta de ayer en Sotheby's lo demuestra)

Cada vez más países y empresas ambicionan lo que hay más allá de la frontera terrestre. Esta nueva fiebre del oro podría desencadenar en una disputa internacional

Foto: Misión del Apollo 15. (Wikimedia Commons)
Misión del Apollo 15. (Wikimedia Commons)

Cuando Neil Armstrong plantó una bandera estadounidense en la superficie de la Luna, Estados Unidos parecía estar reclamando la propiedad del único satélite natural de la Tierra, pero solo desde el terreno de lo simbólico. Por ahora, y gracias a las Naciones Unidas (ONU), nadie puede. Sin embargo, 48 años después de aquel “pequeño paso para el hombre”, una inocente venta simboliza por qué la guerra por el espacio está más cerca que nunca.

La casa Sotheby's ha sacado a subasta 173 lotes de artefactos espaciales y recuerdos, entre los que se encuentran una sencilla bolsa blanca que viajó en el Apolo 11 y volvió a la Tierra con restos de polvo lunar recogidos por el propio Armstrong. En 2015 el gobierno estadounidense la subastó por error a su actual propietaria, la abogada del área de Chicago Nancy Lee Carlson, que apenas pagó 995 dólares por ella, así como otros artículos incluidos en el lote. Ahora, intentará venderla por más de 4 millones.

Distintas organizaciones, entre las que se encuentra For All Moonkind, creen que un elemento cultural tan importante como este no debería estar en manos privadas (quieren prevenir la comercialización de ese patrimonio) y están presionado a la ONU para que protejan la integridad de la Luna, así como todo lo que sale de ella. Hablan, básicamente, de crear una UNESCO para el espacio. Y, a primera vista, la ley parece estar de su parte.

Patrimonio de la humanidad

En medio de la Guerra Fría se aprobó el Tratado sobre el Espacio Exterior, cuyo principio mantiene al espacio libre de perspectivas de soberanía nacional o derechos de propiedad. El acuerdo, que entró en vigor en 1967, representaba un hito esperanzador, especialmente porque EEUU y la URSS formaban parte de los más de 60 países que lo ratificaron el primer día. A su vez, el tratado prohíbe el uso de armas nucleares fuera de la Tierra, declara que la Luna y otros cuerpos celestes son patrimonio común de la humanidad y restringe su uso a fines pacíficos.

A medida que más países y empresas planean misiones, el temor es que se desencadene una disputa por la propiedad del espacio

El siguiente paso consistía en establecer unas reglas claras al maremágnum espacial, como se hizo con fondo marino. Sin embargo, el Tratado de la Luna no tuvo tanto éxito como el primer acuerdo. Su objetivo era transferir la jurisdicción de todos los cuerpos celestiales (incluidas las órbitas) a la comunidad internacional. Ni EEUU ni la mayoría de países con programas espaciales lo han firmado y, a día de hoy, tan solo 17 lo han ratificado. Dicha negativa ha permitido que algunas naciones como la estadounidense o Luxemburgo ya hayan aprobado leyes para reconocer la propiedad legal de lo que las compañías privadas encuentran fuera de los límites terrestres.

Conflicto espacial

A medida que más países y compañías planean misiones a la Luna, el verdadero temor no es que surjan subastas esporádicas como la de Sotheby's, sino que desencadene en toda una disputa por la propiedad del satélite natural y el resto del espacio. Y hay razones para la inquietud. Al respecto, 'Scientific American' habla del espacio exterior como un “territorio impugnado”, el último capítulo de los desastres de la guerra.

La NASA reconoce que la creciente capacidad técnica de algunos países y entidades comerciales les permitirá aterrizar pronto en la Luna

En este momento cerca de 1.300 satélites activos rodean la Tierra en un nido de órbitas, en las que EEUU sigue siendo el rey. De momento. La competencia feroz está a la vuelta de la esquina: China y Rusia tratan de desafiar su superioridad con ambiciosos programas espaciales propios. “La lucha amenazar un conflicto que podría paralizar la infraestructura planetaria basada en el espacio. Y a pesar de que comience allí, tal disputa propiciaría fácilmente una guerra en la Tierra”.

Los satélites proporcionan vigilancia planetaria a los países. (Ejército de EEUU)
Los satélites proporcionan vigilancia planetaria a los países. (Ejército de EEUU)

Los Estados cada vez presupuestan más dinero no para la investigación del espacio en sí, sino para mejorar sus capacidades defensivas y ofensivas fuera de los límites terrestres. Armas antisatélites, basura espacial y un creciente club de potencias en las que sus miembros no están dispuestos a jugar con las mismas reglas: la situación es mucho más complicada que durante la Guerra de las galaxias de Ronald Reagan. El conflicto, señalan los expertos, podrían empezar por lo más cercano a la Tierra.

La Luna, objeto de deseo

El caso lunar es particularmente jugoso, sobre todo para las empresas. Está relativamente cerca (a unos 384.400 kilómetros), en términos espaciales, y es rica en helio. Al menos cinco países (EEUU, China, India, Japón y Rusia) planean explorarla con misiones tripuladas, según asegura 'Bloomberg' y el país presidido por Xi Jinping ansía evaluar el potencial para extraer helio-3, un isótopo ligero raro en la Tierra, pero abundante en la superficie lunar. Y, sin embargo, pese al evidente conflicto de intereses que se va a ocurrir, no se están planteando debates oficiales al respecto.

Buzz Aldrin durante la misión del Apollo 11. (Wikimedia Commons)
Buzz Aldrin durante la misión del Apollo 11. (Wikimedia Commons)

La NASA emitió un documento, coincidiendo con el aniversario del Apollo 11 hace seis años, sobre cómo proteger los artefactos lunares de valor histórico y científico, como puede ser la bolsa de Armstrong repleta de polvo lunar. En aquel momento, la agencia reconoció “la creciente capacidad técnica de las entidades comerciales y de las naciones de todo el mundo” y que “muchos están a punto de desplegar naves espaciales en la superficie de la Luna”. Por eso, recomendaba un cordón de seguridad de al menos 75 metros alrededor del lugar exacto de aterrizaje de la primera aeronave tripulada que aterrizó allí.

Pese a los esfuerzos de concienciación, las grandes potencias y las empresas como Google o SpaceX están ganando la partida. Elon Musk anunció esta semana que había llegado el momento de pensar en construir una base lunar. En efecto, una noticia impresionante, pero pocos se preguntaron por las implicaciones que tendría la propiedad privada en la Luna. Ese debate no está ni se le espera. La conquista del espacio exterior implica riesgos, no por lo que nos vayamos a encontrar (de momento), sino por las disputas que pueda originar entre nosotros.

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