Frank Caprio es el juez más cuqui

El juez más bondadoso del mundo: "Te condeno a llevar a tu hijo a desayunar"

El juez Frank Caprio, de Rhode Island, deja a los hijos decidir la sentencia de sus padres y tiene en cuenta los problemas de los acusados en una muestra de compasión y empatía

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Frank Caprio es juez municipal de Providence desde 1985 y, básicamente, se ha hecho conocido por tener humanidad. Algo tan sencillo como la empatía y la cercanía muchas veces queda olvidado en los procesos judiciales, pero no para este juez de Rhode Island. El juez Caprio es como el abuelo que defiende a su nieto delante de sus padres después de que haya pintado las cortinas del salón.

Sus casos son los relacionados con las infracciones de tráfico y los delitos menores, lo que podría hacer más fácil pasar por alto ciertas cosas, pero no siempre es fácil terminar con arcoíris y unicornios. En uno de sus casos, retransmitido por el programa de televisión ‘Caught in Providence, una mujer acudió al juzgado por una deuda de 400 dólares por multas de aparcamiento. La acusada, que comenzó a llorar mientra contaba su historia, explicó que su hijo había fallecido el año pasado.

—He tenido un año muy duro, su señoría. Recibo un subsidio por discapacidad y no tengo los 400 dólares. Todavía sigo pagando el funeral de mi hijo. No sé de dónde sacar esa cantidad de dinero.

—Creo que todos podemos expresarle nuestras condolencias y entender el trauma que ha vivido. Voy a considerar todas las circunstancias que me ha explicado y ver si puedo cuadrarlas con los intereses de la ciudad que debo proteger.

—Es el peor sentimiento del mundo. Me siento muy vacía.

—Voy a reducirle la multa a 50 dólares, ¿cuánto tiempo necesita para pagarla?

—Tengo esa cantidad ahora mismo.

—Si paga, ¿la dejaría sin dinero?

—Me iría de aquí con cinco dólares.

—No voy a permitir que se vaya con cinco dólares. Voy a perdonarle todo.

El juz Caprio, tras la sentencia, terminó deseándole lo mejor: "Esperamos que todo se resuelva en su vida, buena suerte".

El hijo decide la multa del padre

Hace poco, el juez decidió contar con un aliado a la hora de decidir su sentencia. Un hombre se presentó en el juzgado por una infracción de tráfico acompañado por su hijo Jacob, de cinco años. Alegando que tenía problemas con este caso, el juez Caprio le pidió al pequeño que subiera y le ayudara a decidir el importe de la multa de su padre: “Tengo tres opciones: puedo multarle con 90 dólares, con 30 dólares o no multarle nada, ¿qué debería hacer?”, preguntó el juez a su nuevo becario. Jacob, con un desarrollado sentido de la justicia, optó por la opción intermedia ante la sorpresa de los asistentes. La cuestión se acabó resolviendo de la siguiente manera:

—¿Has desayunado ya? —le preguntó el juez.

—No.

—Le propongo algo a tu padre. Si te lleva a desayunar, le perdono la deuda, ¿qué te parece?

—Bien.

—Entonces quiero que pidas un montón de cosas, ¿vale? Porque se va a ahorrar 30 dólares. ¿Es un buen trato?

—Sí, porque me encanta el bacon —respondió Jacob dictando sentencia.

"Las 9:59 están muy cerca de las 10:00"

En otro de sus casos, una mujer es procesada por estacionar su coche en una zona que está prohibida de ocho a 10 de la mañana. Ella aparcó dos segundos antes de las 10. El juicio se desenvolvió entre risas e ironías por parte del juez y de la acusada:

—¿Qué puede decirme sobre esto? Haber tomado el camino equivocado en la vida...

—El reloj de mi coche marcaba las 10.

—Oh, ahora culpa al reloj de su coche. Inspector Quinn, ¿qué requiere la justicia en este caso? ¿La cárcel?

Finalmente, el que ya es el juez más cuqui del mundo decidió absolverla. "Creo que las 9:59 está lo suficientemente cerca de las 10".

Emilio Calatayud, su equivalente español

En España también tenemos nuestra versión particular de las sentencias más monas. Emilio Calatayud es el juez de Menores de Granada y esgrime castigos creativos como arma judicial. A principios de este año, condenaba a un menor que robó en una peluquería a matricularse en un curso de estilista y cortarle el pelo al propio juez.

Otras de sus sentencias son la de un condenado al que le gustaba dibujar, que tuvo que realizar un cómic contando las razones por las que había sido sentenciado, o la de un conductor borracho, al que obligó a visitar a parapléjicos y hablar con sus familias.

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