PREPARÁNDOSE PARA UN MUNDO SIN AGUA

Así serán los retretes del futuro (y no se parecen en nada a lo que te estás imaginando)

Se avecinan décadas de sequías e inundaciones, de crisis energéticas e inestabilidad. De ahí que sea cada vez más urgente replantearnos los principios de los cuartos de baño

Foto: No es exactamente esto lo que nos espera... salvo a unos pocos privilegiados. (iStock)
No es exactamente esto lo que nos espera... salvo a unos pocos privilegiados. (iStock)

Es probable que a usted eso de acudir al cuarto de baño a hacer aguas mayores, le parezca lo más natural del mundo. Con apretar un botón, todo se marcha por el retrete para siempre, sumiéndose en un complejo sistema de cañerías y plantas de depuración. Obviamente, sospecha que el proceso que condujo a la civilización a diseñar un sistema tan perfecto de evacuación no fue ni sencillo ni barato. Sin embargo, lo que no se da cuenta es de que probablemente se trate de un privilegiado, y no por las razones que puede estar sospechando.

El verdadero problema con los retretes a lo ancho y largo del mundo es el agua, tanto su escasez como su abundancia en forma de inundación. Y, a medida que las sequías y otros accidentes naturales azoten cada vez más nuestro planeta, lo será cada vez más. Esta idea se encuentra en la base del programa Reinvent the Toilet Challenge, que bajo su curioso nombre, se trata de una idea de la Fundación Bill y Melinda Gates con el objetivo de diseñar nuevos sistemas de higiene para conseguir que los 2.500 millones de personas que carecen de este sistema lo disfruten. Pero no se trata simplemente de ayudar a los más desfavorecidos, sino también, de una potente oportunidad de negocio.

Si no hay agua, la solución es diseñar retretes que funcionen sin ella y sin electricidad… y que puedan producir nuevos recursos

Es una cuestión de salud básica: millones de las muertes que se producen en los países del Tercer Mundo se deben a los parásitos que se extienden rápidamente gracias a la inexistencia de sistemas sanitarios. No obstante, y como recuerda un reciente reportaje publicado por Lina Zeldovich para 'Mosaic', es algo que puede afectar también a la sociedad occidental. Como escribe la autora, “en la era del cambio climático, cuando las sequías y las inundaciones son cada vez más comunes, Occidente puede tener algo que aprender de los pequeños servicios sin agua que se están probando en los barrios más pobres de Madagascar”.

Se refiere a uno de esos proyectos que comprobó con sus propios ojos. Se trata de un sistema de retretes planteado por la compañía Loowatt, y que combate los problemas de agua haciendo que esta sea prescindible. La pregunta por lo tanto, es de qué manera se desechan los desperdicios humanos. Como explica la autora, estos se acumulan en una bolsa que se sitúa debajo de la taza, y que una vez se llena, es reemplazada por un equipo de servicio. La mayoría de estos sistemas, además, intentan reaprovechar los desechos convirtiéndolos en fertilizante y biogás, el gas combustible generado por la degradación de la materia orgánica.

¿Qué fue del agua?

Como recuerda Zeldovich, este sistema mata dos pájaros de un tiro. Por una parte, soluciona un problema higiénico al mismo tiempo que se genera energía, por ejemplo, para abastecer a esos mismos pueblos. Esto se encontraba también en la base del proyecto de los Gates, que señalaba que “los retretes del futuro deben producir 'recursos valiosos' de los desechos, es decir, energía, nutrientes y agua limpia”. ¿Lucha por este nuevo recurso? No se trata únicamente de eso; las bases del concurso también planteaban que “deben operar fuera de la red eléctrica, sin acceso a agua, electricidad o plantas de aguas residuales, y encajar en áreas pobres”.

En apariencia no son muy diferentes; lo que cambia es la forma de deshacerse de los desechos

Otro factor esencial es que debe ser atractivo para el mundo desarrollado. Al fin y al cabo, como recuerda Virginia Gardiner, la CEO de Loowatt, mientras todas las tecnologías han evolucionado sustancialmente durante los últimos siglos, la del retrete no ha cambiado casi nada, ni en los países en vías de desarrollo ni en los desarrollados. Tampoco es que los nuevos sean, en apariencia, muy diferentes (tienen su asiento de plástico y su manija para tirar de la cadena); lo que cambia es, ante todo, la manera de deshacerse de los desechos, que hace que no sea necesaria “un sofisticado sistema de tuberías subterráneas que lleven a una instalación que asimile la producción”.

Los utilitarios de los festivales musicales, conocidos por todos, tampoco son una alternativa. Como recuerda el reportaje, huelen, son difíciles de limpiar y, sobre todo, se desbordan rápidamente cuando se producen inundaciones a causa de las lluvias torrenciales. Aunque no hace falta sospechar qué pasa, Zeldovich lo retrata: “Los desechos de las letrinas se salen y flotan hasta los patios, las casas, las tiendas y las calles”. La Organización Mundial de la Salud calcula que hasta 1.000 millones de personas tienen que hacer lo que se llama “defecación abierta”, es decir, al aire libre, en calles, patios o campos, con el consabido y enorme riesgo para la salud.

Tampoco es la solución. (iStock)
Tampoco es la solución. (iStock)

Estos nuevos sistemas pueden ser eficientes, pero tampoco son precisamente baratos, al menos para el bolsillo de sus beneficiarios. Como explica el reportaje, el sistema de Loowatt cuesta tres libras (alrededor de cuatro euros) al mes… Y el sueldo medio de algunos de estos lugares es de alrededor de 40 euros al mes. ¿Un lujo? Otro problema es quién vacía estos innovadores retretes y en qué condiciones, ya que en Madagascar los que recogen los depósitos son “vaciadores informales” (se entiende que no profesionales) que luego lo echan a las gallinas como comida.

¿Hay más alternativas?

Por supuesto, este no ha sido el único proyecto que ha emergido de Reinvent the Toilet Challenge. Los premios reconocieron al Instituto de Tecnología de California con 100.000 dólares para diseñar un retrete alimentado con energía solar (una vez más, no se depende ni del agua ni de la electricidad) al mismo tiempo que genera electricidad e hidrógeno (de nuevo, el desecho como fuente de energía).

La solución 'agua va' no funciona en un planeta abarrotado. En el siglo XXI, todo el mundo es el 'agua va' de otra persona

El segundo premio de 60.000 dólares fue destinado a la inglesa Universidad de Loughbrorough, ya que su retrete permitía generar carbón orgánico, minerales y agua limpia. Completando el podio se encontraba la Universidad de Toronto, que obtuvo 40.000 dólares por un proyecto que purifica automáticamente las heces y la orina. El criterio más importante en el proceso de selección de candidatos era “poder capturar y procesar los desechos humanos sin agua en tuberías, depuradoras o conexiones eléctricas, y que los transformen en recursos útiles, como energía y agua, a un precio asequible”.

Aún está por ver si estos nuevos retretes llegan a Occidente, y con qué objetivos, aunque nadie puede negar que, en la lucha por los recursos, este pueda marcar una sorprendente diferencia. Desde luego, lo que está claro es que el sistema que todo conocemos plantea un problema en el que probablemente no habíamos caído: que el sistema de tuberías y plantas de tratamiento que emergió durante la Revolución Industrial y el desarrollo de las grandes ciudades simplemente multiplicó (industrializó) el problema, pero no lo resolvió, mucho menos en otros rincones del mundo donde las condiciones ambientales son muy diferentes. “La solución 'agua va' no funciona en un planeta abarrotado”, recuerda la autora citando a David Waltner-Toews, autor de 'The Origin of Feces'. “En el siglo XXI, todo el mundo es el 'agua va' de otra persona”.

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