¿SERías capaz?

"Intenté pagar solo en efectivo durante un mes y esto es lo que pasó"

Es muy difícil hoy en día vivir sin la tarjeta de crédito. Compras online, comodidad... ¿Qué pasaría si solo pagáramos con 'cash'? Te lo contamos

Foto: Euros. (iStock)
Euros. (iStock)

Raquel D' Apice se propuso el reto de pagar con dinero en efectivo (o al menos intentarlo) durante un mes. Esta escritora, residente en Nueva Jersey, aceptó el desafío que le propuso 'Prevention' sin pensárselo dos veces. "Dije que sí como lo había hecho en otros retos porque estaba bastante segura y confiada de que ya sabía cual iba a ser el resultado. Así que me dispuse a pagarlo todo con 'cash' para intentar ahorrar y ver cuánto dinero se gasta realmente porque teniéndolo encima eres más consciente", comenta.

El pensamiento de Raquel está respaldado por varios estudios como el que ha realizado el Sloan School of Management de la Universidad de Cambridge, que muestra que las personas están dispuestas a pagar mucho más por las cosas cuando utilizan la tarjeta de crédito a diferencia de si tienen los billetes encima. Otra investigación, realizada por la Universidad de Oxford, descubrió que la compra de alimentos en un supermecado con efectivo en lugar de con tarjeta conduce a ser menos impulsivos a la hora de escoger comida poco saludable.

La realidad duele: día 1

"Volé a mi casa de Florida el primer día del mes. Al llegar al aeropuerto de Newmark, abrí una aplicación móvil de transporte para que me llevaran a casa, pero me di cuenta que no podía utilizarla porque el pago no puede ser en efectivo. Así que tuve que tomar un taxi que me costó 53 euros cuando por la 'app' me habría costado la mitad. Así que, para empezar, ya estaba perdiendo dinero".

Transporte público: día 4

"Antes de aceptar el experimento ya tenía concertada una cita, a las 8:30 de la mañana, con el dentista y la única manera de llegar allí es el transporte público (más o menos hora y media de viaje) o por la aplicación o taxi (unos 15 min). Así que muy a mi pesar, para llegar antes, volví a coger un taxi que me costó 25 euros, cuando por la 'app' son 12. De hecho escribir este artículo me está costando alrededor de 40.

De camino a casa (cuando ya no estaba presionada por el tiempo) cogí el autobús y me di cuenta de que cuando tienes unos minutos de sobra es agradable estar cerca de otras personas y volver a cuando era más joven y lo tomaba a diario porque no tenía dinero para taxis. Además me di cuenta de que estaba ayudando al medio ambiente. Aunque no echo de menos todos los aspectos de ello, me doy cuenta que extraño algunas cosas".

Coge el  trasporte público. (iStock)
Coge el trasporte público. (iStock)

Donar: día 8

"Todos los meses colaboro con una ONG y dono dinero (me he hecho un calendario como el de adviento para colgar en la pared y no perder de vista lo mucho que estoy donando). Pero, ¿cómo puedo hacerlo ahora? Desde luego no es plan de ir a las oficinas de Médicos Sin Fronteras y darle billetes como si fuera mi niñera. Así que muy a mi pesar, no puedo donar nada este mes. Lo haré al siguiente aunque esté arruinando mi racha".

Compra online: día 9

"Nuestro exprimidor se rompe. Voy a comprarlo online pero evidentemente no puedo porque hacerlo por Internet supone tener que utilizar la tarjeta, y no puedo ir a la tienda de electrodomésticos y volver solo por un zumo. Así que apunto en una lista "exprimidor", para comprarlo cuando pueda el mes que viene".

Cumpleaños: día 10

"Me doy cuenta de lo difícil que es ser reflexiva. Necesito comprar un regalo para un amigo pero no puedo hacerlo por la página como lo haría normalmente. No me gusta no poder hacerlo como siempre lo hacía".

El objetivo: día 13

"Mi objetivo es ir a la compra, mi gran archienemiga. No me gusta gastar dinero (por eso decidí hacer el experimento, porque pensé que me ayudaría a hacerlo más sencillo). Voy al supermercado, ese lugar que quiere que me deshaga de mi dinero porque tiene muchas cosas que son agradables, encantadoras y sobre todo (no siempre) necesarias. Aquí puedo comprar el regalo de cumpleaños, un par de zapatos para mi hijo de 4 años, calzoncillos, vitaminas, detergente y caramelos, que inevitablemente me harán tener más caries, lo que exigirá coger más veces transporte privado y paseos al dentista. Si hay una cosa que no aprendo sobre mí es que sigo cayendo en los mismos errores.

Gasté menos de 70 euros. Fue una victoria. Por lo general suelo dejarme unos 160 fácilmente y nunca estoy segura de qué es lo que compro que es tan caro y hace elevar tanto la cuenta final: ¿papelería?, ¿chicles sin azúcar?, ¿pinturas de 24 colores?, ¿cómo he podido llegar a este dineral?

Gasté menos dinero, lo controlé cuando tenía que hacer la compra y fue muy útil tenerlo en pequeños comercios

Sin mínimo de efectivo: día 16

"Voy a la frutería y normalmente hay un mínimo de 9 euros para poder pagar con tarjeta por lo que además de las dos cosas que necesito comprar, me veo obligada a coger más para poder pagar y mucha se acaba poniendo mala porque no nos da tiempo de comérnosla. Pagar con efectivo me permitió gastar lo justo y necesario y salir tranquilamente sin tener que pensar en qué comprar para llegar al mínimo".

"Fallé": día 19

"Sí, fallé. Hace unos meses que tenía planeado viajar y visitar a un amigo en Nueva Jersey y el trayecto en taxi desde aquí son unos 88 euros y en trasporte público tardaría muchas horas en llegar a cada dirección y se haría insoportable hacerlo con niños pequeños. Así que, muy a mi pesar y enfadándome mucho, encendí mi aplicación de transporte privado y la utilicé. Lo siento".

Deudas: día 21

"Debía a un colega unos 275 euros más o menos de un paquete que pagó él hace tiempo. Cuando le he pagado en mano el dinero con un fajo de billetes, él me miraba como si estuviéramos en la Edad Media. Fue espeluznante".

Libros y efectivo: día 22

"Me encanta leer por lo que siempre descargo libros en Kindle, pero como no se me permite hacer eso, he tenido que ir a la estantería para buscar un libro que me compré hace meses como un capricho. No recordaba lo bien que huelen los libros nuevos, así que acabé siendo buena y no descargué ningún otro. Lo que sí hice fue ir al cajero para sacar más efectivo (esto no cuenta como uso de tarjeta) y así poder continuar, aunque quede poco, con este experimento.

Varias horas más tarde perdí mi billetera con más de 200 euros. Casi me da un ataque al corazón y se me llevan los demonios por haber accedido a hacer este artículo. Me maldigo a mí misma por ser tan descuidada y no haber cerrado bien la cremallera de la mochila. La verdad que soy un desastre, soy muy alocada. Al ir a la terapia física les explico que no les puedo pagar porque no tengo la cartera. Estoy enfadada.

Al terminar encuentro mi cartera. De alguna manera se cayó del bolsillo y aterrizó tras una hilera de estanterías. Al final no he perdido el dinero y el ritmo de mi corazón vuelve a ser normal. Soy un desastre".

El metro me odia: día 28

"Parece que esta empresa no me quiere ni a mí ni a mi dinero. Intento comprar el abono en la máquina y no hay manera. No me coge el efectivo y lo rechaza todo el rato. Estoy muy aburrida, quiero que esto acabe ya".

Pagar con efectivo en el supermercado conduce a escoger alimentos más saludables, según la Universidad de Oxford

Barata y equitativa: día 29

"Así soy yo. Aunque no puedo hacer grandes donaciones, he empezado a dar dinero a los artistas de la calle, gente que canta en el metro o a las personas sin hogar porque simpre suelo tener un euro o dos en el bolsillo. Siempre. No sé si es bueno o malo darles directamente a la persona, porque tal vez se lo gastan en alcohol, drogas y no en comida..."

Conclusión

"Así ha terminado el mes. ¿Me ha gustado? No, lo siento, esto no es para mi. No se lo recomendaría absultamente a nadie, sobre todo si no tienes coche. Pero no todo fue malo: me sorprendí de lo poco que gasté en la compra y pienso mucho más en lo que estoy gastando en todo momento. Además, trato de tener algo de efectivo encima mientras que antes nunca llevaba, es muy útil para cuando se trata de no tener que llevarte toda la tienda para poder pagar y no desperdiciar alimentos que se cadudan por no poder ingerirlos.
Así que he aprendido varias cosas. Cuando a vida te da limones (incluso si no puedes comprar un exprimidor por Internet) aún es posible hacer un poco de limonada".

Alma, Corazón, Vida

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