57 grados de desviación

El enigma indescifrable de la Mezquita-Catedral de Córdoba

En el interior del templo existe un error que pasa desapercibido al común de los mortales y que, a pesar de los intentos de diferentes emires, no fue nunca subsanado

Foto: ¿Qué misterio hay tras el bosque de columnas? (iStock)
¿Qué misterio hay tras el bosque de columnas? (iStock)

"La luna es el ojo de buey del barco de la noche"

Ramón Gómez de la Serna

Era una construcción única. A pesar de ser edificada por el peor enemigo del cristianismo durante cerca de un milenio, su íntegra estructura fue acomodada a los nuevos tiempos y habilitada como templo para aquellos creyentes que, según cuenta la historia, albergaban la verdad última.

Si alguien desea sumergirse en el tiempo, bucear en el pasado, teletransportarse entre los capilares de un enigma, puede visitar este lugar mágico donde las corrientes de pensamiento, teologías encontradas y ríos de sangre han disputado la hegemonía de un único dogma exclusivo y excluyente.

Una vez superada la bellísima Puerta del Perdón, de verse rodeado en el Patio de los Naranjos por aromas indescifrables que invaden al espectador hasta poseerlo y llevarlo a un mundo de sensaciones ajeno a la realidad impuesta (un paraíso terrenal que ocupa un tercio de los 22.400 metros cuadrados del conjunto) llegamos en modo inconsciente y con el automático puesto, invadidos por el esplendor y la magnificencia, a la Puerta de las Palmas, tras la cual, un inmenso entramado de arcos y columnas nos envuelve con una tenue y mística iluminación que genera una atmósfera de recogimiento e incertidumbre álmica próxima al desasosiego.

¿Por qué la mezquita desafiaba los designios del Profeta?¿Se equivocaron los constructores en el cálculo de coordenadas?

Una vez dentro de este templo de la humanidad, se observa un sutil dislate que pasa desapercibido al común de los mortales. Uno de los preceptos más importantes del islam es que el muro de la qibla debe estar orientado de forma inexorable hacia La Meca, de tal manera que cuando los fieles oren, sepan en qué dirección lo hacen, no vaya a ser que alguno se despiste y Allah monte en cólera.

Las hipótesis sobre el misterio

Se da el caso de que la declinación de la aguja de cualquier brújula hace patente el error. Dicha declinación es de 157º hacia el este, esto es, 57º más que la asignación preceptual que el islam indica. ¿Significa esto que los imanes, muecines, arquitectos, comendadores de creyentes y demás casta de administradores de la fe islámica eran unos herejes o depravados? Pues no, pero un poco despistados, sí.

Algunas conjeturas gravitan sobre las mentes inquietas. Siendo que en Al-Ándalus había otras varias mezquitas y que su orientación en general cumplía con los requisitos establecidos para su construcción, ¿por qué la mezquita de Córdoba desafiaba los designios del Profeta sobre este particular?¿Se equivocaron los constructores en el cálculo de coordenadas?

La hipótesis de mayor calado es la del profesor Ignacio Olagüe, que en una verosímil aunque arriesgada teoría podría haber dado con la clave

Ya Alhakén II era consciente de esta desviación y había intentado en vano corregirla, pero un levantamiento multitudinario de la iracunda población impregnada en un radical fervor religioso le convenció de que era más razonable poner a buen recaudo el pellejo que corregir unas desviaciones “pecata minuta”.

Otras teorías apuntan a que fue un desafío en toda regla por parte de Abderramán II, que arrastraba un cabreo importante tras la ejecución de su familia en Damasco bajo la dinastía abasí. Esta manifestación de independencia pudo operar el milagro de la desviación de los famosos 57º. Lo cierto es que la transgresión en cuestión fue sonada. ¿O tal vez fue construida sobre los cimientos de la antigua basílica de San Vicente aprovechando su infraestructura?¿O quizás durante su estancia entre las tribus bereberes descubrió algún lugar mágico que le sugiriera una mayor devoción que la debida a La Meca?

Esquina suroeste y exterior del muro de la quibla. (Creative Commons)
Esquina suroeste y exterior del muro de la quibla. (Creative Commons)

En lo que confluyen los que saben es que en la muy antigua Córdoba ya había templos paganos con solera. Luego vinieron los romanos e instalaron sólidamente un templo a Jano -el dios latino de los dos rostros-, que miraba tanto a oriente como a occidente para así poder equilibrar el Cosmos (Plutarco dixit).

Todas las culturas, sin dudarlo, escogieron este lugar como el gran oratorio que es; miles, quizás millones de almas desde tiempos inmemoriales han impregnado de devoción este increíble y fascinante lugar. Pero probablemente la hipótesis de mayor calado es la que apunta el profesor de historia Ignacio Olagüe, que en una verosímil aunque arriesgada teoría podría haber dado con la clave del tema.

¿La teoría más probable?

Casi todas las fuentes históricas coinciden en que la mezquita inicial pudo ser construida durante el tiempo de Abderramán I, y que su primera piedra fue puesta en el año de Allah del 164, que en la conversión cristiana, sería el año del Señor de 786. Pero lo más asombroso es que dos años después estaba ya terminada.¿Tomaban los árabes de aquel tiempo Cola Cao? ¿Habían clonado al primo de Zumosol...?

El fallo en el cálculo podría haber sido utilizado por los emires para marcar sus diferencias con Damasco y los abasíes

El profesor Olagüe sostiene que hay muchas incongruencias en la cronología referente a la construcción de la Mezquita de Córdoba. Al parecer, el alminar desde el que el muecín llama a la oración cinco veces al día no fue construido hasta el año 850 de la era cristiana. Por otro lado, el mihrab, hornacina inserta en la quibla y que indica el lugar hacia donde el creyente debe dirigir sus plegarias, no fue implementado hasta el año 855 por Abderramán II, y tampoco fue orientado hacia la Meca. La pregunta es: ¿y si no estaba preparada para el rezo, para que servía entonces?

Las conclusiones de este historiador acaban apuntando a que en realidad la mezquita fue construida sobre las ruinas de la basílica visigoda, y que tal vez por ello fuera tan rápida su ejecución. Asimismo, asevera el erudito que como consecuencia de ello, la orientación no obedeciera a los criterios dictados por el Corán de ahí, si cabe y se justifica con calzador o sin él, que los dos Abderramanes y sus predecesores encajaran de buena gana sus diferencias con Damasco y los abasíes. ¿Quién da más?

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