y no es lo que estás pensando

Esto es lo que debes hacer en la bañera para quemar más calorías que en el gimnasio

No se trata de convertir tu cuarto de aseo en una sala de entrenamiento y mucho menos en practicar sexo. Es algo mucho más sencillo que te hará adelgazar sin hacer prácticamente nada

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Hay un truco para quemar calorías mientras te bañas. Y no, no es lo que estás pensando, mente sucia. Tampoco se trata de hacer sentadillas mientras uno está bajo el grifo. Es algo mucho más sencillo y fácil de hacer: controlar la temperatura. Si las duchas frías no te van y mucho menos el contraste de temperaturas, puedes optar por darte baños de agua caliente: acelerarás el metabolismo y consumirás muchas calorías, ya que el cuerpo trata de conservar su temperatura corporal.

Un estudio realizado por la Universidad de Loughborough demostró que aquellos que se daban un baño a 40 grados, quemaban unas 140 calorías en promedio, lo equivalente a una media hora de caminata. Y no solo eso: también habían mejorado el control de los niveles de azúcar en la sangre.

El doctor Steve Faulkner, director de la investigación, comentaba sorprendido los resultados del estudio: "Descubrimos que los participantes, cuando se bañaban tenían los niveles de glucosa máximos un 10% más bajos que cuando hicieron ejercicio”, explica a 'The Daily Mail'.

Los baños de agua caliente potencian la quema de calorías, dilatan los vasos sanguíneos y relajan los músculos, liberando la tensión acumulada

Las razones de que se produzcan estos dos beneficiosos efectos son, afirma Faulkner, que "el baño puede favorecer la liberación de proteínas de choque térmico, y esto a su vez puede ayudar a mantener estables los niveles de azúcar en sangre mediante la mejora de la captación de glucosa”.

Cuidado con pasarse

Además de los investigadores antes mencionados, mantener el agua por debajo de los 40 grados también está aconsejado por el sector médico. Pero ojo, hay que tener cuidado y no esperar a abrasarse, pues "corres el riesgo de dañar la salud de tu piel", explica en 'Women's Health' la dermatóloga neoyorquina Sejal Shah.

"El agua caliente hace que la piel pierda sus aceites naturales, se seque, pique y, finalmente, aparezca un eccema y pierda su color”, dice Shah, quien advierte de que las duchas nunca deben ser demasiado largas, independientemente de la temperatura, ya que secan la piel.

Asimismo, hay que tener cuidado, ya que el agua muy caliente puede causar problemas debajo de la piel. Al aumentar la temperatura se acelera la circulación sanguínea y provoca que las células se inflamen y el picor o sequedad en la piel se haga insoportable. Además, el calor extremo también causa una bajada de la presión arterial, lo que puede dar lugar a mareos.

Ideal para conciliar el sueño

La relajación que sentimos tras darnos una ducha o baño caliente es debido a una ligera disminución de nuestra temperatura corporal, clave para que el cerebro se adormezca y esté listo para descansar. Por eso es una buena idea para aquellos que sufren de insomnio.

Un estudio realizado en 1985 demostró que las personas que se daban un baño caliente antes de acostarse no solo se quedaban dormidas más rápido sino que además tenían un "sueño de calidad".

Un estudio demostró que aquellos que se daban un baño a 40 grados quemaban unas 140 calorías, lo equivalente a media hora de caminata

Para que el baño nos relaje y nos ayude a dormir debemos vigilar los grados del agua, y esta debe estar medio grado por debajo de lo habitual. ¿Por qué? Cuando nos dormimos, el cerebro envía mensajes a los vasos sanguíneos para que liberen calor, por lo que es importante que nuestro cuerpo esté menos caliente de lo normal para que el cerebro pueda regular la temperatura sin problemas. Es decir, que si el baño es demasiado caliente lo más probable es que consigamos el efecto contrario y no consigamos pegar ojo en toda la noche.

El contraste, otra alternativa

Los beneficios del agua fría y caliente aplicadas por separado son evidentes, pero los expertos aseguran que los mejores resultados se obtienen al combinar ambas. Esta técnica, conocida como terapia de contraste de agua, implica ducharse durante unos 20 minutos, usando agua caliente durante tres a cuatro minutos antes de cambiar repentinamente al frío durante un minuto y luego otra vez.

Este proceso crea un mecanismo de "bombeo", donde sangre muy rica en oxígeno fluye hacia los músculos y los tejidos cerca de la piel; mientras, la sangre desoxigenada atraviesa las venas hasta los pulmones, para recoger más óxígeno.

Con el agua caliente conseguiremos dilatar los vasos sanguíneos y relajar los músculos, liberando la tensión acumulada y aliviando los dolores reumáticos. Además, el vapor favorece las patologías respiratorias, sobre todo si se potencia su efecto con hierbas, aceites o minerales naturales.

Por otro lado, el agua fría contrae los vasos sanguíneos y estimula la circulación, siendo altamente eficaz para eliminar el cansancio físico y psíquico, la retención de líquidos y sus antiestéticos efectos en la piel. Asimismo, el frío activa la función metabólica, eliminando toxinas y grasa acumulada, al mismo tiempo que anima la producción de glóbulos blancos, reforzando el sistema inmunitario contra resfriados, gripe y asma.

Alma, Corazón, Vida

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