No hagas eso, por favor

Los errores más frecuentes que cometes cuando comes en un restaurante caro

Antes de dejarte el sueldo en estos templos del sabor, merece la pena recordar las equivocaciones en las que los inexpertos del protocolo gastronómico solemos caer

Foto: Ante la duda, pregunta. (iStock)
Ante la duda, pregunta. (iStock)

Los españoles tenemos la suerte de contar con una de las mejores gastronomías del mundo, así como con un variedad extensa de restaurantes y cocineros que se toman muy en serio la experiencia culinaria. La alta cocina goza de buena salud en nuestro país: tres de los diez mejores templos del comer elegidos este año por la prestigiosa revista 'Restaurant' son españoles.

[Lista de los restaurantes españoles con estrella Michelin]

Es cierto que un menú en estos establecimientos cuesta, por ponerlo claro, un riñón. Pero a cada vez más gente le merece la pena hacer un esfuerzo y ahorrar para permitirse saborear la experiencia. Una comida en un restaurante de lujo es mucho más que engullir exquisiteces; es, digamos, un espectáculo, como quien va al estadio de fútbol. Sin embargo, antes de acudir con pompa y circunstancia, merece la pena recordar los errores, recogidos en 'Mashed' por Kitty Jay durante los más de diez años de experiencia como camarera, que los inexpertos en el mundo del protocolo y la sofisticación gastronómica solemos cometer.

No uses la servilleta como si fuera una toalla

¿Cómo es posible que un poco de tela cause tanta confusión? Lo creas o no, el protocolo de este tipo de restaurantes dicta que hay una manera muy específica de utilizar las servilletas. La encontraremos encima del plato (en una posición que roza la papiroflexia) para protegerlo del polvo o las migas. Una vez nos sentamos, se desdobla y se coloca sobre el regazo. En caso de que haya un anfitrión, hay que esperar a que éste lo haga. Ni se te ocurra ponértela anudada al cuello (¡sacrilegio!); eso mejor déjaselo a los bebés.

Foto: iStock.
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Debes tratarla con cuidado, como si fuese una pieza de museo. No es una toalla, una bayeta o un pañuelo. Al terminar de comer, se deja de la misma manera que para hacer una pausa: al lado derecho y ligeramente arrugada.

Los cubiertos tienen su propio lenguaje visual: en forma de triángulo significa pausa; en cruz, siguiente plato; y en paralelo, plato terminado

El lío de la cubertería fina

En los restaurantes más formales se pone toda la cubertería de golpe, y entonces, claro, surgen las dudas: ¿con qué empiezo?, ¿esto qué diantres es? Todos esos pequeños tenedores, cucharitas y demás pueden hacer que te sientas como un invitado confuso en una de las cena de la serie Downton Abbey. Cada utensilio, por nimio que parezca, tiene su propósito. La regla general es utilizarlos de fuera hacia adentro.

La tradición europea establece que, por ejemplo, un filete se corta a medida que se va comiendo, siempre con el cuchillo y el tenedor en las manos. Asimismo, los cubiertos tienen su propio lenguaje visual: en forma de triángulo significa pausa; en cruz, siguiente plato; en paralelo con el mango hacia el lado izquierdo, excelente; y en paralelo con el mango en la parte inferior, plato terminado.

Sigue el código de vestimenta

Los restaurantes de alto nivel eran tradicionalmente un lugar donde el 'dress code' (la norma, por lo general, no escrita que indica cómo debes vestir) jugaba un papel fundamental. Sin embargo, ya sea por la crisis económica (que también afecta al sector) o por la evolución de la moda, la obligatoriedad del traje, la corbata y el vestido se ha ido relajando. En estos casos, lo mejor es encontrar el punto arreglado, cada uno dentro de su estilo. No obstante, todavía encontramos en España establecimientos que requieren vestir de manera formal. El sentido común nos dice que nada de pantalones cortos, camisetas, zapatillas ni gorras. Muchos restaurantes de alto postín, como el casino de Madrid, te pueden dejar una chaqueta en caso de que acudas sin una.

Los camareros te dan a probar el vino para cerciorarse de que está en perfectas condiciones, no para que les digas si está rico o no

No pretendas saber de vinos

Foto: iStock.
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Por mucho que muevas la copa y pongas cara de erudito, los camareros huelen al impostor a un kilómetro de distancia. Cuando pides un vino y te lo dan a probar, no quieren saber si te parece que está rico o no. El hecho de que alguien lo pruebe es para cerciorarse de que el vino está en perfectas condiciones. Por ejemplo, que no tenga posos. Con mirar ligeramente y dar un pequeño sorbo comprobaremos si está en buen estado. Quien entiende de vino, de hecho, solo con olerlo puede detectarlo. Si tienes cualquier duda, pregúntale al sommelier, que en este tipo de sitios tienen uno.

Raquel MárquezRaquel Márquez

Los camareros sí que saben

Foto: iStock.
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Un menú suele tener tantos platos que el ajetreo de camareros de aquí para allá es constante. Pueden ser los mejores del mundo, sí. Puedes estar pagando un dineral por sus servicios, también. Pero ayúdales a ayudarte. Trátalos como a un buen guía: están ahí para resolver tus dudas sobre los ingredientes, el protocolo, qué vino va con qué plato, etc. Asegúrate de que alcanzan bien los platos, mueve tu cuerpo y saca tus pertenencias de la mesa si es necesario. Sí, incluso el teléfono. Algunos de estos establecimientos tienen políticas claras que prohíben el uso del móvil durante la comida (nada de fotos ni filtros Instagram). Ah, y nunca llames a un camarero a voces, tampoco con el chasquido de los dedos. Con un ligero movimiento de mano bastará.

No te pases con las exigencias

Es cierto: el menú bien puede costarte un sueldo, pero no hay que pasarse con la sustituciones. ¿Podrías cambiarme esta guarnición por esta otra y añadirle esta otra salsa? Se entienden cuando están justificadas por temas de alergias, pero si es una cuestión de gustos, mejor no lo hagas y pide otra cosa.

Mantente en el ritmo de la mesa

Foto: iStock.
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La maquinaria de un buen restaurante es su cocina. Y, si está bien engrasada, sacará los platos en el momento justo, no antes de que el anterior haya sido terminado. En este tipo de restaurantes, se considera una grosería que cada uno en la mesa ordene un número diferente de platos. A su vez, terminar mucho antes o después que el resto tampoco está bien visto.

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