una tarea difícil

"Soy un hombre y me quedé cuidando a mi hijo en casa"

"Mi vida antes era una fiesta", comenta Keir McKenzie, un padre que se quedó tres meses en casa para realizar las tareas diarias y mantener a su niño. ¿Qué crees que pasó?

Foto: Juega con tu hijo. (iStock)
Juega con tu hijo. (iStock)

"Todo lo que parece que haces es estar con tus amigas tomando café y comer pasteles todo el día. Había dicho esta frase las suficientes veces a mi mujer que cuando nos pusimos de acuerdo para que yo fuera un amo de casa y papá durante tres meses, me preocupé bastante por temor a aumentar mi peso y sin embargo resultó que he perdido casi tres kilos simplemente por estrés y del agotamiento".

Keir MacKenzie es el padre de Frank, un niño de cuatro años al que le gusta mucho jugar y "hacer el indio". La idea de ejercer como padre había sido suya, estaba solo ante el peligro, como lo había estado su mujer durante todos estos años. Keir ha visto como su esposa ha estado criando a su hijo y ha ejercido como ama de casa ella sola durante tres días a la semana: tenía la casa limpia, la comida hecha y el niño dormido en su cama cuando él llegaba de trabajar todos los días. "Parecía un juego de críos, por eso me ofrecí a intercambiarnos el trabajo", asegura.

Fue el dos de enero cuando su mujer se embarcaba en la aventura de ser reportera para las mañanas de la BBC y subió en el tren camino a Manchester. Más o menos una hora antes, el pequeño de unos 20 meses empezó a vomitar: "No puedo creer en qué mal momento se ha puesto malo, parecía que notaba que su madre se iba y quería molestarme y preocuparme", bromea el padre. Cinco días después, Frank dejó de estar enfermo, pero las cosas no mejoraron ahí.

Al principio resultó que al pequeño no le gustaba dormir, al menos no con su padre cerca. "Cometí el error de que llevarme al niño a dormir en mi cama cuando estuvo enfermo y vomitando, ahora me doy cuenta de lo mal que lo hice porque no quiere dormir en su habitación. Además permanecía despierto hasta las dos de la madrugada y me gritaba al oído 'te he encontrado', antes de empezar a reírse. Suena gracioso y entrañable, pero no lo era", confiesa.

Ser padre no significa estar en una fiesta con pasteles, risas y café; es el trabajo más duro que se puede tener

La alarma sonaba muy pronto. Las cinco y media de la mañana llegan muy rápido y la falta de sueño de Keir era muy grande. Y esto solo la primera noche. Su único consuelo era, según pensaba él, que podría pasar el día recuperándose mientras el niño jugaba con sus amigos. Pero lo que encontró no le gustó nada en absoluto. "La palabra juego es engañosa. Se supone que implica que el niño jugará en grupo mientras tomas un café relajante y te lo bebes a distancia viéndole jugar. Nada que ver con la realidad, habiendo acudido como a unos 60 acontecimientos como este, me siento en condiciones de pedir un título alternativo de "luchador profesional".

A los niños pequeños a veces les cuesta relacionarse y no saben jugar con otros, en muchos casos son egoístas. Keir lo descubrió una mañana cuando su hijo pegó a otro en la cara con un coche de plástico: "Si te pides ese café, la mayoría de las veces no vas a tener tiempo para bebertelo. Puedes pasarte más de dos horas persiguiendo a tu hijo por el parque o por la habitación y rezar para que la tos ferina no sea contagiosa".

Padres ¿avergonzados?

Al menos, MacKenzie tenía la esperanza de compartir el "dolor" con otros padres que se quedan en casa con sus hijos. Pero cuando intentó desahogarse en uno de los grupos de padres que van con los niños a jugar, todos dejaron de tener contacto visual y evadireron el tema: "A los hombres no les gusta hablar con otros cuando sienten que han perdido su hombría. Y la verdad es que ser padre y amo de casa no debería ser un tema del que avergonzarse".

La vida de este padre estaba cambiando a pasos agigantados, antes solía hacer bromas en la oficina sobre la presión de pagar la hipoteca y ahora las hace sobre el contenido de los pañales de su hijo. "Bromeo sobre los hábitos de sueño del pequeño, sobre el tiempo que pasa frank viendo los dibujos. Donde una vez fui el cabeza de familia y principal fuente de ingresos económicos, ahora era el proveedor de desayuno, almuerzo y meriendas", explica Keir.

Keir y Frank. (Keir MacKenzie)
Keir y Frank. (Keir MacKenzie)

Además, estaban las otras tareas domésticas: lavar la ropa, la limpieza y hacer la compra. Un padre y amo de casa no tiene casi tiempo para estas cosas, y sin embaro es practicamente parte de la descripción de este trabajo. Como resultado a todo ello, la situación fue bastante caótica. Incluso sus intentos de controlar su alimentación fueron un desatre, una situación que finalmente culminó un viernes por la noche cuando informó a su mujer que estaban cenando palitos de pescado y ensalada.

"Esa noche tuvimos una conversación sobre el hummus. A muchos les parecerá una tontería, pero a mí se me olvidó comprarlo sabiendo que es un alimento que le encanta a mi mujer. Cuando yo llegaba a casa del trabajo y no había algo de lo que me gustaba para cenar, muchas veces cuestionaba por qué mis comidas preferidas no estaban en la despensa. Desde ese momento, empecé a apreciar que había sido un idiota la mayor parte de nuestro matrimonio", explica MacKenzie.

A los hombres no les gusta hablar con otros cuando sienten que han perdido su hombría. Ser padre y amo de casa no es para avergonzarse

Cuando los tres meses estaban llegando a su fin, Keir tenía ojeras y el cansancio estaba sacando lo peor de él. Pero el punto álgido llegó cuando enseñó a su hijo la frase "Oh, esto es una jodida mierda". Aprendió que los niños repiten todo lo que escuchan. Frank necesitaba a su madre de vuelta y él necesitaba su trabajo anterior.

Bryony, madre y mujer, regresó a casa y los roles volvieron a ser los mismos. Cuando el trabajaba a tiempo completo y ella a tiempo parcial, Keir acabó reconociendo que había estado equivocado durante mucho tiempo: "Ser padres no significa estar en una fiesta de pasteles, risas y café; es el trabajo más duro que se puede tener. La falta de contacto con los adultos, la monotonía y la rutina, y el agotamiento te consume. Finalmente entendí que ser padre no tiene nada que ver con llevar al niño a la piscina un día a la semana y mojarte los dedos de los pies".

No todo fue malo

Pero no todos los aspectos han sido negativos. Desde esa experiencia Frank y su padre tienen un vínculo especial y afirma que recuerda cuando "papi cuidó de él". Ahora el niño quiere estar siempre a su lado, por lo que algo bueno tuvo que suceder.

Frank y Keir.
Frank y Keir.

Ahora la pareja tiene una mejor relación, ya que Keir entiende y aprecia perfectamente todas las tareas que consigue realizar su mujer. "El haber trabajado como padre y amo de casa me hizo darme cuenta que mi vida laboral es una fiesta comparada con aquello. Valoro mucho más las cosas como leer, descansar o simplemente mirar por la ventana sabiendo que no voy a acabar con puré de patatas por la cabeza y sobre todo el duro trabajo que hace mi esposa cada día. El trabajo que una vez me pareció estresante, ahora es un parque infantil. Y lo mejor de todo es que puedo tomar el café y la tarta cuando quiera".

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