AHORA LO PENSARÁS DOS VECES ANTES DE ELEGIR

Lo que nunca debes pedir en un restaurante de lujo

No es oro todo lo que reluce: ya sea por su calidad o por su elevado precio, hay alimentos que es mejor no pedir en estos templos de la ostentación y el sabor

Foto: Hay alimentos que es mejor no pedir en este tipo de establecimientos. (iStock)
Hay alimentos que es mejor no pedir en este tipo de establecimientos. (iStock)

Cenar en un restaurante de lujo no solo es inolvidable al paladar, la vista o el tacto, sino también para tu cuenta corriente. Por esa razón, hay que aprovechar la visita al máximo y evitar que la experiencia culinaria se convierta en memorable por las razones equivocadas.

La mayoría de las guías de los restaurantes de etiqueta tienden a centrarse en el código de vestimenta, el protocolo o los buenos modales. Sin embargo, no suelen especificar qué platos debemos evitar con tal de conseguir que la cena sea lo más gratificante posible. No es oro todo lo que reluce: ya sea por su calidad o por su elevado precio, hay alimentos que es mejor no pedir en este tipo de establecimientos.

Carne muy hecha

Foto: iStock.
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Tal vez uno de los errores más comunes, y uno de los que al parecer causan mayor consternación entre los aficionados a la buena comida, es pedir un filete muy hecho. Para empezar, lo consideran un desperdicio de buena carne y dinero. Si aun así optas por seguir tus gustos, tienes que saber que puedes arriesgarte a que el restaurante (incluso los de etiqueta) te la jueguen. Muchos aprovecharán tus gustos culinarios para colarte los peores cortes, los de menos sabor o los que llevan más tiempo en la recámara. Total, los van a carbonizar en la sartén y al final el gusto de la pieza se disimulará. Además, al pedirla muy hecha esperarás dos veces más de tiempo para que la comida llegue a tu mesa.

Los restaurantes suelen poner el pan sin avisar. Luego verás de qué manera la etiqueta de 'artesano' hace subir la cuenta final

Asimismo, la carne muy hecha tiene un riesgo oculto para nuestra salud. Cuando aplicamos fuego o calor a un alimento iniciamos una serie de reacciones químicas que lo van transformando. Si este calor es excesivo provocamos una combustión, que consume las proteínas y las transforma en una sustancia llamada glicotoxinas. Según un estudio de 2013, podría ser un factor de riesgo en el desarrollo de enfermedades cerebrales como el alzheimer.

Pan caro

Foto: iStock.
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En cualquier restaurante español es común acompañar la comida con pan; es un elemento básico. Si viene incluido en el menú, probablemente no haya escapatoria, pero si te lo quieren cobrar aparte, no deberías pedirlo. Los restaurantes de lujo suelen hacer esto último, y algunas veces lo ponen sin avisar. Luego en la cuenta verás cómo la etiqueta de 'artesano' hace subir el precio final. A pesar de es muy tentador, y sin duda delicioso, podrías esperar a que llegue el primer plato sin pedir panes especiales: de centeno, espelta, pasas, nueces o aceitunas.

La segunda botella de vino más barata

Foto: iStock.
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Ponte en situación. Estás en un buen restaurante, quizá con alguien a quien quieras impresionar, pero tampoco es plan de gastárte el sueldo en una botella de vino. Por eso, pides la segunda más barata: no te hace parecer tacaño, pero tampoco acabarás en números rojos. ¿El problema? Que la mayoría de los allí presentes hará lo mismo, y los restaurantes se aprovechan de ello. El negocio para ellos será mayor con un vino barato que con uno caro, de la misma manera que pedir solo una copa sale mucho más caro que la botella entera. Al tratarse de un local caro, no es mala idea decirle al sommelier cuánto estás dispuesto a pagar y que él te recomiende el mejor. Lo mismo funciona con el champán.

Agua del grifo

Foto: iStock.
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Puede que para intentar rebajar la cuenta, pidamos agua del grifo. Es tentador, pues los restaurantes tienden a cobrar las botellas de agua como si estuviésemos en medio del desierto. Sin embargo, debes saber que muchos te mirarán mal y muy cortésmente te dirán que eso ahí no se frecuenta. En caso contrario, es una pena que el mal sabor del agua nos arruine una comida tan rica y cara. No en todas las ciudades el agua sabe tan bien como en Madrid y, ya que estamos, vale la pena no pasarse de tacaño. Aunque duela.

Langosta o bogavante

Foto: iStock.
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Un clásico de la alta cocina. Hoy en día decir que uno va a comer langosta denota lujo y elegancia, aunque antes del siglo XIX era considerada una comida para pobres, presos y animales. Aun así muchos cometen el error de asumir que solo porque el crustáceo es caro (o porque quieren demostrar riqueza) es un plato que vale la pena pedir. De hecho, la langosta debe ser juzgada como cualquier otro marisco: mejor si el restaurante está cerca de la costa y mejor si está especializado en animales del mar en particular.

Caviar

Foto: iStock.
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La realidad hace cierto el dicho de que si el huevo fuese caro sería mejor considerado que el caviar. Al igual que la langosta, este plato se ha ganado a pulso su buena reputación y exclusividad. Solo se lo pueden permitir las clases altas o aquellos que se quieran dar un capricho puntual. No obstante, antes de pedirlo, asegúrate de que realmente te guste el caviar. No es algo que se pruebe todos los días y no todos estamos acostumbrados a su sabor. Así que no lo pidas solo para aparentar opulencia en ojos ajenos. También debes cerciorarte de que es caviar de verdad: hay multitud de sustitutos y son todos igual de caros.

Ostras

Foto: iStock.
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Tan lujosas y exclusivas como la langosta, el caviar o el champán, pero con el factor de riesgo añadido para tu salud. Si las comes en mal estado, este marisco con fama de afrodisíaco puede convertir tu cena más romántica en una pesadilla no exenta de carreras al inodoro y dolores estomacales. En los últimos años ha habido más intoxicaciones por marisco que en las últimas dos décadas y la culpa la tiene el calentamiento global. Al parecer, el aumento de temperatura de las aguas produce la proliferación de microbios que acaban en la ostra y, más tarde, en tu estómago. Si piensas que los restaurantes de lujo tendrían el problema a raya… estás equivocado. Un informe de 2015 (en este caso en Estados Unidos) demuestra que ningún establecimiento se salva.

Tiburón o ballena

Al lujo le gusta lo exótico. Por eso, cada vez más restaurantes ofrecen carne de tiburón, ballena o delfín en sus menús. Es verdad que se ha demostrado que la carne de tiburón contiene niveles altos de mercurio (podría ser tóxico para quienes lo consumen regularmente), sin embargo la oposición viene desde el terreno ético. La demanda de este tipo de platos acrecienta la sobrepesca y disminuye su población. En este sentido, el foie gras también es un clásico en los restaurantes de bien, pero muchos dejan de pedirlo después de conocer el proceso de fabricación.

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