ruidos insoportables y malos olores

Motín en el 'crucero de los horrores' de Pullmantur: "Creíamos que se hundía"

Cientos de pasajeros españoles se rebelaron durante un crucero de Pullmantur, empresa que intenta remontar con recortes las pérdidas millonarias de los últimos años

Foto: Motín en el salón de actos del crucero
Motín en el salón de actos del crucero

El crucero temático ‘Leyendas del Mediterráneo’ zarpó de Alicante el 8 de abril con cientos de personas a bordo. El malagueño José Vázquez era uno de ellos. Había ahorrado durante meses para pagar los 6.472 euros que le costaron las peores vacaciones de su vida: una semana que tenía que ser idílica para toda su familia (incluidos sus padres y sus tíos) y que acabó con ojeras y los nervios destrozados. “Después de la primera noche ya nos queríamos bajar del barco, queríamos que terminase todo cuanto antes, aunque fuese perdiendo el dinero”, dice.

Como la familia Vázquez, decenas de pasajeros describen la experiencia extrema que vivieron el mes pasado: el ruido ensordecedor de los motores no les dejaba dormir por las noches, los baños se atascaron, los orines y excrementos rebosaban por las tazas y por los platos de las duchas. “Fue una pesadilla que empezó en el mismo momento en el que dejamos las maletas abajo. En lugar de llevarlas a nuestras cabinas, como dijeron, las dejaron abandonadas. Hubo un caos enorme y la mía la encontré cuatro horas después tirada en un pasillo. Me la llevé como me podría haber llevado cualquier otra. Era un caos difícil de explicar”, asegura.

Motín de los pasajeros en un crucero de Pullmantur

El buque (bautizado en su día ‘Horizon’) lleva navegando desde 1989 y, según la tripulación, venía de pasar tres semanas en Cádiz para ser reparado y remozado. Pullmantur pertenecía a Royal Caribbean Cruises desde que Marsans la vendió por 700 millones en 2006. Tras una década arrastrando pérdidas de decenas de millones de euros anuales, volvió a cambiar de manos el verano pasado.

El 51 por ciento de las acciones fueron adquiridas en mayo de 2016 por el fondo de capital suizo Springwater, que ha emprendido una reestructuración durísima para salvar la compañía. Según fuentes cercanas a la empresa, los recortes y los planes para rentabilizar la actividad han deteriorado mucho la calidad del servicio. "Se han aprovechado espacios, se intenta cobrar cualquier servicio imaginable y se ha llevado a la extenuación a la tripulación, en su mayoría extranjera (de Centroamérica, Túnez, Islas Mauricio…). Si la gente se ha quejado tanto del ruido, es posible que se estén metiendo pasajeros en camarotes destinados al personal de a bordo", dicen.

Muchos sacrificamos las excursiones que habíamos pagado para poder dormir un rato, o nos quedábamos dormidos en el autobús

Los problemas se concentraron en las cabinas 4, 5 y 6. Allí estaba Janeth Martínez, que había viajado con su marido desde Almuñécar. “Prácticamente desde que entramos al camarote, el olor a orines y heces era muy fuerte. La habitación estaba muy sucia. Nos fuimos a dormir ya enfadados y a las tres de la mañana empezó una vibración fortísima, como un terremoto. Nos creíamos que el barco se estaba hundiendo y salimos a los pasillos. Los cajones se abrían, las botellas vibraban… Fuimos a recepción a preguntar qué pasaba y nos dijeron que no podían hacer nada”, asegura.

Tras largas horas intentando conciliar el sueño, la familia Vázquez se trasladó a recepción con cojines y sábanas. “Nos encontramos a gente por los pasillos que habían salido con los chalecos salvavidas. Al principio creíamos que se hundía. En recepción estaba todo colapsado, con gente intentando poner hojas de reclamaciones. Nos decían que ellos no estaban obligados a entregarlas porque se rigen por la legislación de Malta. Mis padres y mis tíos, que están mayores, empezaron a sentirse mal”.

Interior de un crucero de Pullmantur. (EFE)
Interior de un crucero de Pullmantur. (EFE)

A partir del segundo día, con decenas de personas que no habían dormido en toda la noche, el caos se apoderó del crucero. “Muchos sacrificamos las excursiones que habíamos pagado para poder dormir un rato, o nos quedábamos dormidos en el autobús. Cuando el barco estaba parado y los motores apagados, el ruido cesaba y era el único momento de tranquilidad. Era un cansancio y un estrés horrible. Estábamos deseando que se acabase, pero también indignados porque eran nuestras vacaciones y habíamos pagado un dinero”, dice Janeth.

Según el relato de los afectados, la tripulación repartió tapones de goma para los oídos en los camarotes más afectados y accedieron a realojar a una mujer embarazada que empezaba a tener miedo de que le pasase algo al niño. “Nos dijeron que no podían hacer nada más y dejaron de mirarnos a la cara. Se quedaban callados cuando les hablábamos o se iban corriendo. Mientras, los mecánicos arreglaban cosas por los pasillos y había una peste a cloaca y a combustible todo el rato".

El problema con los baños empeoró. “Toda la porquería se quedaba en la taza y no funcionaba el sistema de succión. Mi mujer vomitó porque tiene hernia de hiato y se quedó ahí todo”, recuerda Antonio Madrid, un sevillano que pagó unos 3.000 euros por pasar “la peor pesadilla de su vida” en la habitación 4052. “La materia fecal caía de un piso a otro, era horrible. Hubo que destapar el techo de un piso para intentar arreglarlo y caía la porquería por todo el barco”, recuerda Janeth.

La revolución

La indignación, narran los afectados, fue aumentando con el paso de los días y con la falta de sueño acumulada. El miércoles 12 por la noche se produjo lo que ellos llaman “la revolución”. Cientos de pasajeros boicotearon un espectáculo en el salón de actos, rodearon a los trabajadores y exigieron que el capitán del crucero diese la cara. “No tuvo cojones de venir, pero nos habló por megafonía diciendo que todo se iba a resolver, algo que no ocurrió. Mandaron a la gente de seguridad y cuando les enseñamos los vídeos nos daban la razón. Fue indignante. Veníamos a descansar y se convirtió en una película”, resume José Vázquez.

Los ojos de uno de los tripulantes tras varios días sin dormir
Los ojos de uno de los tripulantes tras varios días sin dormir

Otro de los pasajeros, María José Jimeno, asegura que lleva años viajando en cruceros y que no se había encontrado nunca con nada igual. “Hace 25 años hice uno por el Nilo, en un barco egipcio muy viejo, y ni siquiera eso se puede comparar. Al final se desencadenó un motín que fue muy agresivo, se puso todo el teatro lleno de gente gritando. Es una amenaza a la seguridad del barco que la tripulación tampoco supo gestionar. El capitán ni apareció por allí”, dice.

Janeth recuerda escandalizada que en el transcurso del crucero murió una persona de un infarto y que, para ocultarlo, la tripulación dijo que había sido todo un simulacro. "Una pareja de Canarias lo grabó con el teléfono y los metieron en una habitación para obligarles a borrarlo, para que no hubiese pruebas". La empresa admite que murió una persona "por causas naturales", pero subrayan que la muerte no tuvo absolutamente nada que ver con los incidentes, los olores, ni los ruidos.

El catálogo de quejas es interminable. Los pasajeros aseguran que les hicieron pagar 72 euros por cabeza en concepto de “propina obligatoria” y que se utilizan “prácticas mafiosas” para forzarles a contratar las excursiones con Pullmantur. “Si no lo haces, te dejan esperando dos o tres horas en el barco alegando problemas de seguridad. Luego no dejan que se acerquen los autobuses gratuitos y te cobran cinco euros por sacarte del puerto. Al final no te da tiempo a ir a ver nada si no pagas sus excursiones”, dicen. Critican, también, el trato de la tripulación. “Son conscientes de que es abusivo y no tratan de convencerte, simplemente soportan tus gritos”, comentan. Para Jimeno “lo peor fue que nadie se hacía responsable, que ni nos miraban a la cara.”.

En función de la gravedad del asunto se podría reclamar todo el dinero del crucero, incluso daños morales por el perjuicio

Desde Pullmantur responden que el Horizon no presenta ningún problema serio, ni tampoco averías. “El barco y todas sus instalaciones están diseñadas conforme a todas las reglas internacionales sobre construcción y diseño de buques de crucero aplicables, también en España. Como consecuencia, los camarotes cumplen con esas reglas que incluyen niveles de sonoridad, vibraciones, confort, etc.”, dicen. Sobre los problemas en los baños admiten que se ha producido “un bloqueo puntual del sistema sanitario”, pero culpan a los pasajeros por “el vertido de múltiples objetos inadecuados en los baños tanto de los camarotes como públicos, localizados en distintos puntos del barco” y que sus clientes “utilizaron los inodoros como una papelera”. La versión no se corresponde con la de los pasajeros, que subrayan que algunos baños estaban ya estropeados cuando ellos entraron al barco.

Los afectados se están movilizando ahora para pedir una indemnización, recurriendo a las agencias de viajes que les vendieron los billetes y sin descartar ir a los tribunales. Rubén Sánchez, portavoz de Facua, asegura que “en función de la gravedad del asunto, y si el ruido realmente es espantoso y lo han pasado mal, se podría reclamar todo el dinero del crucero, incluso daños morales por el perjuicio”. La experiencia de la asociación con compañías de cruceros es que se producen “leves incumplimientos de lo ofertado, por ejemplo con las comidas, con las rutas del viaje, etcétera”. Pero problemas como los ocurridos a bordo del Horizon no son frecuentes.

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