QUÉ ES EL EFECTO DE LA EDAD RELATIVA

El grave problema de que tus hijos nazcan en los meses finales del año (y no es el que crees)

Puede parecer un factor baladí respecto de las capacidades individuales de cada uno, pero hay cada vez más evidencia del desprecio que sufren los niños nacidos en el otoño

Foto: No son todos iguales (no solo físicamente). (iStock)
No son todos iguales (no solo físicamente). (iStock)

En 'Fuera de serie. Por qué unas personas tienen éxito y otras no', el sociólogo Malcolm Gladwell popularizó una teoría que se ha convertido ya en parte de la cultura de masas. El célebre divulgador recordaba que la mayor parte de jugadores profesionales de hockey habían nacido durante la primera mitad del año, una particularidad que podía extenderse a muchas otras áreas. Esta Ley de Hierro del Hockey Canadiense, como él la llamaba, era muy matizable, pero ilustraba el conocido como “efecto de la edad relativa” que asegura que es mejor nacer durante los primeros meses del año.

¿Por qué? Básicamente, porque aquellos que han nacido en los primeros compases del año tienen un nivel de maduración sustancialmente superior a los más pequeños, a los que sacan casi doce meses, pero son evaluados con los mismos criterios. Aunque en otras edades la diferencia pueda parecer insignificante, durante la infancia la distancia cognitiva y física que puede haber entre alguien nacido un 1 de enero y otro alumno alumbrado el 31 de diciembre es muy amplia, lo que favorece no solo el éxito de los afortunados que han nacido antes, sino el perjuicio del resto.

El efecto era menos acentuado entre los estudiantes de 11 a 15 años, pero era muy acusado entre los más pequeños

Esta misma semana, una investigación publicada en el 'Medical Journal of Australia', vuelve a recordar una vez más que los niños de primaria que nacieron durante el último mes de escolarización tienen más posibilidades que sus compañeros de ser diagnosticados con TDAH (Trastorno de Déficit de Atención) y, por lo tanto, medicados. En este caso, se trata de los alumnos nacidos en junio, ya que a diferencia de lo que ocurre en España (donde tradicionalmente se ha tomado el año natural como criba), en Australia los estudiantes de la misma clase abarcan desde julio de un año hasta junio del siguiente.

José Antonio MarinaJosé Antonio Marina

El análisis de los datos de 311.384 niños, como se detalla en 'The Conversation', mostró que los nacidos en junio tenían el doble de posibilidades de ser medicados por este trastorno que los que lo hicieron en julio. El efecto era menos acentuado entre aquellos niños que tienen entre 11 y 15 años, pero aún estaba presente. No es la primera vez que se muestra esta relación. Investigaciones realizadas en países como EEUU, Canadá o Taiwán ya habían encontrado resultados similares.

Cuando sufren los prejuicios de los alumnos

¿Por qué salen tan mal parados los alumnos de menor edad a la hora de ser analizados desde un punto de vista psicológico, especialmente en una cuestión como el trastorno de déficit de atención, que sobre el papel consiste en un desorden neurobiológico? El artículo sugiere que una posible explicación es que “algunos profesores comparan la madurez de sus estudiantes sin tener en cuenta su edad relativa, lo que resultan en niveles más altos de diagnosis entre los miembros de la clase más pequeños”. Aunque los profesores no diagnostiquen, sí pueden ser los primeros en sugerir que el niño tiene algún problema.

En muchos casos, recuerda el reportaje, más importante que la neurobiología del niño en sí son las actitudes de profesores, médicos y padres

Esta teoría también sugiere que, a diferencia de lo que se suele mantener, los factores sociales y ambientales influyen sensiblemente en las posibilidades de que un niño sea diagnosticado con este trastorno. En muchos casos, recuerda el reportaje, más importante que la neurobiología del niño en sí, resultan las actitudes de profesores, médicos y padres hacia el mismo. Cabe otra posibilidad: que los niños nacidos en esos últimos meses sean discriminados sistemáticamente en su día a día, lo que en sí aumenta las posibilidades de incurrir en algunos de los riesgos relacionados con el TDAH. “La privación de sueño, el 'bullying', los abusos, los traumas, la mala nutrición, las toxinas, la deshidratación, los problemas de vista y oído, el aburrimiento y los problemas intelectuales” son factores relacionados con este problema

Esta es tan solo la punta del iceberg de un problema que afecta a menudo a los niños de hasta quince años, ya que el efecto de la edad relativa (RAE por sus siglas en inglés) se extiende a muchos otros cambios como el deporte o el mundo académico. Quizá el del deporte sea el campo en el que esta diferencia sea más evidente, como muestra el siguiente gráfico que recoge la distribución del mes de nacimiento entre los jugadores de los torneos de las categorías inferiores de la UEFA.

(Wikipedia)
(Wikipedia)

No hace falta un gran esfuerzo analítico para entender por qué ocurre esto. En unas edades en las que el cuerpo y la mente se encuentran en pleno desarrollo, once meses de diferencia pueden ser clave a la hora de rendir mejor o peor en la práctica deportiva o académica. Por ejemplo, una investigación realizada por el Instituto de Estudios Fiscales de Reino Unido mostró que los niños nacidos en agosto (el último mes de corte) tenían menos posibilidades de acceder a las mejores universidades. En concreto, un 20% menos.

Otro estudio recogido en el 'Oxford Review of Education' señalaba que a final de segundo curso (con cinco años), el 20% de los niños nacidos en el último trimestre del año habían necesitado refuerzo educativo, por tan solo un 6,34% de los nacidos en los primeros meses. Esta diferencia se reducía significativamente durante los años siguientes, pero ya sugería que, a una temprana edad, se puede confundir el nivel de desarrollo de un niño con su talento o capacidades.

La suerte de nacer en invierno

Estos datos (que no siempre han podido ser replicados) sugieren que nacer en un momento u otro del año supone una primera brecha entre los niños de la que poca gente es consciente, y que beneficia a algunos en la medida en que perjudica a otros, también a la hora de ser diagnosticados con enfermedades mentales y tratados. Diversas investigaciones han mostrado que hay una sobrerrepresentación de los nacidos durante los últimos meses del año entre los diagnosticados con esquizofrenia y obesidad.

Los críticos aseguran que los informes de profesores sobre niños inquietos no deberían ser considerados evidencia de un desorden psiquiátrico

El origen del problema se encuentra entre la diferencia entre el nivel de maduración de los distintos alumnos y el agravio comparativo que establecen los padres y profesores a la hora de evaluar a estudiantes de un mismo curso. Algo especialmente acusado en el caso del TDAH, cuyos primeros síntomas son valorados de manera subjetiva por los adultos, como recuerda el artículo de 'The Conversation': “Los críticos aseguran que los informes de profesores y padres sobre los niños inquietos, que pierden los juguetes y los bolígrafos, que gritan al jugar, que interrumpen, olvidan o hablan demasiado, que son desorganizados y se distraen fácilmente, que no se quedan quietos, no deberían ser considerados como la evidencia de un desorden psiquiátrico tratado con anfetaminas”.

La principal víctima. (iStock)
La principal víctima. (iStock)

Como ocurre con muchos de los sutiles sesgos que perjudican a los estudiantes, no es fácil solucionar el problema, ya que la actual división de los cursos escolares obliga a realizar una criba atendiendo a la edad de los alumnos. Es más, los nuevos proyectos educativos promueven la mezcla de estudiantes de distintos edades en la misma aula, lo que puede agravar aún más la situación. Sin embargo, la concienciación de los adultos puede ser un buen primer paso. Como proponía una investigación publicada en el 'Journal of Sport Sciences', “educar a las partes decisivas (entrenadores, ojeadores, equipos) sobre el RAE y la naturaleza del 'talento' en un contexto a largo plazo se debe tener en cuenta, junto con una consideración cuidadosa de la estructura del ambiente de desarrollo (por ejemplo, retrasar la selección, ayudar a los que tarden más en desarrollarse, centrarse en habilidades y no resultados, uso de los retos)”.

Alma, Corazón, Vida

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