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Lo que debes hacer si te han puesto los cuernos (o si los has puesto tú)
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¿segundas partes nunca fueron buenas?

Lo que debes hacer si te han puesto los cuernos (o si los has puesto tú)

Da igual lo abierta que sea nuestra actitud, después de una infidelidad todo se complica. ¿Merece la pena acabar con todo por un desliz? Y si no, ¿cómo continuar?

Foto: ¿Puedo volver a confiar? (iStock)
¿Puedo volver a confiar? (iStock)

La mayoría lo tenemos muy claro... antes de que suceda. Muchos están convencidos de que jamás perdonarían una infidelidad, pero al verse en la tesitura no conciben abandonar sin más. Otros creen que no podrían engañar nunca a la persona a la que quieren, pero tras veinte años de placidez y felicidad en los que solo falla -pero estrepitosamente- el sexo empiezan a cambiar de opinión.

Así que aquí estamos, con las cartas sobre la mesa, en la tierra de nadie de la que nunca se habla salvo en tercera persona y entre cuchicheos. Quizá habíamos pensado en qué hacer si nuestra pareja se ponía enferma, si moría, si tenía que marcharse a otro país... y sin embargo no nos hemos preparado para algo igual de común y que debería ser mucho menos doloroso. No queremos separarnos, pero la traición, incluso la más puntual, lo llena todo y queda en el aire, contaminando la relación.

Tras la infidelidad, hay que hablar y poner las cosas en orden, en lugar de seguir con la relación por inercia, sin restaurar la confianza ni sanar las heridas

Para despejar un poco el ambiente, los psicólogos de pareja aportan ayuda en forma de preguntas que hacerse y formas de actuar ante las distintas respuestas que surjan. Terry Gaspard ha hablado del tema recientemente en 'Huffington Post' y estas son algunas de las conclusiones.

Lo normal

A los treinta y tantos, Catherine se encontró con un escenario que no es el que uno imagina el día de su boda: "Mi marido es supervisor de distrito en una gran empresa y solía tener aventuras en sus viajes de negocios. Destrozó nuestra familia y nos separó cada vez más. Nuestra relación se deterioró e hizo sufrir a nuestros hijos". Tenían dos, aún en el colegio, y Catherine también era una profesional ocupada. Por si esto no era suficientemente difícil, ella tenía traumas previos: los dos novios formales anteriores a su marido, Brian, le fueron infieles también.

Le atraían hombres que repetían el esquema de su padre, un hombre emocionalmente inaccesible e infiel a su madre. Catherine tenía baja autoestima y dudaba de su propio juicio. Cuando entendió que era esto lo que sucedía, pudo centrarse más en su propio comportamiento y no tanto en el de su marido. Empezó a pensar en formas de mejorar su vida, como volver a la universidad, en lugar de obsesionarse por el resentimiento hacia Brian.

Entonces, ¿es problema del engañado? En parte sí, pero por eso tiene el poder de mejorar las cosas. En el caso de Catherine, fue capaz de hablar con él y poner las cosas en orden, en lugar de seguir con la relación por inercia, sin restaurar la confianza ni sanar las heridas.

No todo vale

En el libro 'Vivir y amar después de la traición', de Stephen Stosney, encontramos un listado de las cosas que tenemos derecho a esperar de nuestra pareja cuando ha sido infiel. Si él o ella no está de acuerdo en alguno de los puntos, podéis tener una relación distinta a lo convencional, pero conviene darse cuenta y no seguir entregándose unilateralmente. Esa 'deuda' que vemos crecer puede estar solo en nuestra cabeza, y es probable que no la cobremos nunca.

  1. Amarte y valorarte. Esto incluye comunicártelo, no hay que dar por hecho nada. Si te quiere, que lo diga.
  2. Respetarte como igual y escucharte sin intentar controlarte.
  3. Lidiar con sus propios sentimientos. Su culpa, su enfado, su resentimiento... son suyos, que no te culpe a ti.
  4. Mostrar compasión y cuidado, sobre todo en las discusiones.
  5. Apoyarte emocionalmente (y en general) a perseguir tus metas. Si siempre habláis de sus problemas e ignora los tuyos, quizá la infidelidad es lo de menos.
  6. Intentar ganarse tu confianza y compensarte lo sucedido. No debería seguir como si nada.
  7. Asegurarse de tu bienestar físico y emocional.

¿Parece mucho pedir? En realidad debería ser lo mínimo, si es que merece la pena continuar con la pareja después de los cuernos. Y en algunos casos no la merece.

Son las relaciones románticas a largo plazo, aunque sean 'platónicas', las que más pueden arriesgar la pareja

La decisión de romper es siempre respetable, pero ten en cuenta que, incluso aunque llevaras tiempo sospechando, tras confirmarse tus temores puedes necesitar un tiempo para pensar. No tienes por qué precipitarte en una dirección ni en la contraria. ¿Cuánto tiempo ha durado esta situación? ¿Qué significa realmente esa otra persona en la vida de su pareja? El dolor de saber la verdad puede parecer mayor, pero a la larga será peor imaginar cosas, porque no sabremos a qué nos enfrentamos. Aprender lo que ha sucedido nos dará más armas para el futuro, ya sea para emplearlas en esta pareja o en las siguientes que puedan venir.

Evaluar la amenaza

Otra obra reciente sobre el tema es 'Sobrevivir a la infidelidad', de los terapeutas Rona B. Subotnik y Gloria Harris. Ellos insisten en esta necesidad de llegar al fondo de la cuestión para poder mirar al futuro, y abogan por intentar mantenerse juntos. Describen cuatro tipos de infidelidad.

Colección de infidelidades

Adulterio: es un término religioso y legal y se refiere a relaciones sexuales con un tercero. 

Infidelidad: es menos concreto, según estos autores. Significa deslealtad, una traición a la fe que el otro tiene en nosotros.

Aventura: es una relación amorosa ilícita.

Relación online: los autores distinguen varios tipos de infidelidades por internet: en serie, un lío, romántica y de larga duración.

Definir y separar puede parecer poco útil cuando se sufre por lo sucedido, pero es fundamental si tenemos en mente la posibilidad de seguir con la otra persona. No es lo mismo una noche tonta de borrachera que una doble vida que ha durado meses y ha ido más allá de lo sexual.

Todas las infidelidades pueden ser un problema, pero cada tipo es distinto. Alguien aficionado a deslices puntuales (infidelidad en serie) puede ser un peligro relativamente pequeño para la relación pero ser un riesgo grave a la hora de contagiar enfermedades de transmisión sexual, por ejemplo. Si tu pareja no puede evitar hacerlo de vez en cuando puede significar que es incapaz de comprometerse y necesita marcar así distancias, pero con todo estas relaciones pueden mantenerse a raya, en el plano 'físico'.

Son las relaciones románticas, aun las más 'platónicas', a largo plazo, las que más pueden arriesgar la pareja. Terry Gaspard nos recuerda aquí la película Casablanca. La mayoría preferiría varias noches locas a una relación como la que tienen Humphrey Bogart e Ingrid Bergman, aun sabiendo que no va a haber sexo entre ellos en el futuro.

La decisión

De acuerdo. Ya hemos llegado al fondo de la cuestión y hemos evaluado la gravedad del asunto. Para terminar de estar seguros de que los dos queremos seguir siendo pareja, Gaspard propone tres preguntas.

  1. ¿Te gustaría seguir con la otra persona si lograras volver a confiar en ella? Es decir, dejando aparte el tema de los cuernos, ¿la relación merecía la pena? ¿Habrá diversión y disfrutaréis de la compañía mutua la gran mayoría del tiempo?
  2. ¿Has dejado atrás la ira y el resentimiento y estás listo para avanzar? ¿Hay una actitud positiva del otro? ¿Te imaginas siendo feliz con él o ella?
  3. ¿Puedes perdonar lo sucedido?

La última es la más importante. Dejarlo pasar no funcionará. Aunque aún no le hayas perdonado, en el futuro debe suceder. Si no estás preparado para eso y no tienes voluntad de estarlo... debería ganar el no. Con todo, recomendamos una ruptura lo más amigable posible, por todos, sobre todo si hay hijos.

Suerte y al toro, o a lo que venga.

La mayoría lo tenemos muy claro... antes de que suceda. Muchos están convencidos de que jamás perdonarían una infidelidad, pero al verse en la tesitura no conciben abandonar sin más. Otros creen que no podrían engañar nunca a la persona a la que quieren, pero tras veinte años de placidez y felicidad en los que solo falla -pero estrepitosamente- el sexo empiezan a cambiar de opinión.

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