LA ÉLITE Y LA CLASE BAJA SE PONEN DE ACUERDO

Por qué los europeos (excepto los españoles) creen cada vez menos en las vacunas

Una nueva encuesta desvela que, aunque la actitud general hacia estos medicamentos sigue siendo positiva, la desconfianza empieza a brotar en algunos sectores

Foto: Una nueva encuesta muestra datos reveladores sobre nuestras actitudes hacia las vacunas. (Efe/Tan Kaixing)
Una nueva encuesta muestra datos reveladores sobre nuestras actitudes hacia las vacunas. (Efe/Tan Kaixing)

Durante los últimos años se ha popularizado el movimiento antivacunas, especialmente en muchos países desarrollados. Es un debate que en muchas ocasiones se aborda en términos absolutos: parece que por un lado se encuentran aquellos que rechazan la administración de todas las vacunas, poniendo en riesgo su salud (y lo que es peor, la de sus hijos) y por otro aquellos que las defienden a capa y espada obviando las discusiones sobre la utilidad de algunas de ellas y minimizando el factor que juegan los intereses de la industria farmacéutica.

Es un tema, no obstante, mucho más complejo. Una reciente investigación publicada en 'EbioMedicine' realizada por DYM Market Research y WIN ha recogido 66.000 encuestas en 67 países para descubrir quiénes y por qué han dejado de creer en la utilidad de las vacunaciones. Y el resultado parece sorprendente a primera vista: aunque en general la actitud es positiva, los europeos cada vez muestran más desconfianza hacia ellas, especialmente en Francia.

(DYM)
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España se encuentra muy por encima de la media europea. El 89% de los 1.000 encuestados se muestra a favor, con un 9% en contra (el resto no sabe o no contesta). El índice de apoyo es del 80%. Es el sector de la población de entre 35 y 44 años el que muestra un mayor escepticismo, con 82% de respuestas a favor y un 14% en contra. Por el contrario, aquellos que superan los 45 muestran, en general, una actitud mucho más favorable. Es decir, aquellos que empezaron a disfrutar de un completo calendario de vacunaciones en su infancia son los que menos reservas muestran.

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La situación cambia sensiblemente cuando observamos el resto de la Unión Europea. Aunque por lo general la actitud es positiva, sorprende que los datos son mucho más bajos de lo que cabría esperar. El índice de europeos que se encuentran a favor de las vacunas es del 67%, muy por debajo de España (un 80%) y de otros países como Portugal (90%), Finlandia (89%) y Dinamarca (82%). Como recuerda la investigación, “las percepciones negativas en la región europea son sorprendentes, sobre todo dado al acceso generalizado a las vacunas”.

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Nueve de los diez países que muestran más desconfianza hacia las vacunas se encuentran en Europa o el Pacífico Occidental: se trata de Francia, Bosnia y Herzegovina, Rusia, Ucrania, Grecia, Armenia, Eslovenia, Japón y Mongolia. Por el contrario, aquellas naciones que más confían en la seguridad de estas medicinas se encuentran en el sureste de Asia. Es el caso de Bangladesh, Indonesia, Tailandia y la India, países cuyos sistemas sanitarios se desarrollaron de manera más tardía.

El peculiar caso de Francia

Para entender un poco mejor qué está pasando en los países occidentales merece la pena centrarse en el llamativo caso francés. El dato que arroja la encuesta es espectacular: tan solo un 9% de franceses se muestra a favor de las vacunas y hasta un 41% considera que no son seguras. El siguiente en la lista es Grecia, con un 45% de apoyo, un dato que multiplica por cinco el de Francia. Aquellos países que muestran menos confianza hacia las vacunas expresan su preocupación por los posibles efectos secundarios y su seguridad, algo que también ocurre con el país vecino.

Un amplio sector de la élite de países como Holanda, EEUU o Canadá mantienen actitudes escépticas hacia las vacunas

¿Qué es lo que diferencia a Francia de otros países de su entorno? Básicamente, que se trata de una de las regiones donde se han producido más polémicas sobre las vacunas durante las últimas dos décadas. El estudio detalla varias controversias asociadas con la vacunación: es el caso, por ejemplo, de la campaña de la hepatitis B a principios de los años noventa que, como han señalado estudios publicados en 'Science' o 'Immunologic Research', provocó que aumentasen los casos de hepatitis B.

El estudio cita varios estudios en los que los médicos franceses han mostrado sus reservas ante la campaña de vacunaciones del Gobierno galo, ya sea ante la vacuna contra el virus del papiloma humano como ante los programas de inmunización. En 2015, una encuesta publicada también en 'eBioMedicine' mostró que uno de cada cuatro médicos franceses mostraba sus dudas ante la utilidad de alguna de las vacunas que figuran en el programa francés.

Lo que queda claro es que esta desconfianza de los profesionales se transmite rápidamente a los pacientes. Como señaló otro estudio publicado en 2014 en la revista 'Social Science & Medicine', los médicos franceses cada vez tienen más problemas para convencer a aquellos que pasan por su consulta de la utilidad de estos tratamientos de prevención. Entre otros factores, porque también cada vez tienen más importancia otras fuentes de información como internet o las redes sociales.

Una evolución paradójica

No parece que el de Francia sea un caso único. Otros países europeos también muestran índices de confianza muy bajos, como Italia (51%), Rumanía (54%) o Países Bajos (64%). Pero también ocurre con otros del resto del globo como Japón, con un índice del 31%, Rusia, con un 38%, o Irán, con un 47%.

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Una peculiar evolución, ya que, como sugieren los resultados del estudio, “los países con más años de escolarización media tienen menos posibilidades de reportar un sentimiento positivo hacia las vacunas; sin embargo, en cada país, aquellos que tienen algo de formación muestran más visiones positivas hacia la importancia, efectividad y compatibilidad religiosa (aunque no seguridad) que los que no”. No solo eso, sino que como recordaban varias investigaciones realizadas en HolandaEstados Unidos y Canadá, un amplio sector de las capas más altas de la sociedad mantiene una visión escéptica de las vacunas. Una percepción que los iguala, irónicamente, con las clases más bajas de la sociedad. Son, en los países desarrollados, las capas intermedias las que parecen mostrar una mayor confianza hacia las vacunaciones.

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