'summer is coming'

¿Crees que hace calor? Pues espera a ver lo que viene

Incendios, deshielo y empeoramiento de todo lo que permite la supervivencia. Los científicos que más saben de temperaturas nos pintan un futuro que recuerda a la saga de 'Mad Max'

Foto: Uno de los grandes incendios de la semana pasada en California. (EFE/Mike Nelson)
Uno de los grandes incendios de la semana pasada en California. (EFE/Mike Nelson)

Es un verano negro para los incendios en nuestra Península. El Confidencial ha tenido que informar recientemente de la oleada de fuegos en Galicia, que ha devastado más de 6.000 hectáreas en una semana; en Portugal, donde han muerto varias personas y se evacuaron muchas más, incluyendo dos hospitales, en La Palma y en Tarragona. En la isla son cerca de 4.000 hectáreas quemadas, un agente forestal fallecido y más de 2.500 vecinos huyendo de las llamas.

Los pirómanos y los incautos son necesarios para que se desencadenen la mayoría de estos desastres, pero el clima es determinante y marca la magnitud de las consecuencias. Los incendios son endémicos en nuestro país, en gran parte por las temperaturas y la sequía, y aunque es muy difícil conocer bien todos los factores que afectan al tiempo atmosférico -de ahí que aún haya algunos negacionistas del cambio climático-, el consenso científico no admite seguir mirando a otro lado. Probablemente es solo el principio de un largo verano mundial, y fenómenos meteorológicos extremos, como las terribles inundaciones en EEUU, China o India, pueden ser solo la punta del iceberg... De uno que se está descongelando.

Este julio ha sido el más abrasador a nivel mundial desde que tenemos datos (1880)

En 'Mashable', Andrew Freedman desgrana varios fenómenos actuales que a primera vista parecen desastres naturales inevitables. En realidad, afirma, están causados por el ser humano porque tienen relación con el calentamiento global. Si en EEUU, con temperaturas mucho menores que las nuestras, el calor causa estragos, aquí quizá deberíamos ir habilitando algún búnker recoleto con aire acondicionado. 

Una película de terror

Dice Freedman que en Estados Unidos se están batiendo récords de temperatura tan a menudo que las noticias del tiempo se escriben casi solas. Una buena época para ser redactor con crisis de creatividad y mala para todo lo demás. Las olas de calor están relacionadas íntimamente con el cambio climático, lo que no tanta gente sabe es que las lluvias torrenciales también. Las precipitaciones con este clima son más rápidas y destructoras

Los registros de las temperaturas en el mundo de estos últimos 15 meses son los más altos desde que tenemos noticia. Hemos tenido el enero más caluroso, el febrero más caluroso... así con cada uno de los 15 meses. Este año es casi seguro que superemos el récord del año pasado, entre otras cosas porque julio fue el mes más abrasador a nivel mundial desde que tenemos datos (1880). En Kuwait, a mediados de julio, el termómetro llegó a marcar 54 grados, ni en los chistes de Chiquito hace semejante calorina. Como dice el periodista, una auténtica película de miedo.

Incendio de este 23 de agosto en Sao Simao (Portugal). (EFE/Paulo Cunha)
Incendio de este 23 de agosto en Sao Simao (Portugal). (EFE/Paulo Cunha)

¿Recuerdan El Niño, el huracán que nos aterrorizó en 1997-1998? Ahora las temperaturas son mucho mayores y con ellas el riesgo de que se repitan estas situaciones. A pesar de que en la Cumbre del Clima de París de 2015 se firmó un compromiso internacional histórico (195 países acordaron lograr que la temperatura mundial fuera, como mucho, 1,5 grados más que en la época preindustrial), en 2016 ya hemos alcanzado ese nivel crítico y se prevé que continúe subiendo.

Lo extremo es normal

El calor que calificábamos de 'extremo' hace solo 10 años, ahora es lo normal. En marzo, el Ártico registró una pérdida de hielo histórica que se mantuvo hasta mayo, y ahora sigue subiendo a un ritmo superior al promedio, incluso para ser verano. La NASA está diseñando un sistema que medirá con más exactitud el espesor de hielo desde el espacio, pero lo que sabemos es alarmante. El hielo que se pierde no da signos de recuperarse, y lo que en la década pasada hubiera protagonizado titulares en todo el mundo es la "nueva normalidad", según Walt Meier, científico experto en hielo marino: "Nos estamos acostumbrando".

A finales de este siglo el calor puede hacer realmente complicado trabajar, dormir, comer, beber agua potable o simplemente respirar

Centrarnos solo en un periodo de tiempo geológicamente insignificante como estos 10 años podría llevar a alarmas injustificadas, pero basta comparar los mapas de los años veinte del siglo pasado y los de ahora para caer en el pánico. Nuevos cálculos que debemos, entre otros, a John Walsh (ahora en la Universidad de Alaska), Mick Kelly (ahora jubilado) y William Chapman (Universidad de Illinois), expertos en recuperar y digitalizar datos del clima (examinando los de fuentes como la Marina estadounidense, la Oficina Meteorológica de Reino Unido o el Instituto Meteorológico de Dinamarca), han mostrado que el hielo del Ártico está en su nivel más bajo desde que empezamos a medirlo hace 125 años.

Que no haya hielo donde solía no es una cuestión de paisaje, es una situación potencialmente trágica para el planeta. Hay investigaciones que sugieren una relación entre esto que sucede en el Ártico y la sequía que asola California este verano, por ejemplo, haciéndola arder.

De media, 35º

El futuro es bastante peor que el presente, según cálculos publicados en 'The New York Times' basándose en datos meteorológicos reunidos por Ed Maurer, de la Universidad de Santa Clara, y en pronósticos sobre emisión de gases del World Climate Research Programme. Si no hacemos algo eficaz pronto -es decir, si seguimos tal y como lo estamos haciendo-, a finales de este siglo los días con temperaturas medias cercanas a los 40 grados se dispararán, haciendo realmente complicado trabajar, dormir, comer buena comida, beber agua potable o simplemente respirar.

El año pasado en EEUU, el calor fue la segunda causa de muertes achacadas a fenómenos climáticos. Murió más gente a causa de las altas temperaturas que de tornados, huracanes, ráfagas de viento, rayos... La mortalidad fue más del doble por calor que por frío, y recordemos que estamos hablando de EEUU, donde tienen California pero también Alaska, Nueva Inglaterra o Nueva York. Son lugares en los que la media es mucho más fría que en España, donde hiela en invierno y están acostumbrados a las noticias sobre muertes por hipotermia.

Si el ritmo sigue igual, para el siglo que viene los días de calor insoportable se multiplicarán exponiencialmente. En Nueva York tendrán 42 días al año a más de 35 grados; en Washington serán 74 días, casi dos meses y medio, y en Dallas nada menos que 133 días, casi cuatro meses y medio de verano extremo, del que ahora marcamos en rojo chillón en los mapas cuando informamos de olas de calor.

Es claro que las medidas tienen que ser más y cumplirse más a rajatabla. Si no reaccionamos, no harán falta un meteorito gigante, extraterrestres ni oscuras conspiraciones. Para acabar con la vida tal y como la conocemos, quizá solo tenemos que seguir con nuestra vida. Relajarnos en el sofá con un refresco y disfrutar del apocalipsis.

Alma, Corazón, Vida

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