UNA COMPLICADA ECUACIÓN

¿Una, dos o tres copas? Cuánto debes beber cuando sales de fiesta con extraños

Solemos saber lo que es bueno para nuestro organismo. Sin embargo, más difícil es saber lo que debemos hacer socialmente. Aquí damos unas pequeñas ideas para que tú decidas

Foto: ¿El límite es el cielo? (iStock)
¿El límite es el cielo? (iStock)

La ciencia ha estudiado de todo. ¿De todo? Bueno, quizá no de absolutamente todo. De lo que no estamos seguros de que haya escrito alguna vez es de cuántas bebidas debemos tomar si estamos en una fiesta con gente con la que no tenemos mucha confianza (es decir, que no queremos que nos vean haciendo eses, o tristes, o excesivamente eufóricos). Una rápida búsqueda en Google Scholar nos descubre un artículo sobre un tema muy parecido, tan solo que responde a la pregunta “¿cuántas bebidas te hacen sentirte borracho?” Que, a su manera, puede parecer lo mismo, aunque no lo sea.

Con el ánimo de responder a esta cuestión, que nos hemos hecho más a menudo de lo que quizá pensemos (¿quién no se ha preguntado alguna vez lo de “¿qué pensarán de mí si me pido otra?”), Tom Scocca ha publicado en 'Livehacker' una breve pero reveladora reflexión en la que señala que dos es una buena medida si lo que pretendemos es pasar un buen rato pero no perder los papeles. Suena a punto medio aristotélico, pero tiene su sentido si vamos a pasarnos cuatro o cinco horas de fiesta. A continuación analizamos las diferentes posibilidades que hay, presentando sus pros y sus contras.

Cero

(iStock)
(iStock)

Hay muy buenas razones para no tomarse una copa en toda la noche: que no nos gusta el alcohol, que nos cae mal al estómago, que nos pone tensos, tristes, melancólicos o de cualquier otra forma que no podemos controlar, que estamos contra el alcohol por razones morales… Sin embargo, quedar bien no es una de ellas. Si nos apetece tomar una copa, no hay problema en hacerlo. Tan solo una persona muy intolerante te juzgará con dureza por hacerlo y, en cualquier caso, ese es su problema, no el tuyo.

Una

(iStock)
(iStock)

Una medida justa, por mucho que cuando decimos “vamos a tomarnos una copa”, nunca queremos decir realmente una única copa. El consejo de experimentado fiestero (suponemos) de Scocca es tomarnos esa única copa como si nos gustase beber, pero también como si supiésemos lo que estamos haciendo. Es el momento de tirarnos el pisto de 'connaisseurs', por mucho que no seamos capaces de distinguir la sidra de la cerveza con sabor a sidra (¿por qué el mundo tiene que ser tan complicado?). De todas formas, sigue siendo un límite bajo, sobre todo si, como se supone, vamos a estar de fiesta un buen rato. Así que llega el momento de tomarse…

Dos

(Corbis)
(Corbis)

Antes de nada, si vamos a seguir bebiendo, un consejo que nos será muy útil, sobre todo a la mañana siguiente: bebe algo que no tenga alcohol entre copa y copa (no, una cerveza no vale, aunque puede servir como apaño si lo que queremos es bajar el ritmo). Una alternativa efectiva, buena y barata es el consabido vaso de agua, que hidrata, reconforta y nos da una breve pausa antes de seguir tirando a los palomos. Además, te da la oportunidad de ganar tiempo si pides otra cosa como un refresco o un batido. Como recuerda Scocca, es probable que cuando lo termines, “alguna de la gente que te rodea ya vaya por la tercera, quizá por la cuarta”. Misión cumplida, no eres el borracho de la fiesta.

Ser el alma de la fiesta, especialmente alrededor de gente que no te gusta o con la que tienes que trabajar, es normalmente un error

Una vez hemos repostado, llega el momento de preguntarnos: ¿de verdad nos vamos a tomar otra? Ahí es donde Scocca se muestra completamente partidario: “Tomarse dos copas –en concreto, tomarse una copa, y más tarde otra– es beber socialmente de manera moderada”, explica. “Probablemente te hará sentirte más relajado y despreocupado. Es improbable, al mismo tiempo, que te sientas cansado o beligerante”. El periodista advierte de manera muy certera de los peligros que acechan más allá de la segunda copa: “Puede que no seas el alma de la fiesta, pero ser el alma de la fiesta, especialmente alrededor de gente que no te gusta o con la que tienes que trabajar, es normalmente un error”.

No cabe duda de que ha dado con una tecla clave: cuánto beber para pasarlo bien y sentirnos desinhibidos sin que se nos empiece a trabar la lengua o empecemos a hacer cosas inapropiadas. Un error habitual es tomar una y, sin esperar a que nos haya hecho efecto, beber otra rápidamente. Es el camino directo para el desastre, porque es probable que lleguemos a la tercera (o la cuarta, o la quinta…) pensando que todavía vamos por la primera. Una trampa en la que mucha gente cae una y otra vez.

Tres o más

(iStock)
(iStock)

En un principio podría parecer que hemos traspasado el límite, pero en realidad, cada cual debe saber hasta dónde puede llegar, que para eso somos adultos. Es verdad que a partir de este punto la cosa se pone peligrosa, sobre todo si nos hemos dado mucha prisa y hemos extendido cheques que nuestro cuerpo quizá no pueda pagar.

En ese momento, Scocca recomienda que miremos alrededor, y nos hagamos la siguiente pregunta: “¿Es esta fiesta un lugar donde quieras seguir estando?” Es buen momento para recapacitar, hacer examen de conciencia y dar el paso definitivo hacia la noche o no. Como recuerda Scocca, “no es tu trabajo sacar a flote una fiesta que cada vez va a peor”. ¿Qué recomendamos nosotros? Que hagas uso del libre albedrío y de tu responsabilidad, esas bonitas herramientas que la vida nos ha dado, y decidas lo que es mejor para ti, o para tus compañeros, que de repente son tus mejores amigos, o para el empresario de la noche de turno. Siempre habrá tiempo a la mañana siguiente para lamentarse

Alma, Corazón, Vida

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1comentario
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios