AUGE Y ¿CAÍDA?

La empresa más secreta del mundo: no la conoces, pero quizá sabe todo sobre ti

Se encuentra en el podio de las 'start-ups' mejor valoradas del mundo, pero a lo mejor no conoces su nombre. Es normal: no les viene demasiado bien que se hable de ellos

Foto: El fundador y actual CEO de la compañía, Alex Karp. (Reuters/Mike Blake)
El fundador y actual CEO de la compañía, Alex Karp. (Reuters/Mike Blake)

A la mayoría de ustedes, quizá el nombre de Palantir les suene a algo relacionado con 'El señor de los anillos'. No estarán desencaminados. Se trata del nombre que J.R.R. Tolkien otorgó a una piedra esférica que permitía atisbar lugares y tiempos distantes o comunicarse con el poseedor de otro de estos objetos. Como una mezcla de una bola de cristal y una webcam, vaya. También es el nombre de la tercera 'start-up' más valorada de Estados Unidos, tan solo por detrás de Uber y Airbnb. Y, sin embargo, es mucho menos conocida que ellas.

Probablemente esto se deba al propio objeto de la compañía: vender 'software' a agencias gubernamentales o empresas privadas relacionado con el 'data mining' (minería de datos) u otra clase de servicios que sirven, básicamente, para convertir grandes cantidades de datos en información útil con la que realizar predicciones. Palantir fue fundada en 2004 por Peter Thiel, antiguo CEO de PayPal, para detectar el fraude en los pagos 'online'. No obstante, la empresa se reconoce en el rostro (y encrespada mata de pelo) de su CEO Alex Karp.

Su valoración en el año 2015 fue de 20.000 millones de dólares. Todo un hito para una empresa que emplea a unas 1.500 personas

Uno de los primeros inversores de la compañía fue In-Q-Tel, un desconocido nombre (que hace referencia al personaje de James Bond Q) bajo el que se encuentra la rama de capital riesgo de la CIA, uno de los fieles clientes de Palantir. Un pacto cerrado en los cielos que ha dado a largo plazo sus frutos: la compañía de base en Palo Alto (California) acaba de obtener más de 2.500 miles de millones de inversión, y su valoración en el año 2015 fue de 20.000 millones de dólares. Todo un hito para una empresa que emplea a unas 1.500 personas. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce en la compañía, como señaló un reciente reportaje en profundidad publicado en 'Buzzfeed News'. La propia esencia de la compañía –garantizar su privacidad y la de sus clientes– provoca que la información sea, cuando menos, confusa.

Cómo cerrar la boca a un empleado

Esta misma semana, 'Buzzfeed News' publicaba que Palantir se había propuesto comprar 225 millones de dólares en acciones de sus empleados, ofreciendo 7,40 dólares por acción, una cantidad muy superior a la de su valor en mercado. La compañía ha tomado dicha decisión en medio de una tormenta de pérdida de clientes y salidas masivas de empleados de la firma. Como señalaba el medio estadounidense, si el ritmo de abandono se mantenía (unos 100 entre los meses de enero y abril), Palantir habrá renovado el 20% de su plantilla para final de este año.

El logo de Palantir.
El logo de Palantir.

La oferta tiene truco, claro. A cambio de tan suculentos ingresos, los empleados elegidos (y algunos de los que ya han abandonado la compañía) deberán renovar sus acuerdos de confidencialidad, no demandar a la compañía o a sus ejecutivos, no hablar con la prensa (y remitir en menos de tres días cualquier propuesta de entrevista a la compañía) y no intentar fichar a trabajadores de la firma en caso de que se encuentren en otra empresa. Cuando el río suena, agua lleva, y a juzgar por los compromisos exigidos por la compañía, debe debe estar bajando bastante turbia.

Entre otras cosas, porque quizá los empleados no están muy contentos con lo que están recibiendo a cambio de haber elevado el valor de la compañía que, por cierto, no obtuvo ningún beneficio durante el año 2015, a pesar de haber invertido más de 500 millones. El pasado mes de abril, el CEO Alex Karp anunció un aumento de un 20% del sueldo de los trabajadores que llevasen más de un año y medio en la empresa, y que se encontraba sensiblemente por debajo de la media de Silicon Valley. Los sueldos anuales oscilaban entre 125.000 y 135.000 dólares (es decir, entre 112.720 euros y 121.700), cuando un ingeniero informático que trabaja en Google puede llegar a cobrar 120.000 dólares.

Coca-Cola recurrió a la firma con el objetivo de revivir las ventas de su variante 'light' en Norteamérica a través del análisis de datos

Ese sea probablemente el origen de una sangría de empleados, en este caso, muy sensible, ya que la confidencialidad de la empresa es vital. La compañía tiene acceso a una gran cantidad de datos y fuentes de información, especialmente en los proyectos relacionados con organizaciones como el FBI y la CIA que, como recordaba un reportaje publicado el pasado año por 'TechCrunch', han utilizado la compañía para cruzar todas sus bases de datos. Como reveló dicho medio después de tener acceso a un documento interno, la compañía había trabajado para la NSA (¡hola, Edward Snowden!), el DHS (Departamento de Seguridad) y los CDC (centros para la prevención de enfermedades). Otros dos sectores donde la compañía tiene una gran presencia es el sector financiero y el legal.

Para qué sirve una bola de cristal

Debido a su participación en proyectos militares y de seguridad, es complicado saber cuál es el papel que juega exactamente. El rumor más difundido apunta a que gracias a Palantir, Bin Laden fue localizado y eliminado. Este último año, no obstante, ha perdido unos cuantos clientes de los gordos, entre los que se encuentran Coca-Cola, American Express o Nasdaq. Como señala 'Buzzfeed', sus tarifas son muy altas (más de un millón de dólares al mes) y, al parecer, algunas empresas se quejan de “las relaciones laborales con los jóvenes ingenieros de Palantir”.

Imagen de una oficina de Palantir subida por uno de sus empleados.
Imagen de una oficina de Palantir subida por uno de sus empleados.

En el caso de Coca-Cola, la compañía de refrescos había recurrido a la firma con el objetivo de revivir las ventas de su variante 'light' en Norteamérica a través del análisis de datos, pero el coste de la operación (le saldría por 18 millones de euros anuales dentro de un lustro) le echó para atrás, como también lo hizo la “difícil” relación con los empleados de Palantir. Su mayor cliente, la petrolera BP, que firmó un trato de colaboración por 1.200 millones de dólares, ha recurrido a Palantir para crear sistemas de gestión que eviten accidentes y puedan prever las tendencias de futuro del mercado energético.

En el centro de todo ese torbellino se encuentra Alex Karp. Un personaje no especialmente famoso pero que bien podría protagonizar una película, aunque quizá no de David Fincher, sino más bien de Ben Stiller. Un artículo publicado en 'News' se refería a él como “el hombre más extraño de Silicon Valley”. El perfil más completo publicado sobre Karp hasta la fecha, el de 'Forbes', le definía como “un filósofo bohemio”, un soltero de 45 años que dedica gran parte de su jornada diaria a “protegerse de los extremistas que le han enviado amenazas de muerte y teorizadores de la conspiración que han llamado a Palantir para hablar de los 'Illuminati'”. Más allá de las amenazas a su integridad personal, Karp lo tiene claro: “El único momento en el que no pienso en Palantir es cuando estoy nadando, haciendo Quigong o durante la actividad sexual”. 

Se ha empezado a hablar de Gran Hermano y Big Data al mismo tiempo que Palantir emerge como una de las 'start-ups' en crecimiento más rápido

El reportaje también tocaba el punto más sensible de la compañía: lo bien que funciona su 'software', lo que permite “que sus clientes vean demasiado”. Un decenio después de su fundación, la compañía y el secretismo que la rodea parecen la expresión más clara de la nueva era de vigilancia global. Desde que abriese sus puertas, la preocupación por la falta de privacidad se ha acentuado, especialmente después de las revelaciones de Julian Assange con Wikileaks y Edward Snowden. “La combinación del Gran Hermano y el Big Data se ha puesto de actualidad al mismo tiempo que Palantir emerge como una de las 'start-ups' en crecimiento más rápido del valle, amenazando con contaminar sus primeras apariciones públicas y retratar a la compañía como tóxica a los ojos de los clientes e inversores cuando más los necesitan”.  

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