Educación: Íñiguez de Onzoño, el español que lidera la asociación de escuelas de negocios de élite. Noticias de Alma, Corazón, Vida
ENTREVISTA CON SANTIAGO ÍÑIGUEZ

Íñiguez de Onzoño, el español que lidera la asociación de escuelas de negocios de élite

Las business schools deben afrontar grandes retos derivados de su influencia en los actores más poderosos hoy, las empresas. El decano del IE revela el escenario al que nos dirigimos

Foto: Santiago Íñiguez, presidente de la AACSB. (Foto: Carmen Castellón)
Santiago Íñiguez, presidente de la AACSB. (Foto: Carmen Castellón)

La AACSB International es un organismo de acreditación de instituciones académicas que ofrecen programas de grado, postgrado y doctorado en negocios y contabilidad, y que reúne a las escuelas de negocios más importantes del mundo. Por primera vez desde su fundación hace 100 años, su presidencia recae en un no estadounidense, Santiago Íñiguez de Onzoño, Presidente de IE University, Decano de IE Business School y profesor de Estrategia Empresarial.

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Tener a un español al frente de la élite de las business schools tiene un evidente carácter simbólico, en parte porque significa el reconocimiento de que la educación se ha globalizado y en parte porque certifica el prestigio que las escuelas de negocios españolas tienen en este nuevo entorno educativo. Del nombramiento y de los retos que debe afrontar la enseñanza global de la gestión conversamos con Santiago Íñiguez en su despacho del IE.

PREGUNTA. ¿La internacionalización de la enseñanza es una tendencia imparable?

RESPUESTA. La educación superior y en particular las escuelas de negocio son ya un sector global que ni la volatilidad geopolítica ni la incertidumbre van a revertir. Es un proceso relativamente imparable, que será ralentizado o frenado por las torpezas políticas, como el Brexit, pero el movimiento transfronterizo de talento, estudiantes, profesionales, conocimiento e investigadores es imparable. Y es algo bueno porque genera mayor fertilización y más oportunidades de desarrollo y crecimiento, pero también mayor igualdad y mayor identificación del talento con independencia de su procedencia.

P. Doug Haynes, presidente de Point72 Asset Management, señalaba que el problema principal de los hedge funds hoy es la falta de diversidad. Trabajan en ellos personas que estudian lo mismo y en los mismos lugares, que practican los mismos deportes y que van a los mismos sitios, de modo que cuando se equivoca uno se equivocan todos. Las escuelas de negocio también tienen una responsabilidad a la hora de promover esta diversidad, que no tiene que ver con incorporar personas de distintas culturas sino más bien con la crítica y con tener ideas distintas, ¿no?

R. No lo veo tan problemático. Por ponerte un ejemplo técnico, los modelos de valoración de empresas son comunes globalmente. El descuento de los flujos de caja se aplica en todos esos modelos, otra cuestión es cómo valoras los activos, los edificios, las patentes, los intangibles que pueden tener un mayor o menor valor según el país o la cultura, según la seguridad jurídica que el estado aporte, etc. Todos esos elementos forman parte de la ecuación de valoración de una empresa y eso es algo que se enseña en todas partes: existe un conocimiento global homogéneo.

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La crítica es buena porque genera innovación, pero en ocasiones a la gente le falta liderazgo o coraje para denunciar lo que no funciona para que le destierren

En el IE hay alumnos de 130 nacionalidades, pero cuando se discute acerca de temas de ética existe la misma convergencia que cuando se hace sobre la valoración de las empresas. Cuando se habla de corrupción o de sostenibilidad, de si se puede verter sustancias químicas en un río o de si se puede contratar niños para las unidades de producción en un tercer país, las conclusiones son independientes de la nacionalidad de origen. Los dilemas éticos, las cuestiones morales y las dudas acerca de la buena deontología profesional no varían tanto de una cultura a otra. Cuestión distinta es la realidad, cuando hay directivos que tienen que enfrentarse a sus propios superiores para cambiar las prácticas, por ejemplo. Hace falta más liderazgo, más espíritu crítico y más personas que sepan enfrentarse a prácticas arraigadas de mal gobierno y de mala gestión.

Íñiguez, durante un momento de la entrevista. (Foto: Carmen Castellón)
Íñiguez, durante un momento de la entrevista. (Foto: Carmen Castellón)

P. Las empresas son actores globales, con peso e influencia en muchos países y en muchas regiones. ¿Cuál va a ser su papel en esta nueva gobernanza global y en qué van a ayudar las escuelas de negocio?

R. Debemos pensar en el desarrollo de las personas, en hacer buenos ciudadanos globales, en educar seres humanos que generen actividad empresarial con resultados y con impacto social, que combatan las prácticas corruptas. Las instituciones sociales tenemos un papel, por supuesto, pero también los medios de comunicación y las propias empresas. Desde las escuelas de negocio, además de trasladar conocimiento, que es una función fundamental, tenemos que formar personas con espíritu crítico, algo a lo que en general se tiene miedo. Los académicos ganan su puesto mediante procedimientos dialécticos. Cualquier paper es sometido a la crítica de distintos revisores primero y de sus lectores después, e incluso en las clases o las conferencias suele existir discusión. Pero en muchas instituciones sociales la crítica es mal recibida. Hay consejos de administración que se articulan más sobre la base de la afinidad y de la fidelidad que de la del buen gobierno corporativo. El activismo accionarial también genera inquietud, aunque sea algo bueno porque responde a los intereses de los propietarios, y dentro de la jerarquía de una empresa el estar en desacuerdo con un superior es percibido como falta de disciplina, como si se estuviera en un ejército. La crítica es buena, porque genera innovación, pero en ocasiones a la gente le falta liderazgo o coraje para denunciar lo que no funciona por si le excluyen o le destierran.

P. En el mundo de la educación, cada vez hay mayor diferencias entre los títulos que pueden ayudar a tener una mejor trayectoria laboral y aquellos que se han convertido en commodity.

R. Abogo por los sistemas crosculturales y por los supranacionales por encima de los regionales o nacionales, donde el enfoque es limitado, y agencias como esta son fundamentales para garantizar la competencia de un título de un grado o la internacionalidad de una escuela.

El problema no es pedir un crédito para estudiar, sino tener confianza en que se podrá afrontar esa deuda gracias al desarrollo profesional que supondrá

Hay una correlación bastante alta entre los puestos más elevados del Fortune 500 y los MBA que tienen sus directivos y dónde los han obtenido. Hay 15.000 business schools en el mundo, de las cuales sólo un cinco por ciento, menos de 800, están acreditadas en nuestra asociación. Tiene que haber una garantía, una monitorización de que los contenidos se ajustan a la promesa de valor. Desde luego, el consumidor es libre y siempre puede encontrar ofertas con una razonable relación calidad precio.

P. La educación ha vivido un triple cambio. Hace tiempo, un título universitario era la puerta de acceso a una vida laboral estable. Después entendimos que sólo determinados títulos de determinados centros garantizaban una buena trayectoria profesional. Y hoy ni siquiera eso: no todas las personas que, por ejemplo, cursan un MBA en un centro prestigioso encuentran trabajo y menos aún del estatus que buscaban. Cada vez hay que realizar mayor inversión en la educación para que resulte rentable, porque las matrículas pueden llegar a ser muy caras.

R. La educación tiene un coste. En EEUU se está planteando el tema de la deuda estudiantil, pero creo que el retorno sobre la inversión compensa la solicitud de un crédito. Cuando cursé mi MBA, hace 23 años, tuve que pedir un préstamo, no es algo que haya comenzado a hacerse ahora. El problema no está en que se solicite, sino en tener confianza en que se podrá hacer frente a la deuda gracias al desarrollo profesional superior que supondrá ese título.

Tenemos que meter humanidades en todos los grados, y hay que repensar la especialización excesiva, máxime cuando nos vamos a jubilar a los 80 años

Por otra parte, los precios de las escuelas de negocios no han crecido al mismo ritmo que los años anteriores, y como aquí no podemos ponernos de acuerdo entre nosotros y tampoco hay tarifas establecidas, reinan las leyes de la oferta y de la demanda. Y debe profundizarse en esto. La enseñanza debe ser una actividad desregulada; no debe determinarse desde la administración qué debe impartir cada universidad. Acabo de venir de una conferencia sobre el desempleo juvenil en Naciones Unidas, y allí se decía que debía adecuarse la oferta educativa de las universidades a las demandas de las empresas. Eso no puede hacerse con un mercado muy regulado, en el que te dicen qué contenido debe tener un título determinado, que es además el mismo de hace 50 años. Hay que dar autonomía a las universidades.

P. Lo que quería señalar es que la educación se ha dualizado y que, al hacerlo, las oportunidades no son las mismas.

R. No podemos predeterminar las profesiones desde un estadio temprano. Si comparamos el sistema educativo continental con el americano, enseguida nos damos cuenta de que este produce más emprendedores. La estructura formativa del college es diferente: en lugar de defender la especialización desde el primer año, comienzan estudiando humanidades, sociología, liberal arts, y después ya se especializan en derecho, arquitectura, informática, business o lo que sea. Esto genera más apertura mental y ofrece una educación universal que es muy útil para los emprendedores. Creo que tenemos que meter humanidades en todos los grados, habría que repensar la especialización excesiva, máxime cuando nos vamos a jubilar a los 80 años y viviremos hasta los 100 o 150, lo que nos obligará a especializarnos tres o cuatro veces a lo largo de nuestra trayectoria profesional y no sólo al inicio. Por eso en los primeros estadios hay que formar ciudadanos globales, hay que favorecer el desarrollo de la sabiduría y la construcción del carácter.

En el mundo político y en el institucional debería haber una deontología que permitiera poner en evidencia a los que empleen argumentos populistas

Hay algunos empresarios que apuestan al máximo por la especialización, incluso pagan a los alumnos para que dejen los estudios y sean sus compañías las que les formen. Pero esto no consiste en otra cosa que en incorporar desde la high school mano de obra barata. Además, a los chicos se les hace técnicos en un aspecto muy concreto que es útil a esa firma, pero que genera un conocimiento que no sirve para otros lugares.

P. Un reciente informe de McKinsey insiste en que la desigualdad es un problema que va a aumentar en los próximos años. Según sus datos, entre el 60 y el 70% de los hogares de los 25 países más industrializados perciben ingresos iguales o inferiores a los de hace una década. Esto no había ocurrido desde la segunda guerra mundial.

R. Cada tres o cuatro décadas regresa el discurso sobre la igualdad. En época de crecimiento prepondera el sentimiento de libertad en todas sus facetas, y hay épocas de ajuste en las cuales el discurso sobre la igualdad vuelve y domina la filosofía y la economía. Es cierto que hay países donde la desigualdad ha aumentado pero eso no quiere decir que no haya aumentado la riqueza relativa. En Escandinavia las diferencias entre salarios son menores y la presión impositiva es mayor, pero eso son elecciones que las sociedades en su conjunto deben realizar, si prefieren esquemas más liberales en el sentido económico o más igualitario. En cuanto a las empresas, son situaciones que hay que analizar y estudiar, pero lo importante es que las decisiones que se tomen puedan justificarse ante los stakeholders y ante la opinión pública. Si el salario de un CEO no se puede justificar razonablemente tenemos un problema. En EEUU no tienen ningún problema para justificarlo.

(Foto: Carmen Castellón)
(Foto: Carmen Castellón)

P. Sin embargo la desigualdad genera tensiones sociales. Ahora ocurre con los populismos y…

R. Déjame que te diga algo sobre el populismo. Consiste, desde mi punto de vista, en utilizar argumentos que apelan al corazón de la masa en lugar de razones de carácter intelectual articuladas y ciertas. Apelar a los salarios es una forma de populismo. Es fácil criticar un salario alto cuando existe pobreza y hay carestía. Del mismo modo, los populistas apelan a la bajada de impuestos en general y a la subida para los ricos. Esto debemos saberlo. En el mundo académico, en el político y en el institucional debería haber una deontología y una ética que permitieran poner en evidencia a aquellos que empleen argumentos populistas. No se pueden decir las cosas a la ligera. En el mundo político no existe una deontología que evite el populismo y que impida que se utilicen argumentos demagógicos y mentiras, aunque a veces esas mentiras sean divertidas y atractivas.

Demonizar la financiarización o la parte financiera de cualquier actividad humana es populismo

P. Uno de los sectores que más críticas están recibiendo en los últimos tiempos es el financiero. Y no sólo desde la perspectiva política, también desde la económica. Se argumenta que la financiarización está acabando con la economía real, que Wall Street está dando la puntilla a Main Street.

R. Hay varios blancos favoritos del populismo, y las finanzas es uno de ellos. En la cabeza de la gente está la imagen de Tío Gilito y no se analiza su papel a la hora de aportar liquidez y crédito. Ahora eso no se está produciendo de una forma óptima, cierto, pero siguem cumpliendo una función social importante. Por eso debería existir una alfabetización y un conocimiento de las finanzas en la sociedad que comenzase desde la escuela. Igual que se enseñan matemáticas o literatura, deberían enseñarse principios de gestión y de dirección de empresas, porque vienen bien para administrar nuestra propia vida. En muchas ocasiones el conocimiento financiero que tiene la gente es intuitivo, como el de las amas de casa, pero sería bueno que se nos enseñara desde pequeños, así aprenderíamos a gestionar los recursos escasos, que es la esencia de la gerencia financiera. Demonizar la financiarización o la parte financiera de cualquier actividad humana es populismo. También debería enseñarse en las escuelas diseño, que es parte fundamental de nuestras vidas, pero sólo nos damos cuenta de ello cuando algo está mal diseñado. Así podríamos tener cultura estética y aprender a diseñar nuestros objetos, nuestras agendas y nuestras vidas.

P. En una entrevista anterior afirmaba que los españoles o nos internacionalizábamos o acabaríamos vendiendo pizzas. ¿Ha cambiado algo desde entonces? Porque no parece que las cosas hayan ido a mejor.

R. España vive en una de las mejoras etapas de su historia. Es cierto que hay variables muy negativas, como el desempleo juvenil, que es sangrante. Tenemos que concentrar todos los esfuerzos en estos problemas, y la mejor manera probada de arreglarlos es conseguir la economía prospere. Hace falta que todos trabajen para que la economía crezca, para que la educación genere buenos ciudadanos globales y buenos profesionales listos para incorporarse al mercado laboral. En nuevas disciplinas, como el big data, los analistas y las STEM en general, tenemos déficit de profesionales. Hace falta impulso y decisión política, necesitamos muchos más emprendedores, y que todos los agentes sociales adopten una actitud de colaboración y solidaridad en todos los sentidos para resolver los problemas del país. Espero no obstante que la vuelta de verano sea más favorable, aunque vamos a pasar una etapa de ajuste duro porque no hemos respondido a las exigencias de Europa, pero pienso que hay circunstancias que muestran que la economía va a crecer y que el desempleo bajará, aunque no sea inmediatamente. 

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