MEJOR DÉJATE ACONSEJAR

"Te lo dije": la verdad que se esconde detrás de una frase que todos odiamos

Nuestra habilidad para elegir puede verse empobrecida a lo largo del día debido a nuestra indecisión o a las malas elecciones que hemos tomado anteriormente

Foto: Si quieres elegir lo mejor, fíate de la gente que te rodea. (iStock)
Si quieres elegir lo mejor, fíate de la gente que te rodea. (iStock)

Aunque el refranero español no siempre es científico, hay expresiones que reflejan ciertas realidades que bien merecen una investigación. Es el caso del mítico “consejos vendo y para mí no tengo”, una expresión que se aplica a todas esas personas que gustan de empezar sus frases con expresiones del tipo “si fuera tú...” o “en mi opinión...”, para tiempo después soltar esa coletilla odiosa: “Te lo dije”.

En lo que no solemos reparar es que, en muchas ocasiones, ese tipo de gente a la que queremos estrangular sí toma mejores decisiones que nosotros, pero por una sencilla razón: no son nosotros.

Nuestra habilidad para tomar decisiones puede verse empobrecida a lo largo del día debido a nuestra indecisión o a las malas elecciones que hemos tomado anteriormente. Este fenómeno se conoce como “fatiga de decisión”, y es un condicionamiento psicológico muy bien estudiado, sobre todo entre los profesionales cuyas elecciones tienen importantes consecuencias para la población.

Sin embargo, según explica un reciente estudio liderado por Evan Polman, profesor de 'marketing' en la Wisconsin School of Business, si opinamos qué debe hacer otra persona, no sufrimos este problema y, por tanto, elegimos mejor.

Una elección en frío

El hallazgo podría tener importantes implicaciones, por ejemplo, en la práctica médica. Según desveló un estudio de 2014, publicado en la revista 'JAMA Internal Medicine', los médicos recetan más antibióticos al final de su jornada que al comienzo de esta. “Esto ocurre presumiblemente porque es más fácil escribir una receta y considerar el caso cerrado que seguir investigando”, ha explicado Polman en 'Fast Company'.

Las personas muy empáticas también sufren fatiga de decisión cuando aconsejan a otras, lo que les predispone a dar malos consejos

Pero la fatiga de decisión parece esfumarse cuando estamos tomando una decisión que compete a otra persona. Cuando nos vemos como consejeros no sentimos la presión real que conlleva elegir una u otra opción, así que nos cansamos menos y tomamos menos atajos. “Es como si hubiera algo divertido y liberador en tomar la decisión de otro”, comenta Polman.

Tomar muchas decisiones agota y va empeorando nuestro juicio. (iStock)
Tomar muchas decisiones agota y va empeorando nuestro juicio. (iStock)

Ahora bien, no todo el mundo es buen consejero. Sorprendentemente, según ha comprobado Polman, las peores personas a las que pedir opinión son aquellas que están encantadas de ayudar a los demás. Las personas muy empáticas también sufren fatiga de decisión cuando aconsejan a otras, lo que les predispone a dar malos consejos. “Por ejemplo, las investigaciones muestran que las enfermeras que tienen una empatía particularmente elevada se queman antes en el trabajo que las menos empáticas”, explica Polman.

La mejor persona a la que pedir consejo es, precisamente, aquel compañero borde al que le encanta decir “ya te lo dije...” Son las personas más desapasionadas, las más ególatras y a las que menos les importa lo que pueda ocurrirte, las que mejor consejo pueden darte. “Es el tipo de persona egoísta que valora su propia opinión por encima de la de los demás la que resulta mejor candidata para tomar decisiones por otros”.

El beneficio del riesgo

Pedir opinión a otras personas no solo nos hace ampliar la perspectiva; además, nos empuja a tomar mayores riesgos. Cuando sufrimos fatiga de decisión somos mucho más conservadores en nuestras decisiones, algo que no siempre es beneficioso. “Mantener el 'statu quo' puede ser problemático”, asegura Polman, “ya que un cambio en el curso de la acción puede ser en ocasiones importante y decisivo para obtener un buen resultado”.

Según los investigadores, para obtener resultados y recompensas satisfactorias, casi siempre es esencial aceptar cierto nivel de riesgo. “La gente que es susceptible a la fatiga de decisión elergirá normalmente no hacer nada especial”, explica Polman. “Esto no quiere decir que el riesgo sea siempre bueno, pero está relacionado con tomar partido, y la fatiga de decisión suele conducir a la inacción y el posible disgusto de la persona, que quizás en otra ocasión prefería tomar otro rumbo pero se encuentra obstaculizada”.

Así que, la próxima vez que te sientas cansado en el trabajo, no tomes la decisión más fácil: mejor pide ayuda, aunque tengas que aguantar al sabelotodo de tu compañero.  

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