PAGA O SUFRE

Este es el peor asiento que te puede tocar en un avión, y así es como puedes evitarlo

Si ya es bastante traumático viajar en avión, imagínate hacerlo en el peor lugar de toda la nave. Y es como la muerte: si te toca, te toca, y no puedes hacer nada para evitarlo

Foto: Haciendo 'manspreading' a varios kilómetros sobre el suelo. (iStock)
Haciendo 'manspreading' a varios kilómetros sobre el suelo. (iStock)

En el primer círculo del infierno de Dante, se encontraban los no bautizados; en el segundo, los lujuriosos y las personas que pecaban por amor; en el tercero, la lluvia helada y el granizo no cesaban; en el cuarto, pululaban los pródigos y avaros; en el quinto, los iracundos y los perezosos; en el sexto, los herejes; en el séptimo, los violentos; en el octavo, los pecadores, y, finalmente, en el noveno, en el lugar más recóndito del infierno, encontraban su lugar los traidores. Pero si el poeta italiano hubiese imaginado un décimo círculo, lo más probable es que lo hubiese situado dentro de un avión. Más concretamente, en el asiento de en medio en una fila de tres.

Es el lugar que todos los viajeros odian: uno tiene que aguantar no a una sino a dos personas y, muy probablemente, desconocidas; sus excentricidades, sus olores, sus ruidos, incluso su mera presencia si uno es especialmente sociópata. Aunque se trate de personas normales (según el ojo del que mira, claro), es probable que en algún momento tengas que levantarte para dejarles pasar al baño. Y todo ello sin las ventajas de vistas espectaculares de las que sí gozan los viajeros de la ventanilla o de espacio y acceso a las maletas que tienen los que viajan en pasillo. Ello sin tener en cuenta el mayor problema de todos: que es el asiento en el que menos espacio se disfruta, algo crítico si, por ejemplo, uno se encuentra en viaje de negocios y quiere dedicar sus largas horas de travesía a adelantar algo de trabajo.

Si te sobra el dinero, puedes comprar un par de billetes y probar suerte. Puede ser que te salga más barato que un pasaje en 'business'

Tan crítica es esta posición que hasta 'The New York Times' se dignó a dedicarle un reportaje, en el que analizaba las múltiples herramientas que uno puede utilizar para sortear el indeseado asiento central. La más expeditiva está clara: ya que es muy poco probable (perdón: imposible) conseguir que la aerolínea te cambie el sitio una vez has hecho la facturación -apunten el truco: si es posible, facturar pronto para seleccionar asiento-, lo más útil es agitar un fajo de billetes ante uno de los viajeros para convencerle de que queremos su plaza en el avión. Es lo que explica en el artículo Michael Winston, que viajaba una o dos veces a la semana, y valoraba mucho poder despanzurrarse. O, si te sobra el dinero, comprar un par de asientos y probar suerte.

Paga para no sufrir

Ni comida con sabor a plástico, ni bebidas azucaradas que disparen nuestra cafeína en vena, ni alcohol que nos haga pasar el vuelo flotando entre las nubes: por lo que realmente paga alguien que se monta en un avión, como explica Robert W. Mann, es por espacio. Al fin y al cabo, ¿no es espacio el escaso metro que separa el reposabrazos de tu izquierda del de tu derecha? La diferencia es que no todos los espacios son iguales, y ahí salen perdiendo los que tienen que aguantar el asiento de en medio.

Esta foto es al avión que vas a coger mañana lo que 'Calígula' a tu vida sexual. (iStock)
Esta foto es al avión que vas a coger mañana lo que 'Calígula' a tu vida sexual. (iStock)

Una alternativa un tanto rebuscada es asegurarse de que la aerolínea en la que uno viaja suele emplear aviones con otras disposiciones. Es lo que sugiere un artículo publicado en 'Business Insider', que recomienda viajar, a poder ser, en (apunten) un avión de la serie McDonnell Douglas MD80, MD90 o un Boeing 717, puesto que su disposición es de 3-2, lo que reduce significativamente las posibilidades de que te toque el asiento del medio. Eso sí, hay que evitar por todos los medios caer en un Boeing 737 o un Airbus A32 -lo sentimos, son tremendamente habituales-, puesto que con su configuración de 3-3 las posibilidades de sufrir el efecto sándwich se disparan.

La solución la tienen las aerolíneas: si quieres evitar los asientos del medio, vas a tener que pagar. Es lo que están haciendo cada vez más compañías, conscientes de que sus clientes, como en la canción de Andrés Calamaro, quizá no sepan muy bien qué quieren, pero saben perfectamente lo que no quieren. Y entre ello se encuentra un asiento en el centro que, como las entradas para ver en 'pit' a Paul McCartney o el pase vip para un festival de música, tiene como objetivo, ante todo, garantizar una comodidad que de otra manera sería poco probable.

Es una tendencia cada vez más habitual: la de que se nos cobre por aquello que antes estaba garantizado, como, por ejemplo, la facturación de una maleta

Es el otro lado del comercio 'premium'. Quizá podría considerarse un 'premium' por omisión. En lugar de pagar por un servicio extra, lo que hace el que gasta su dinero en una butaca central es garantizar una cierta comodidad que antes se encontraba en manos del azar. Prepárense, porque es una tendencia cada vez más habitual: la de que se nos cobre por aquello que antes estaba garantizado, como, por ejemplo, la facturación de una maleta. Es el nuevo estado de las cosas: puede ser que las clases sociales hayan desaparecido, pero pronto nos daremos cuenta de que el del asiento de al lado se puede permitir gastarse más dinero que nosotros.

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