quién gana dinero y a costa de quién

Los dos artículos que explican qué está pasando en nuestro mundo

Un reportaje sobre un pueblo de Indiana y otro sobre una convención anual de inversores, publicados en la prensa estadounidense, subrayan un par de verdades sobre nuestro tiempo

Foto: La Salt Conference se celebró en Las Vegas hace una semana. (Reuters/Rick Wilking)
La Salt Conference se celebró en Las Vegas hace una semana. (Reuters/Rick Wilking)

Hay dos artículos reveladores que se han publicado en los últimos días en la prensa estadounidense, y cuyo sentido real, y la enseñanza que arrojan sobre nuestro mundo, sólo se encuentran si se colocan uno al lado del otro.

El primero de ellos fue publicado en el 'Washington Post', y reflejaba los cambios en la mentalidad de una localidad del interior estadounidense. Era un pueblo en el que la clase obrera, que había trabajado durante décadas en las fábricas locales, se había transformado en clase media. Aspiraban a enviar sus hijos a la universidad, a tener vacaciones pagadas, a jubilarse teniendo una vejez tranquila. La ética del trabajo era la imperante, como resultaba habitual entre esas prototípicas familias de clase media de valores, religión y conformidad con lo establecido que solemos ver en los telefilmes.

Ya no sois de clase media, lo siento

Pero las cosas cambiaron cuando la dirección anunció que la fábrica cerraría. La trasladaban a México, donde los salarios eran más bajos. Lo que llegó después fue la retahíla habitual de promesas que anunciaban nuevos empleos de calidad, ya fueran tecnológicos o relacionados con las energías limpias, pero lo cierto es que aquello que se perdió apenas pudo reemplazarse: lo que llegó fue trabajo escaso y mal pagado en sectores como la comida rápida o la atención a mayores. En Indiana, el estado al que pertenece el pueblo retratado, se habían perdido 60.000 puestos de clase media en la última década, los salarios de los graduados de secundaria habían caído un 19 por ciento y la diferencia en los ingresos entre la clase media y la clase alta se había cuadruplicado.

Se han pasado la vida creyendo en algo que resultó ser mentira. Ahora trabajan cuando pueden, por lo que pueden y durante tanto tiempo como les es posible

Las ideas que manejan hoy sus habitantes sonarían extrañas diez o quince años antes. Hay declaraciones contundentes:

"Se han pasado la vida creyendo en algo que resultó ser una mentira. Ahora trabajan cuando pueden, por lo que pueden, y durante tanto tiempo como les sea posible”. Su idea sobre las élites políticas y empresariales es que “han vendido al país”, que “se mueven por pura codicia” o que “lo único que les importa es añadir un par de metros a sus yates”. Para ellos “EEUU es un país del tercer mundo en el que los únicos trabajos que existen son los de las cadenas de comida rápida”, “en el que el sistema está roto, y que quizá sea mejor hacerlo estallar y empezar desde cero, como dice Trump”. Para esta ex clase media , en su país “no va a haber más que hedge funds y cadenas de comida basura”.

Parecido a España

El texto relata un trayecto político y económico que no es tan distinto del ocurrido en España. Aquí hablamos de ser el bar de copas de Europa, o de que sólo quedaremos para cuidar de los nórdicos mayores que se mudan aquí (con sus pensiones escandinavas o británicas pueden pagar la mano de obra española barata para que les cuiden) o de que los únicos puestos de trabajo que tenemos en realidad son los de los chiringuitos de la playa, pero el estado de ánimo y las ideas que circulan son muy parecidas. La clase media ya no es el sostén de la estabilidad social del pasado, sino que ha entrado en un proceso ambiguo en el que el respaldo a opciones tradicionales es menor que el ofrecido a opciones sistémicas: sin esta clase media empobrecida y sin sus hijos, Podemos tendría muchísimos votos menos.

Entre fiesta y fiesta, vodka y muffins, conferencias y horas de casino, los titanes de los negocios daban la sensación de estar preocupados y abatidos

El otro artículo se publicó en el 'Business Insider' y refleja el ambiente en SALT, la gran convención de los inversores estadounidenses. El titular es bastante gráfico: “Fui a la fiesta más grande del año de Wall Street y todo el mundo parecía deprimido”. En él, la periodista Linette López describe el ambiente, el estado de ánimo y las ideas que circulaban en un espacio habitualmente ocupado por personas social y económicamente favorecidas, esos que denomina Masters del Universo.

"Sonríe como si fuera de verdad"

En ese encuentro, en el que se citan políticos de primera línea, celebrities, millonarios, gurús e inversores, en el que hay una fiesta tras otra y muchas horas de casino, por el que circulan grandes cantidades de vodka, ginebra y muffins, y donde las cabezas pensantes de los hedge funds más rentables explican sus opiniones, la sensación que se llevó la autora es que los titanes de los negocios estaban entre preocupados y abatidos. Cuando presenció un concierto privado de The Kills para unos 1000 hijos de millonarios, viendo cómo saltaban y cómo coreaban “Smile as you mean it” ("Sonríe como si lo sintieras de verdad") López no pudo reprimir una sonrisa.

Los ricos están empezando a pensar que los multimillonarios no ganan dinero con sus inversiones, sino sacándoselo a ellos

El problema de fondo es que los ricos se habían dado cuenta de que era mucho más rentable negociar sobre acciones que desarrollar negocios reales, que poner el dinero a trabajar era mucho más provechoso que poner a trabajar el cuerpo o la mente. Allí donde los salarios se habían estancado, los activos se habían disparado, lo que debía hacerles felices.

Llega Trump

Pero no ha sido así, porque, en el contexto presente, lo que ocurre es que los gestores de los fondos siguen ganando mucho dinero con sus elevadas comisiones (el famoso 2 y 20%), pero los que ponen el dinero en esos fondos, los millonarios que se paseaban por SALT, obtienen mucho menos. “Están empezando a pensar que los multimillonarios les están cobrando demasiado por darles muy poco”. O, por decirlo de otra manera, que los fondos no están obteniendo los beneficios de sus inversiones, sino de ellos.

Los multimillonarios pueden subirse a sus jets privados e ir donde quieran. Pueden llevar su dinero a las Islas Caimán o donde deseen. Los ricos no

Trump también fue tema de conversación en SALT. Un multimillonario explicó a López que si el futuro candidato republicano llega al poder, la economía se estancaría durante años, pero que para él las cosas irían bien. Sin embargo, pondría en riesgo a la gente con dinero. Los multimillonarios pueden subirse a sus jets privados e ir donde quieran. Pueden llevar su dinero a las Islas Caimán y las Bahamas, si no lo tienen ya allí, tienen libertad de movimientos absoluta. La gente menos rica no; tienen que pagar la universidad de la Ivy League de sus hijos, la hipoteca de su casa de los Hamptons y los bienes de lujo que han adquirido.

Las oportunidades actuales son menores que en otros tiempos. Pero la culpa es de la regulación, que es opresiva

El encuentro de López cono Sam Zell, chairman del Equity Group Investments, uno de esos ricos por encima de todos los demás,es significativo. En el transcurso de una conversación sobre el descenso del nivel de vida, afirmó que “vivimos en un entorno en el que hay oportunidades sin fin. Dicho esto, creo que las oportunidades para los chicos de hoy en día van a ser peores que las que yo tuve y que las que tuviste tú. Pero es por culpa de la regulación, que es opresiva”. Después, cuenta la periodista, se subió a su jet privado y se fue a casa.

Ricos y pobres se están quejando de lo mismo, de que hay gente que, para ganar más dinero, se lo está quitando a ellos

La lectura usual al contraponer estos dos artículos, la que se hacía hasta hace poco tiempo, funcionaba en clave de clase: a unos, los pobres, les va mal, y cuentan su ansiedades y sus frustraciones, y otros, los ricos se lo pasan en grande en sus fiestas. Pero en esta ocasión, hay una vuelta de tuerca: ricos y pobres se están quejando de lo mismo, de que hay gente que, para ganar más dinero, se lo está quitando a ellos La redistribución de la riqueza hacia arriba está afectando a cada vez más capas sociales. Esta política de 'toma el dinero y corre'  no es de clase, es transversal.

Alma, Corazón, Vida

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