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Los cinco pasos para gozar de una gran vida sexual para siempre

El divulgador científico Pere Estupinyà asegura que la sexualidad es el campo intelectualmente más enriquecedor que ha estudiado en su vida. Y esto ha aprendido

Foto: Todos podemos aprender a disfrutar más del sexo. (iStock)
Todos podemos aprender a disfrutar más del sexo. (iStock)

'Pere Estupinyà abandonó su doctorado en genética para dedicarse a la difusión del conocimiento científico, como periodista en el MIT, editor del mítico programa de TVE 'Redes' y como autor de varios libros de divulgación, como 'S=EX2, la ciencia del sexo' (Debate), con motivo del cual ya contestó a las preguntas de El Confidencial.

Estupinyà acaba de publicar su nuevo libro 'El ladrón de cerebros. Comer cerezas con los ojos cerrados' (Debate) en el que aborda muchas cuestiones científicas de actualidad. Del mismo se ha extraido este texto, en el que el divulgador aborda los pasos que todos podemos dar para que mejore nuestra vida sexual.

Durante dos años mi vida giró alrededor del sexo. Estaba soltero y sin compromiso, vivía en el East Village de Nueva York, tenía 36 años bien llevados, me sentía en un buen momento vital y frente a mí arrancaba la apasionante aventura de escribir un libro sobre la ciencia de la sexualidad humana. Os prometo que mi primera motivación fue puramente académica. Desde hacía un tiempo recopilaba artículos científicos, entrevistas y visitas a laboratorios que me mostraban un enfoque multidisciplinar en el estudio del sexo, que no había distinguido en otras áreas. Conocí a endocrinólogos que investigaban cómo las hormonas condicionaban el deseo sexual, sociólogos que analizaban en profundidad los nuevos modelos de pareja, médicos que trataban la eyaculación precoz o falta de placer femenino, psicólogos que abordaban exactamente lo mismo pero con diferentes estrategias, neurocientíficos que pedían a voluntarios (yo fui uno) masturbarse bajo un escáner que medía la actividad del cerebro, expertos en 'big data' que analizaban datos de Tinder o webs de contacto, biólogos evolutivos que interpretaban nuestro comportamiento según la selección natural y sexual, fisiólogos que investigaban la estructura de los genitales y los nervios que conducen la sensación de placer. Fui al Kinsey Institute, a congresos de medicina sexual, de sexología, estuve en clínicas, en divanes, en quirófanos viendo en directo operaciones de cambio de sexo y me presté, incluso, a varios experimentos científicos.

Un primer paso imprescindible para avanzar hacia una sexualidad satisfactoria es hacer limpieza de las interferencias psíquicas

El comportamiento sexual humano era un campo de estudio tan amplio que se podía abordar desde tantas disciplinas, que de verdad todavía ahora defiendo que es de lo más intelectualmente enriquecedor que he estudiado en mi vida.

Yo no soy sexólogo ni terapeuta, pero sí es cierto que en esta aventura he aprendido muchísimo, que mantengo contacto muy fluido con todo tipo de profesionales de la sexualidad, que recibo mensajes por Facebook y mails en los que me explican historias curiosísimas y la verdad, entre todos los cerebros que he robado, los casos individuales que he conocido, la barbaridad de libros y artículos que he estudiado y mi experiencia directa en muchos ámbitos, siento que podría dar un paso más y transmitir ciertos consejos. De hecho, tengo un borrador de índice, textos y casos reales para un potencial libro que quizá algún día escribiré, en el que desarrollo un marco teórico, contrastado con sexólogos, con cinco pasos generales para lograr alcanzar la plenitud sexual. Por si nunca llegara a escribirlo y como espinita clavada que me saco, ahí van estos cinco pasos para lograr una gran vida sexual, que, de verdad, están muy meditados y cuentan con innumerables ejemplos y matices que aquí por espacio no lograré exponer.

Paso 1: eliminar traumas

(iStock)
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Muchos de vosotros lectores y lectoras no tendréis ningún recuerdo traumático o barrera psicológica que interfiera en vuestra sexualidad. Enhorabuena, podéis saltar al siguiente paso. Pero lo que las encuestas reflejan es que muchas personas sí tienen pensamientos que les atormentan o que les impiden relajarse al pensar o practicar sexo. En el ámbito de la pareja puede ser una infidelidad antigua, pero no afrontada, en mujeres pueden ser abusos durante la infancia o adolescencia, en los chicos haber sufrido gatillazos o eyaculación precoz por nervios ante parejas nuevas, pueden ser deseos bisexuales u homosexuales reprimidos, fantasías no permitidas, presiones religiosas, problemas de autoestima y, sobre todo, relaciones tóxicas que han dejado una marca negativa. Estos “traumas psicológicos” pueden bloquear el deseo de tener relaciones, el atreverse a empezarlas o el sentir placer pleno durante el acto. La anorgasmia femenina, por ejemplo, puede deberse a factores fisiológicos, pero también a bloqueos al placer por sensaciones de culpa, vergüenza o recuerdos dolorosos.

Un primer paso imprescindible para avanzar hacia una sexualidad satisfactoria es hacer limpieza de estas interferencias psíquicas, yendo a un psicoterapeuta, sexólogo o psicólogo especializado. Puede ser presencial u 'online', incluso explicárselo a un amigo de confianza puede suponer una catarsis liberadora que elimina ese peso interior. La ansiedad física o psicológica es de los peores enemigos del sexo. Si crees que algo en tu inconsciente interfiere en tu sexualidad, lo tengas perfectamente identificado o sea sólo un fantasma, merece la pena afrontarlo.

Paso 2: tener buena salud

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Este mantra de que el sexo está totalmente en la cabeza es falso. También está en los genitales, las hormonas, los nervios y el sistema cardiovascular. Muchas veces el origen de ciertas disfunciones sexuales es puramente físico, y algunos psicólogos no están suficientemente preparados para reconocerlo. Todavía recuerdo el urólogo cuyo paciente al que recetó Viagra le dijo todo sorprendido: “¡Doctor! ¿Cómo puede ser que tras seis años de psicoterapia usted lo haya solucionado todo con una pastilla?”.

Y es que a veces me preguntan si el sexo es bueno para la salud y yo siempre respondo: “Sí, pero lo más importante es que la salud es buena para el sexo”. Si ves a un hombre que al subir escaleras termina resoplando, posiblemente no tendrá erecciones potentes. Y una mujer, lo mismo. Con un sistema cardiovascular dañado por la obesidad, diabetes, tabaquismo o sedentarismo, los microcapilares sanguíneos de pene o clítoris no se llenan con tanto vigor y decrece radicalmente la sensibilidad. De hecho, cuando un hombre sano va al médico quejándose de problemas de erección, le envían de inmediato al cardiólogo pues puede ser un primer signo de enfermedad cardiovascular.

La función sexual no se pierde con la edad, sino con la falta de salud. Está demostrado que practicar ejercicio te hace estar más vigoroso

La medicina sexual es un campo infravalorado por la pudorosa medicina. Hay evidencias científicas de sobra que muestran que problemas hormonales pueden causar falta de deseo femenino, dispareunia o falta de lubricación. Los fármacos antidepresivos recaptadores de serotonina, por ejemplo, reducen directamente el deseo sexual y la capacidad orgasmática. Hay lesiones en los nervios pélvicos y pudendo que generan problemas de sensibilidad (tanto en el pene como en el clítoris o la vagina) y de excitación. Tener buena salud física es muy recomendable, no imprescindible, para disfrutar al máximo de la sexualidad. De hecho, la función sexual no se pierde con la edad, sino con la falta de salud. Está demostrado que practicar ejercicio te hace estar más vigoroso, que el yoga refuerza la musculatura pélvica y la concentración, y que una dieta sana y cuerpo en forma (en relación con la edad) refuerza la autoestima, aumenta el deseo sexual y mejora la acción.

Paso 3: conocerse a sí mismo

(iStock)
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Parece una obviedad, pero yo lo planteo de una manera más amplia y científica. El concepto convencional de introspección detrás del “conocerse a sí mismo” continúa siendo válido, tanto a nivel individual como de pareja. Hay personas que quizá no han reflexionado mucho sobre su sexualidad o tienen una experiencia limitada a unas pocas parejas diferentes y no saben bien qué les atrae más a su mente y su cuerpo. Uno de los estudios más interesantes aparecido en 'S=EX2' es el de sexual discordante o discordancia sexual, en el que se pasaban imágenes o lecturas a hombres y mujeres, se medía la reacción de los genitales y se les preguntaba subjetivamente cuánto les gustaba lo que veían o escuchaban. Especialmente en ellas, y confirmado por experimentos independientes, solía haber bastante discordancia entre lo que decía el cerebro consciente a través de la boca y el inconsciente a través de la respuesta genital. No nos conocemos tan bien como creemos.

En realidad todos somos un poco fetichistas, en el sentido de que hay cosas que, sin ser “raras”, nos excitan más a nosotros que al resto de las personas

Los sexólogos animan, de nuevo especialmente a mujeres, a que exploren sus zonas erógenas por la masturbación, y hacen preguntas que conducen a reconocer las fantasías o preferencias que cada uno tiene. Otro concepto interesante es que en realidad todos somos un poco fetichistas, en el sentido de que hay cosas que, sin ser “raras”, nos excitan más a nosotros que al resto de las personas (mordisquitos, tocar los pies, mirar o que nos miren...) y sólo descubrimos que es algo singular en nosotros cuando leernos, conversamos o tenernos nuevas relaciones. Una anécdota graciosa es la de un amigo que no perdía la erección tras eyacular, él pensaba que era normal y no se enteró de que no era así hasta los veintitantos, cuando una nueva y satisfecha amante se lo comentó.

Conversar y leer pueden parecer consejos muy básicos, y ciertamente en la sociedad actual la mayoría de las personas ya lo hacen sin reparos. Pero continuamos descubriendo cosas que suelen generar un “si lo hubiera sabido antes”, nos apareamos un poco por azar sin saber qué tipo de personalidad es la más compatible con nosotros y buscamos o evitamos relaciones esporádicas más influidos por el entorno social que por nuestros verdaderos deseos. Existen incluso estudios que explican a qué tipo de personalidades les afecta mejor o peor el sexo casual. Lo de “conocerse” sirve también dentro del ámbito de la pareja. De nuevo, las parejas actuales sí conversan sobre sexualidad y expresan sus fantasías, pero muchas veces hay preferencias ocultas, falta de comunicación y pueden tardar tiempo en descubrir que “¡ah! No sabía que esto te interesaba”.

Paso 4: abrir la mente

(iStock)
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Existen muchas sexualidades “no convencionales”. La sociedad tiene un punto mojigato y muchas veces se perciben simplemente como “raras”, en el mal sentido de la palabra. Es curioso porque ser abierto de mente en gastronomía o seguir a grupos de música minoritarios te convierte en 'cool' mientras que en sexualidad no formar parte de esta tan estrecha “normalidad” genera miradas de desaprobación. Yo he aprendido varias cosas escribiendo 'S=EX2'. Una es que amplié mucho este concepto de normalidad y, sobre todo, aprendí a no con-fundirlo con el concepto de habitual. Que algo sea minoritario no lo convierte en anormal. Es normal que haya diversidad, lo anormal –incluso en términos de biología evolutiva– sería que fuéramos todos idénticos. Otra conclusión importante es que las prácticas sexuales son un contínuum, donde hay diferentes grados de involucración. Ya he dicho antes que todos somos un poco fetichistas, pero también he co-nocido fetichistas parafílicos obsesionados con los pies hasta el punto de invertir dinero que requieren para necesidades básicas. Cuando se llega a estos grados de descontrol, si se está enfermo, pero no es lo más habitual.

Opciones hay miles y antes de practicarlas merece la pena hablar mucho sobre ellas, pues el impacto puede ser negativo

Otra práctica sobre la que solemos tener la mente absolutamente cerrada es la de incorporar terceras personas para el juego sexual dentro de la pareja. La sociedad marca unos límites muy estrictos de monogamia exclusiva y, aunque para muchos es una frontera infranqueable, existen infinitas opciones de parejas abiertas o liberales, en las que si se cumplen a rajatabla unas normas acordadas entre ambos, la relación no tiene por qué sufrir. No es recomendable probar a ver qué pasa sin estar preparados, pero por qué no conocer posibilidades, interiorizarlas y ver si se genera cierto interés. Hay riesgo, pero peor es llevarlo oculto o reprimido.

El sexo tántrico fue para mí uno de los grandes descubrimientos. Quizá le rodea demasiada parafernalia, pero el concepto de evitar el orgasmo y mantener el cuerpo excitado al máximo durante el mayor tiempo posible, no sé si porque carga el cuerpo de dopamina o deja el sistema nervioso simpático al borde de la explosión, aumenta la sensibilidad de muchas zonas corporales y genera orgasmos más intensos. Sin duda, si se abre la mente al tantra, a los masajes eróticos o a enseñanzas de otras culturas se pueden extraer ideas.

Opciones hay miles y antes de practicarlas merece la pena hablar mucho sobre ellas, pues el impacto, por ejemplo, de ir a un club 'swinger', puede efectivamente ser negativo. Una estrategia muy práctica para parejas es hacer un listado de actividades sexuales, una especie de 'consensus list' y puntuar independientemente de uno a cinco las ganas que tendría cada uno de probarlo. Luego se contrasta entre ambos a ver qué coincidencias inesperadas se encuentran. Al menos es una manera de abrir un poco la mente, despertar el lado 'kink', aumentar la curiosidad y prepararse para la siguiente etapa: experimentar.

Paso 5: experimentar

(Hello Lovely/Corbis)
(Hello Lovely/Corbis)

He probado cosas que no me han gustado y no pasa nada. La mayoría las intuía, pero también confieso que algunas que pensaba que no me gustarían sí fueron estimulantes, y otras a las que iba ilusionado no me gustaron tanto. Hasta que no se prueba, no se sabe. Esto ocurre con el sexo y en muchas otras situaciones de la vida. Infinidad de experimentos en psicología social demuestran que muchas veces la gente reacciona de manera diferente a lo que preveían. Si quieres llegar al grado de máster en sexualidad, debes atreverte a dar algunos pasos.

De manera individual o en pareja, ponerse, por ejemplo, en manos de expertos en sexo o masajes tántricos y aprender unas nociones puede ser muy revelador. Y una vez en la sesión, no es tan violento como puedes imaginar.

Se puede tener una vida sexual completamente satisfactoria y feliz sin necesidad de realizar masajes de punto G. O no

Lo mismo ocurre con los clubs de intercambio o grupos de parejas liberales. Generalmente estos espacios tienen una zona de bar inicial donde puedes estar tranquilamente tomando una copa y conversar con el resto de las personas. Nadie te mira raro si das un paseo por las interioridades del local a ver qué sensaciones te transmite y, si no te convence, abandonas el local sin problema alguno. Puede que no te guste nada y eches a correr jurando que nunca volverás a un sitio así o que acudas pensando que será un festival y los nervios te jueguen una muy mala pasada, pero si estáis interesados en ampliar el repertorio de vuestra vida sexual, al menos una visita es necesaria.

Insisto: se puede tener una vida sexual completamente satisfactoria y feliz sin necesidad de realizar masajes de punto G o atar a tu compañero a la cama. Pero, si te atreves a abrir tu mente y, de una manera muy adulta, consensuada y convencida, a experimentar algunas de las muchas prácticas sexuales y juegos eróticos que existen, sin duda tendrás un repertorio más rico y satisfactorio. Cuántas cosas me dejo en el tintero... ¡cierto que da para un libro!  

Alma, Corazón, Vida

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