tendencias de empleo

Los dos tipos de trabajo a los que podrás aspirar como las cosas sigan así

Un informe estadounidense y un reciente libro sobre el entorno tecnológico revelan aspectos oscuros respecto del futuro del mercado laboral. Y se espera que empeoren

Foto: El entorno es muy agradable, pero el salario lo es menos. (iStock)
El entorno es muy agradable, pero el salario lo es menos. (iStock)

Los grandes teóricos del trabajo, desde los especialistas universitarios hasta los consultores pasando por los expertos en recursos humanos, llevan tiempo advirtiendo de que los caminos del empleo se están separando. Se mueven en la evidencia de que, en un futuro en el que habrá menos puestos de trabajo disponibles, sólo quienes aporten valor añadido tendrán posibilidad de subsistir o de triunfar en un entorno mucho más exigente que el actual. La formación parece el único camino para prepararse adecuadamente y competir en un escenario difícil. Hay quienes insisten en que es importante que la gente se olvide de cursar esas carreras que están produciendo más parados que ocupados, como las humanidades, y hay quienes señalan que la Formación Profesional será una tabla de salvación para la mano de obra menos formada. Sin embargo, un par de experiencias recientes ponen de manifiesto hacia dónde está yendo el trabajo, y ninguna es esperanzadora.

Cuando te paga el Estado

Un informe de la Universidad de California Berkeley, asegura que al menos la tercera parte de las familias de los empleados en las fábricas estadounidenses se ven obligadas a recurrir, para llegar a final de mes, a los subsidios y las ayudas que el gobierno norteamericano facilita a sus ciudadanos en dificultades. Los trabajadores industriales, aproximadamente seis millones, representan alrededor de la mitad de la manufacturera del país.

Hay menos puestos para los trabajadores manuales, y los que quedan ofrecen salarios que no permiten a los empleados cubrir sus mínimos de subsistencia

Estas cifras resultan especialmente preocupantes en la medida en que, como asegura el 'Washington Post', esta clase de empleos eran el camino que muchas personas con escasos recursos recorrían para encontrar estabilidad y un salario digno. No sólo se trata de que las fábricas se hayan trasladado a países que pagan menos para producir bienes que luego se venden en EEUU, y eso haya hecho que existan menos puestos disponibles, sino que los que se quedan reciben salarios que no les permiten subsistir. Y, advierten, la presión en ese sentido aumentará, por lo que es probable que en el futuro próximo, aún sean más bajos. Las posibilidades de subsistencia del trabajador manual, incluso del que cuenta con formación, parece muy endeble.

“Estrellas con superpoderes”

Tampoco las señales que llegan desde el empleo de mayor calidad son positivas. Dan Lyons, periodista de mediana edad y guionista de la serie de la HBO 'Silicon Valley', cuenta en 'Disrupted, My Misadventure in the Start-Up Bubble' su experiencia en el mundo de las empresas punteras. El texto incluye un retrato bastante ácido de la personalidad de quienes forman parte del teórico mundo de la innovación y del alto valor añadido: los trabajadores del sector suelen ser jóvenes, a menudo recién egresados de la universidad, hablan su propio dialecto, se inventan nuevos términos y emplean viejas palabras con otros sentidos (cuando despiden a alguien se lo denomina 'graduación'), y suelen oír que son “estrellas del rock”, o “súper estrellas con súper poderes" y que están ahí para "inspirar a la gente" y "cambiar el mundo". Los jefes viven en la misma megalomanía, y la fomentan respecto de sí mismos.

Les dices que se lo van a pasar genial en su trabajo, les invitas a cerveza, les pones futbolines y aceptan un salario bajo

Dan Lyons estaba empleado en una empresa llamada HubSpot, que parecía, como tantas otras en el Valle, vivir aislada de la realidad. Los empleados no estaban allí para ganar dinero, sino que “tenían una misión”, y se dedicaban apasionadamente a cumplirla. En realidad, su trabajo era el de vender, señala Lyons, y no resultaba mucho mejor que el que desempeñaban sus bisabuelos hace cien años, salvo por la cerveza gratis que siempre tenían en los frigoríficos.

Hacerte grande

Después de escribir durante 25 años sobre empresas tecnológicas, advierte Lyons, pensó que entendía de qué iba esta industria: grandes inventos, innovación, talento… Pero se encontró con que ya no se estaban creando nuevos productos sino que simplemente trataban de rentabilizar sus peculiares modelos de negocio. “El mercado valora a las compañías que crecen mucho. Todo tiene que ver ahora con la velocidad. No se trata de que des beneficios, sino de que te hagas grande rápido”.

Silicon Valley tiene un lado oscuro: los fundadores suelen ser monstruos sociópatas y los managers, poco o nada formados, abusan de los empleados

El camino que emplean para ello es significativo. La cerveza, los futbolines y el culto corporativo sólo respondían a un propósito, el de conseguir miles de personas que trabajasen en sectores como el marketing y las ventas con los salarios más bajos posibles. “Coges a gente que sale de la universidad y les dices que su trabajo es divertido y se lo van a pasar genial. Decoras la oficina de forma que parezca algo a medio camino entre un jardín de infancia y una fraternidad universitaria, les montas fiestas, les dices que su trabajo es una aventura y tienes un montón de 'bros' que trabajarán un montón bajo constante presión psicológica por poco dinero”.

El reparto del dinero

El resultado es que crean compañías en las que los empleados tienen salarios bajos y una seguridad nula, ya que se les puede despedir en cualquier momento. Los directivos pueden ganar mucho dinero con sus acciones, los inversores se hacen ricos, los propietarios se hacen ricos y los trabajadores apenas se llevan nada. Según Lyons, “Silicon Valley tiene un lado oscuro. Está lleno de gente feliz trabajando en tecnología. Pero es también un mundo en el que la riqueza es distribuida desigualmente y los beneficios son acumulados por fundadores e inversores. Es un mundo en el que los trabajadores son discriminados con base en la raza y en el género, donde los fundadores suelen ser monstruos sociópatas, en el que managers poco formados abusan de los empleados y despiden gente con total impunidad, y donde los trabajadores tienen escasos recursos y ninguna seguridad laboral”.

El futuro será poco amable

Si sumamos ambas perspectivas, la de un mundo feliz donde pagan poco a personas formadas gracias a que les ofrecen cerveza y futbolines y les dicen que van a cambiar el mundo, y la de un entorno industrial en el que trabajadores medianamente cualificados tienen que recurrir a las ayudas estatales para sobrevivir, el escenario que se abre parece poco amable. Si cuentas con un título universitario valorado, serás precario, aunque estés empleado en oficinas modernas llenas de colorines; en otro caso, el Estado tendrá que complementar el sueldo con subsidios para que puedas seguir produciendo con un salario cada vez más bajo. Quizá a esto es a lo que se refieren cuando hablan de que la renta básica es necesaria.

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