'DANGER, DANGER'

Las 4 preguntas que no debes hacerle nunca a tu pareja (ni de broma)

Preguntas quizá inocentes, desde nuestra sintética visión masculina, pero que sin duda están mejor fuera de la charla y que, reiteradas, pueden conducir a algún desastre

Foto: Según la mitología, la apertura de la caja de Pandora podía desencadenar los males más terribles imaginables. (iStock)
Según la mitología, la apertura de la caja de Pandora podía desencadenar los males más terribles imaginables. (iStock)

A ciertas alturas de esa delicada bendición que es la vida en pareja uno debería tener claro ya que la mitad su éxito estriba sin duda (como cualquier charlatán le dirá a las primeras de cambio) en la capacidad de ambas partes para comunicarse entre sí. Lo que no le advertirán tan a menudo los gurús es que la otra mitad reside en la habilidad para callar en los momentos adecuados, que no deja de ser una extensión aplicada de la libertad que cada uno necesita. “El silencio es oro”, decía la canción. Hay preguntas que los hombres pueden evitar fácilmente, como las que se recogen en 'The Sun' y cuya omisión es sin duda beneficiosa. Preguntas quizá inocentes, desde nuestra sintética visión masculina, pero que sin duda están mejor fuera de la charla y que, reiteradas, pueden conducir a algún que otro desastre. Ejemplos…

1- ¿Tienes la regla?

Un clásico vigente. Si bien el tema del periodo menstrual ha dejado de ser un tabú para ellas, es mejor que nosotros funcionemos como si lo siguiese siendo, porque así es, muy en la línea nacionalista de “si no eres de los nuestros no puedes hablar del problema”. No es raro, por ejemplo, que encontremos el tema incluido libremente en algún tipo de excusa del estilo “es que estoy muy cansada y además me ha venido la regla”, o que presenciemos largas y desinhibidas conversaciones femeninas al respecto. Pero, ojo, eso no significa que tú puedas preguntar. De algún modo, cualquier alusión masculina sigue considerándose como un cuestionamiento de la capacidad femenina, como una especie de sarcasmo implícito sobre su debilidad. Y, además, tú ya sabes perfectamente cuando ha sucedido y cuando no, ¿verdad?

Cállate, no preguntes, escribe unos capítulos de tu novela, haz hora y media de pesas… lo que sea

2- ¿Estás ya lista?

Muchos probablemente pensamos durante toda nuestra infancia y parte de nuestra juventud que lo de tardar tres horas en hacer algo que debería ocupar diez minutos, como “arreglarse”, era una cosa de “los mayores”. Lo es, sin duda, pero las mujeres se siguen llevando la palma en eso, y tan felices. “No os ocultamos esa información deliberadamente”, se lee en el artículo de referencia, “es sólo que nos es imposible dar una respuesta ajustada”. Y es bastante cierto. Luego, preguntar es inútil. Lo que nosotros consideramos un número de movimientos contados y por tanto mensurables es para una mujer un universo de posibilidades, una galaxia de alisados, secados y retocados en la que muchas cosas pueden salir mal y deberán ser repetidas (con placer).

El territorio de la elección y la creación del personaje que, como saben los artistas, es sagrado. Un territorio en el que las mujeres se sienten cómodas y en el que es mucho mejor no interferir. Una vez más, la paciencia es la única llave. Cállate, no preguntes, escribe unos capítulos de tu novela, haz hora y media de pesas… lo que sea; asume que tu ojo no está entrenado para el tipo de detalle que ella maneja, que eres a ese respecto un bárbaro; cierra la boca y calcula siempre el triple del tiempo requerido, tirando por lo bajo. Al final los resultados de esa libertad de flirteo con la propia imagen pueden ser asombrosos (en ocasiones).

'¿Tienes fiebre? ¿Y ahora? ¿Y ahora? ¿Y ahora?'. (iStock)
'¿Tienes fiebre? ¿Y ahora? ¿Y ahora? ¿Y ahora?'. (iStock)

3- ¿Me puedes devolver mi camisa?

Error. Los derechos sobre toda la ropa que posees han pasado a tu pareja desde el momento en que os mudasteis bajo el mismo techo, a causa de esa antigua ley que establece que ella sabe mucho mejor que tú qué hacer con dicha ropa (o eso cree, al menos, con una firmeza rayana en el fanatismo). Seamos serios, al fin y al cabo la camisa le queda mejor que a ti. Si esta última afirmación no es cierta, entonces empieza a preocuparte en serio. Pueden incluirse al hilo de esta pregunta cualesquiera otras que se refieran al ámbito de la apariencia y el dinero que esta implica. Por ejemplo “¿Cuánto te ha costado eso?” o “¿En serio vas a salir vestida así?”. Sencillamente, tío, no es tu territorio (por mucho que hayas empezado a usar cremitas de modo indiscriminado).

4- ¿Estás enferma?

O cualquier otra pregunta que pueda ser respondida con un “no, es que no estoy maquillada, ¿qué pasa?” o similares, y tomada por tanto como una “imposición” de ideas preconcebidas sobre la feminidad. Que tu pareja pase de media dos horas y trece minutos arreglándose para estar radiante no quiere decir que tenga que hacerlo, cerdo machista. Ya lo sabes. La polemista Camille Paglia en un punto de su libro 'Sexual Personae' (1990) refleja la idea -postulada según ella por las feministas- de que “los hombres tiene que ser como las mujeres y las mujeres como les de la gana”. En estos 26 años esa idea ha pasado de ser una idea “feminista” a una idea general. Y tendrás que adaptarte.

Puede el lector empezar por estas cuatro preguntas guía y hacer después su lista particular, será un ejercicio de salud mental de primer orden.

Pero en todo caso no olvide que la pregunta más letal de todas, y esta vale igual para ellos que para ellas sigue siendo la de siempre: ¿Qué estás pensando?

Mejor cierre el pico.

Al fin y al cabo, tarde o temprano lo descubrirá.

Alma, Corazón, Vida

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