La élite etílica

¿Qué pasa en las sociedades de universitarias bebedoras?

Dinero, lujo y exclusividad son las claves de las fiestas organizadas por las mentes más brillantes de los principales centros británicos. Así son sus clubes de alcohol

Foto: No lo dudes, sus borracheras son infinitamente más caras que las tuyas. (iStock)
No lo dudes, sus borracheras son infinitamente más caras que las tuyas. (iStock)

Según los datos de una macroencuesta realizada en el año 2012 por la London School of Economics sobre más de 17.000 personas nacidas en 1970, las tasas de alcoholismo entre las personas con títulos universitarios duplican a las que presenta el resto de población con estudios secundarios o elementales. Al amparo de esta idea, un estudio publicado en la revista 'Social Science and Medicine' rompía con los patrones clásicos asegurando que las mujeres con estudios superiores tienen más probabilidades de beber alcohol a diario que los varones de su mismo estatus formativo.

Esta fue otra de las principales conclusiones del primer informe dedicado al alcohol por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), según el cual, las mujeres con un alto nivel educativo tienen una mayor probabilidad de exceder su consumo de alcohol en comparación con aquellas de niveles educativos más bajos. Con los hombres ocurre justamente lo contrario: aquellos con niveles educativos bajos tienen una mayor probabilidad de tener un consumo nocivo de alcohol.

Las mujeres con estudios superiores tienen más probabilidades de beber alcohol a diario que los varones de su mismo estatus formativo

Y parece que en las cosas no han cambiado, al menos teniendo en cuenta el creciente fervor de las jóvenes estudiantes británicas por hacerse miembros de alguno de las múltiples sociedades de bebedoras existentes en los campus universitarios de todo Reino Unido. Phoebe Luckhurst recoge en 'The Telegraph' lo que ocurre dentro de estas reuniones privadas en las que sus asistentas veneran el alcohol por encima de todo.

Una noche cualquiera la protagonizan litros de alcohol y más de 3.700 euros en el casino. (iStock)
Una noche cualquiera la protagonizan litros de alcohol y más de 3.700 euros en el casino. (iStock)

Borracheras de lujo

Una imagen común en cualquier supermercado del mundo un jueves o viernes por la tarde. Grupos de veinteañeros cogiendo cantidades ingentes de latas de cerveza y otros espirituosos de mayor graduación mientras cantan con desentono alguna de las canciones de moda. Sus intenciones se ven a la legua: tomarán una buena cantidad de alcohol en el ritual conocido como botellón, para después ir a algún local de moda y ahorrarse algo de dinero en más bebida.

Pero entre las universitarias británicas hay algunos grupos de chicas que se lo saben montar mejor. “Los miembros son escogidos por su apariencia o por lo conocidas que son ellas o sus familias”, relataba una estudiante. Cenas en restaurantes de lujo donde la comida cara, las drogas y las bebidas de alta gama no escasean.

Los miembros son escogidos por su apariencia o por lo conocidas que son ellas o sus familias

Una de las socias de uno de estos clubes privados llamado Scortum –que se identifica bajo el pseudónimo Alice– cuenta que nunca olvidará su fin de semana de iniciación: un viaje secreto a Londres, con una visita a un casino subterráneo cerca del barrio chino que llevaba oficialmente cerrado desde el año anterior. “Recuerdo susurrándoles al oído '¿cómo demonios habéis conseguido esto?'”, recuerda Alice, quien confiesa haberse apostado aquella noche al menos las 3.000 libras de su préstamo estudiantil. Aunque no se le dio nada mal porque salió de allí con 7.000 libras en ganancias (más de 8.800 euros): “Me llevé una cantidad loca. Todos los ojos estaban puestos en nosotras”.

Pero el fin de semana continuaba y al día siguiente las 'alocadas amigas' no dudaron en gastarse más de la mitad de su premio en copas. Pero nada de bares con 'happy hour', estás sociedades de bebedoras juegan en otra liga. “Nos tomamos unas copas a medio día en el Beach Blanket –uno de los restaurantes de lujo más famosos de Londres– antes de ir a una cena privada en Sketch –otro local similar aún más elitista–. Recuerdo que me comí un exquisito huevo de codorniz de primer plato y terminé vomitándolo en sus en sus aseos”.

Su aspecto y su dinero son puntos clave para que sean admitidas. (iStock)
Su aspecto y su dinero son puntos clave para que sean admitidas. (iStock)

Extravagantes rituales sin sentido

Otra estudiante del St. Catharine (o 'Catz') College de Cambridge cuenta que en su ceremonia de iniciación para ser un miembro de las conocidas como Whiskers –hermandad que haciendo alusión a los 'bigotes de gata' aprovechan para disfrazarse de gatitas sexys y derivados– le hicieron vestirse como una colegiala y hacer pruebas sencillas como restregar su cara sobre platos de comida. Todo ello rehogado con cantidades ingentes de alcohol.

Las chicas Whiskers son seleccionadas por otros miembros existentes de la sociedad –“los criterios son bastante opacos, pero me gusta pensar que lo único importante era 'ser divertida', señala la joven– y reciben la invitación para formar parte del club secreto a través de una nota en su taquilla de la universidad. Todo muy serio.

Élites de sobresaliente

Como cuenta Luckhurst, las personas invitadas a formar parte de estas sociedades pertenecen a la élite estudiantil de centros como la prestigiosa Universidad de Cambridge. Rostros conocidos cuya presencia da caché a cada uno de estos clubes. Todos los años, las sociedades femeninas luchan por invitar a la cena anual a los chicos más conocidos y atractivos. Alice ha vivido estos frenéticos días previos a la competición: “Las veteranas nos designaron la tarea de llevar a la fiesta a solteros impresionantes, el tipo de chicos que la gente conoce por su apellido”.

Las sociedades femeninas luchan por invitar a la cena anual a los chicos más conocidos y atractivos

Tradicionalmente, cada universidad tiene al menos un club exclusivo para chicos y otro para chicas, aunque al final todos acaban mezclados en fiestas y eventos privados en los que tienen que demostrar ante el resto de asistentes que su sociedad es la que tiene mejores relaciones, y, claro está, mejor sabe divertirse a base de alcohol.

“En las fiestas bebemos a través de un 'sistema de multas'”, explica otra joven quien relata como el clásico infantil 'truco, verdad o atrevimiento', siempre centrado en pruebas de un alto contenido sexual, marca el ritmo de ingesta de estas grandes mentes universitarias británicas, que lo pasan bien a golpe de talonario.  

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