estás perdiendo oportunidades

3 errores que debes evitar a toda costa cuando quieres ligarte a alguien

Has picado demasiada piedra y no encuentras pareja, y tal vez hayas aceptado que eres un "desafortunado" del amor. O quizás lo estés haciendo mal, muy mal...

Foto: Este chico lo único que levantará esta noche serán un par de pesas. (iStock)
Este chico lo único que levantará esta noche serán un par de pesas. (iStock)

¿Te has preguntado alguna vez por qué es tan díficil dar con el amor que estás buscando, por qué es tan complicado relacionarte con nuevas amistades o por qué acabas conociendo siempre al mismo tipo de personas? Triunfar en una relación sentimental no es una tarea sencilla, como nos recuerda la 'love coach' Remedios Gomis, que lleva más de 20 años enseñando a las personas a encontrar y, sobre todo, mantener una pareja. En su libro 'All you need is love' (Planeta) nos descubre algunos de los errores que cometemos en nuestra búsqueda del amor que impide que se fijen en nosotros:

La otra tarde estaba tomando café y en la mesa de al lado había un grupo de amigas y amigos que conversaban sobre el tema de las relaciones. En un grupo donde la media de edad se situaba entre los treinta y pocos y los cuarenta y muchos y donde todos estaban, según pude oír, separados, divorciados o solteros, no es de extrañar que acabaran planteándose algunas preguntas típicas: ¿dónde están los hombres interesantes? (las mujeres). ¿Dónde están las mujeres que de verdad buscan algo serio? (los hombres). La cuestión es que comenzaron a hablar sobre lo que cada uno buscaba y quería, y todos fueron contando sus aventuras y desventuras en este tema, hasta que una de las mujeres dijo: "Lo que ocurre es que tenemos mala suerte en el amor".

Llegados a este punto, no pude aguantar más. Me volví hacia ellos y les dije que no había podido evitar oír la conversación y que si me dejaban darles mi opinión como experta en el tema —al tiempo que les dejaba mi tarjeta de 'love coach', ¡no fueran a creer que era una loca que se mete en conversaciones ajenas!—. La reacción fue inmediata y unánime: me dijeron que les interesaba mucho mi opinión al respecto y me ofrecieron una silla para unirme a la tertulia. Les pedí que me dijeran por qué creían tener mala suerte en el amor. Unos me explicaron que porque siempre tropezaban con el mismo tipo de personas. Otros, que porque las mujeres buscan ciertos prototipos de hombre, a lo que alguna replicó que igual que ellos, que solo buscan mujeres altas, guapas, jóvenes, etc. Les dejé hablar porque me interesaba escuchar todos los puntos de vista y las diferentes quejas. Al cabo de un rato, una de las mujeres, Mari Mar, dijo: "Tal vez, aparte de todo eso, el problema también está en nosotros".

Hacerse el interesante y fingir que ignoramos a alguien que nos gusta es un error, porque la persona interpretará lo contrario de lo que pretendes

Cuando le pregunté por qué tenía esa impresión, respondió: "Porque se nos nota demasiado cuando salimos que vamos en plan de caza y captura, y metemos la pata muchas veces". "¡Correcto! —respondí—, os explico lo que ocurre. Como ha dicho Mari Mar, cuando salís (y esto vale para ambos sexos) vais con expectativas de encontrar, y eso os hace ser poco selectivos y parecer un pelín desesperados. Es decir, que soléis darle cancha al primero que se os pone a tiro. Y le dedicáis atención a alguien que tal vez no os interesa mucho, pensando que más vale pájaro en mano que ciento volando. Y nada más lejos, porque lo que hacéis es dejar de prestar atención al resto de las personas durante la noche. Y, lógicamente, si te haces invisible a otros ojos... No sé si me entendéis", pregunté.

Todos asintieron con la cabeza, mientras uno de los hombres comentaba una anécdota en relación a lo que acababa de explicarles. Proseguí hablando con el grupo y me centré en explicarles que, a lo que les había dicho anteriormente, había que añadir la infinidad de ocasiones en que enviamos señales equivocadas ¡sin darnos cuenta de que nos estamos autosaboteando! "Por ejemplo —les dije—, ¿cuántas veces os ha pasado que, estando en algún sitio, habéis visto a alguien que os gusta y habéis hecho todo lo contrario de lo que deberíais hacer para que se fijara en vosotros? Como retirar la mirada cuando os mira, dar la espalda, no sonreír... Os ha pasado, ¿verdad?" La respuesta fue un sí unánime. "Pues imaginaos por un momento que, en alguna de esas ocasiones, esa persona que os gustó también se hubiera fijado en vosotros. Pero, claro, leyó vuestras señales e interpretó que no estabais interesados. Y ahí os quedáis, perdiendo oportunidades. Otras veces —continué—, ocurre que creemos que si nos hacemos los interesantes tendremos más éxito, y entramos en los locales donde solemos ir a tomar algo y conocer gente con un gesto de altivez que, lejos de hacernos interesantes, aleja de nosotros a posibles personas interesadas, porque damos la impresión de ser serios o antipáticos. ¡Es un error fatal! Cuando salís a conocer gente, debéis ser más vosotros mismos que nunca". Después de aquello, me disculpé y les dejé seguir con su tertulia. No sin antes recordarles que en el amor no existe la buena o la mala suerte. Existen las circunstancias que nosotros mismos creamos.

Voy a resumir los consejos que di a ese grupo de amigos para que tú también tomes buena nota:

1. Mostrar desesperación.

2. Enviar señales erróneas.  

3. Pasarte de interesante

Para que lo veas más claro, voy a mostrarte un par de historias reales extraídas de mis sesiones como 'love coach'. ¿Te identificas con alguna de ellas?

María, 43 años

Eran las 12:20 de la noche y, otro sábado más, allí estaba. En la misma discoteca de siempre, con las amigas de siempre, con la misma ropa de siempre, tomando la misma copa de siempre y escuchando la misma música de siempre. Me pregunto por qué a mis 41 años tengo una vida social tan aburrida, por no decir tediosa. Pero reconozco que me da más miedo quedarme sola en casa que aburrirme con mis amigas. Y se me hace un mundo pensar en conocer a gente nueva. En parte sé que es porque no sabría qué decirles a mis amigas. Nos conocemos desde el colegio y me siento culpable cuando pienso en dejarlas para salir con otras personas.

En fin, que, en medio de ese barullo mental, allí estaba yo un sábado más con la espalda apoyada en la barra y haciéndome la interesante (aunque luego no me coma un colín) mientras me servían la copa y mis amigas y yo ojeábamos el ambiente y las caras nuevas (que, por cierto, cada vez veo más caras "repetidas" y ninguna que valga la pena). Pero aquella noche, de repente, vi a un chico que no estaba na-da mal. Era alto, delgado y con un toque entre intelectual y sofisticado que le daba un puntito atractivo. Pensé: "Vaya, bajo esas gafas de pasta quizá hay alguien interesante". Pillé mi copa y les dije a mis amigas que nos acercáramos a la zona donde estaba ese chico (al que mis amigas y yo bautizamos como míster X) en compañía de otros tres más normalitos. Yo me puse a bailar y a hacer chorraditas delante de él con la esperanza de que se fijara en mí, pero resultó que el chico maravilloso había quedado en ese local con otra chica supermaravillosa y mi ego acabó como mi pendiente, en el suelo (y eso que acababa de estrenar aquellos pendientes!).

Mujeres, más vale que alguien os haga caso que deambular solas de pub en pub cada vez que salís, ¿no?

Mis amigas y yo estábamos a punto de salir del local cuando llegaron dos hombres de unos cincuenta y tantos. Al entrar, uno de ellos le hizo un guiño a una de mis amigas y todas volvimos para dentro. Mi amiga dijo que solo un rato más, el suficiente para que a los pocos minutos aquellos hombres se acercaran a nosotras con un vaso en la mano y la intención de entablar conversación, algo a lo que mis amigas estaban muy dispuestas. Yo la verdad es que no tanto, pero, como voy con ellas, qué le vamos a hacer. La mano, dos besos y ellos ya se habían "integrado".

Al cabo de un rato nos fuimos los cinco de aquel local (mis dos amigas, los dos hombres y yo) a dar una vuelta y parar en un par de sitios más. Total, que a las tres de la mañana ya estaba lo suficientemente cansada como para irme a casa. Me despedí de ellos y de mis amigas antes de coger el coche. Mis amigas me dijeron que habían intercambiado los teléfonos para volver a quedar con ellos. Y va y una de ellas me suelta: "Mujer, más vale alguien que te haga caso que deambular solas de pub en pub cada vez que salimos, ¿no?". Pues no. Yo no estoy de acuerdo con ella, aunque me da miedo pensar que tal vez tenga razón.

Carlos, 36 años

La verdad es que me considero un chico normal. Soy simpático, extravertido, pero hasta ahora no se puede decir que haya tenido suerte en el amor. Eso, o no he sabido buscar bien. Lo cierto es que, a medida que pasa el tiempo, veo cada vez más difícil conocer a una chica, iniciar una relación. Aunque me gustaría, no lo niego, cada vez lo veo más lejano. Mi madre se pasa el día diciéndome: "Nene, a ver cuándo te echas novia, que tengo ganas de tener nietos. Mira a tus amigos: Paquito tiene ya dos niños y Pedro está esperando el primero. Y tú, ¿para cuándo?". Estoy de esa frase hasta la coronilla. Mi madre piensa que esto es como ir al súper y decir: "Póngame una novia lista para formar familia". ¡Qué más quisiera yo! 

Esta mañana me he parado a analizar qué errores puedo estar cometiendo y he optado por repasar lo que hice ayer sábado. Y no veo nada que no haga cualquier otro chico de mi edad. Incluso intenté conocer a un par de chicas. Sin éxito, claro. Me levanté sobre las diez y media, desayuné, fui a por el pan y el periódico, y luego me propuse bajar un rato a la playa, porque hacía un día de sol maravilloso y a principios de junio aún puedes ir sin que esté abarrotada. Agarré la toalla, me puse el bañador y bajé. Llegué y me puse en el chiringuito para poder mirar la playa y localizar a alguna chica sola. Vi a una tomando el sol y me puse a su lado con la toalla a leer el periódico. La chica se levantó y se fue a nadar. Después de un buen rato, cuando regresó, pensé que sería una buena excusa para hablar con ella preguntarle qué tal estaba el agua. Lo cierto es que funcionó, porque me dijo que estaba algo fría, pero limpia. Como me percaté de que no era española, por el acento, le pregunté de dónde era. Ella me contestó que francesa y yo le expliqué que era profesor y que si quería le daba clases gratis. Y, de repente, me dijo que hacía mucho calor y que se marchaba. Yo, claro, ya no me atreví a pedirle el teléfono.

La chica se mostraba receptiva, por eso no comprendí que, cuando la invité a comer, se levantará de pronto diciendo que me marchara porque tenía novio

Después me levanté y me fui a dar una vuelta y a tomar el sol andando. Al poco rato vi a otra chica que también estaba sola y me dije: "Voy a probar". Utilicé la misma táctica: coloqué la toalla a su lado (más o menos) y me puse a leer el periódico un ratito. Cuando ella se volvió para coger la botella de agua que tenía dentro del capazo, aproveché para comentar el calor que hacía, a lo que ella me respondió que mucho. Yo continué la conversación y le comenté que hacía muy bien en hidratarse porque cuando sudamos perdemos muchas sales minerales y, si no bebemos, podemos deshidratamos. También le aconsejé que, además de agua, estaría bien que trajera una pieza de fruta. Yo creo que la chica se mostraba receptiva, porque me escuchaba, por eso no comprendí que, cuando la invité a comer (eran ya casi las dos) y luego a dar un paseo por el castillo, se levantara de pronto diciendo que tenía novio y que estaba a punto de llegar, que, por favor, me marchara. Pero ¿qué había dicho? No entiendo a las mujeres.

Volví a casa y mi madre ya tenía la comida puesta (que si la chica me llega a decir que sí, ahí se queda). Comí, dormí un poco la siesta y, sobre las ocho, quedé con otro amigo 'single' como yo para ir a ver una peli y luego a picar algo. Él coincide conmigo en que las mujeres no saben lo que quieren y por eso nos cuesta tanto encontrar pareja. Por la noche, entramos en una discoteca a tomar una copa y bailar un rato, nos fuimos a la barra a pedir un ron con limón y nos dirigimos a la zona de pista a ver qué había por allí. Me di cuenta de que una chica que estaba en un lateral bailando me había mirado, así que me acerqué a ella con mi amigo y pensé: "Voy a ver si ligo". Fui bailando hasta donde estaba ella y me decidí a comentarle que bailaba muy bien y que si le gusta bailar yo le podía enseñar. Me hizo un gesto de negación con el dedo y se marchó a sentarse con otras amigas. Luego vi a otra que también bailaba sola y me acerqué bailando, y esta vez utilicé la excusa de la ropa para entablar conversación. Le dije: "Hola, ¿sabes que vas muy bien conjuntada?". Me miró y ni me respondió. Dio media vuelta y se marchó con otra amiga. Pero antes le dijo algo al oído a la amiga, porque las dos me miraron... Lo dicho: no hay quien las entienda.  

Alma, Corazón, Vida

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